INSTRUCIONES

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lunes, 24 de julio de 2017

LUIS EDUARDO GUTIÉRREZ


Biografía Luis Eduardo Gutiérrez

Cada que hablaba con algún cantante o compositor de la música parrandera, y preguntaba por los bajistas que los habían acompañado o interpretado sus obras, todos decían:

—Yo trabajé con: Jesús Vanegas y Luis Eduardo Gutiérrez.

Ya tenía referencias de Don Jesús, pero no conocía plena­mente quién era Don Luis Eduardo Gutiérrez; hasta que un día me dijo Miguel Montoya "el Ratón":

—Yo lo llevo donde él.

Concretó la cita, y ese día estábamos los dos, tocando la puerta de una residencia sencilla, pero con una pulcritud que recuerda las viviendas de nuestros viejos abuelos; residencia donde uno adivina que es una casa de muchos nietos, y donde Don Eduar­do y su querida esposa —Doña Isaura Zapata Agudelo—, son los abuelos. En el fondo de la casa hay un gran solar, con sembra­dos varios, y en su zona derecha existe una pieza donde funciona un taller de ebanistería que tiene Don Eduardo, destinado a la reparación de todo tipo de instrumentos musicales de madera, pero de preferencia, instrumentos de cuerda.

Don Eduardo tiene la placidez y la amabilidad de nuestros abuelos; es un hombre que está convencido de que lo hecho en su vida, estuvo bien hecho; Don Eduardo cuando da su mano, tras­mite la calidez que brinda la amistad; es un hombre de una senci­llez insuperable, y al saludarlo da la sensación de que con él se tiene una antigua relación; con mucha razón, todos los músicos tienen de él la mejor opinión; y uno de ellos me decía y segura­mente sin equivocarse:

— ¡Ese señor es una personota!

Y cuando entablamos la conversación, esto me contó:

"Yo nací en Supía (Caldas) en 1921. Mi papá llamaba Ma­nuel Antonio Gutiérrez y mi mamá María del Carmen Ramírez; eran unos viejitos muy queridos, pero directamente del campo; yo nací en una casita de paja y bahareque, en una vereda llamada La Miel; en la casa fuimos 5 hermanos y 3 hermanas, de los cua­les yo era el tercero, 'el patojo'.

A mi papá le gustaba 'surrunguiar' el tiple, y mi abuelito arre­glaba instrumentos, también tocaba pero sólo a nivel de amigos y familiares, y todo dentro de la misma vereda; yo creo que a mí la música me llegó por herencia de ellos dos, y por eso cuando tenía 8 años me dio por fabricar un violincito, que lo hice de cualquier manera, pero lo hice; posteriormente una tía mía se murió y ella tenía un tiple, entonces me lo vendieron a mí por 50 centavos; me agarro yo a tocar ese tiple a toda hora, mi papá me enseñó algu­nos tonitos, y yo no podía ver que alguno estaba tocando, porque hay mismo estaba yo 'rendijiando' a ver cómo tocaba; y así me aprendí todos los tonos, viendo cómo ponían los dedos; incluso yo me sabía los tonos, pero ni siquiera sabía cómo se llamaban.

Un día estaba tocando mi tiple con unos amigos que tenían guitarras, y me dije:

—Qué bueno aprender a tocar guitarra.

Ellos me enseñaron el tono LA, y por ahí me fui yendo, hasta que también toqué guitarra; yo practicaba solo, en la vereda.

Mi papá me consiguió un requintico, que era parecido a un: tiple, pero chiquitico; éste tenía encordao de bandola y me puse aprender.... y también aprendí; o sea que en aquel tiempo, ya tocaba guitarra, tiple y bandola; pero yo todavía estaba muy chiquito.

En 1937, mi papá compra una finca en otra vereda que lla­ma La Torre, ya muy cercana al pueblo; yo trabajaba la agricultu­ra, pero 'surrunguiaba' el tiple por la noche, pues dos hermanos míos —Manuel Antonio y Carlos Emilio—, también aprendieron a tocar, y formamos un trío; era una especie de estudiantinita: guitarra, tiple y requinto; nos llamaban LOS HERMANOS GUTIÉRREZ y tocábamos gratis.... o de pronto nos daban cualquier peso, o dos.

En 1942 yo vine a pasiar y a conocer a Medellín, que me pareció muy bueno; y en el 44 nos vinimos mi hermano Antonio y yo, y aquí en Medellín comenzamos a luchar la vida; yo había aprendido un poco de carros, entonces reparábamos carros y con eso nos defendíamos; en ese entonces vivíamos por el barrio del Corazón de Jesús, y nos hicimos amigos de un señor Roberto, que tenía una grabadora, y a quien nos había recomendao un amigo de él—que era músico de Mascheroni—y nos había oído can­tar; Don Roberto nos hizo un acetato, grabamos dos canciones y nos cobró 10 pesos por el trabajo; ya nos podíamos oír nosotros y en ese tiempo Don Ciro Vega era el encargao de ciertos artistas para la R C. A. Víctor; yo le mostré el disco y nos dijo:

—Esto yo lo grabo, esto está muy bueno.

Pero por asuntos de política nacional, el disquito no se pudo grabar; entonces él nos envió donde Don Alfredo Diez, al edificio Roca; y a este señor también le gustó el disquito, que se llama INDIFERENTE:

Tú te muestras indiferente
con el ser que te ha querido
que no te ha dado motivo
para que pagues así su amor....

Éste salió, y en la etiqueta del disco aparecía LOS HER­MANOS GUTIÉRREZ; así que no grabamos en la Víctor, pero estuvimos en las puertas de la Víctor.

Don Alfredo montó una nueva empresa a la que llamó Zeida, que no es otra cosa que A. Diez, pero al revés; él nos llamó y nosotros le grabamos una canción que cantaba un tiplero de la vereda, a dúo con mi papá; ¡esa canción qué se iba a conocer!... entonces nosotros la pusimos HASTÍO y la grabamos con el re­verso de DOLOR PROFUNDO:

Mañana cuando las flores
 saluden al nuevo día,
las aves con su armonía
 te vengan a despertar....

Este fue el primer disco que nosotros hicimos para Zeida, y fue el primer disco que sacó Zeida.

ME VOY LEJOS, era una canción muy antigua que inter­pretaban LAS HERMANAS PADILLA; Don Alfredo la quería grabar, pero Don Antonio Botero, el de Sonolux, también lo que­ría hacer; entonces hicieron una apuesta a ver quién la conseguía primero; le preguntaron a todos los duetos de Medellín y ninguno conocía ese número; y nosotros cantábamos eso desde que está­bamos en la finca. Un día me dice Don Antonio Botero:

—Hombe, ¿ustedes no saben una canción que dice?:

Me voy lejos pero siempre recordándote....?

—De pronto la tenemos Don Antonio, yo hablo con mi hermano.

Voy donde mi hermano —claro que nosotros no sabíamos lo de la apuesta— y le comento:

—Don Antonio quiere que le grabemos ME VOY LEJOS, esa que te parece a vos tan 'guasca'.

Al otro día, nos la grabaron inmediatamente en La Voz de Medellín.

—Don Antonio, ¿y cuál es el reverso? —Pónganle lo que ustedes quieran.

¡Claro!, a él no le interesaba sino ME VOY LEJOS; y le pusimos de reverso LA TRAICIONERA, canción que pertene­cía a uno de nuestros hermanos menores. Ese ME VOY LEJOS ¡fue un 'garrote'; eso se vendió por todas partes y ya nos llamábamos LOS TROVADORES DE LA VEGA, pues éramos de la Vega de Supía. Entonces un día nos manda a llamar Don Alfredo; fuimos los dos y cuando llegamos al ascensor del edificio, él venía detrás y se subió al ascensor con nosotros; él siempre nos trataba como LOS LUISES, y dice:

—Estos LUISES güevones.

 — ¿Qué le pasó Don Alfredo?

-¿Cómo se les ocurre llevarle ME VOY LEJOS a Don Antonio Botero?

— ¡Ah!, él nos llamó y nos dijo que si teníamos eso.
—Hombe, ¿y por qué no me lo mostraron a mí?
—Pues porque usté nunca nos dijo nada.

Entonces ahí nos contó, sobre la famosa apuesta que tenían; y nos hizo firmar un contrato por un año, que ahí fue cuando gra­bamos LÁGRIMAS LLORO.

Posteriormente hicimos exclusividad con discos Fuentes, hasta que mi hermano decide irse a vivir a los Estados Unidos; entonces yo le enseño a cantar a mi señora, y hago un dueto con mi señora llamado LAS AMERICAS; y ¿por qué LAS AMERICAS?, pues porque tenía cierta similitud con las voces del CONJUNTO AMERICA; y el primer tema que grabamos fue CORAZÓN DESTROZADO, en el sello Ondina.

En cierta oportunidad se le dañó un bajo al difunto Edmundo Arias; como yo he reparado instrumentos, entonces yo se lo arreglé; me lo dejó un poco de días en mi casa, y yo viendo ese bajo ahí, me puse a practicar.... y así fue como me convertí en bajista.

En el almacén de discos de Don Otoniel Cardona, yo conocí a: José Bedoya, Neftalí Álvarez, Agustín Bedoya y otros; nos hicimos amigos y me llamaron para que fuera el bajista del con­junto que ellos tenían; recuerdo que el primer disco que les acom­pañé fue en un contrabajo de esos grandes de tres cuerdas; yo les acompañé con el bajo muchísimos números, pero no recuerdo los nombre de ellos; a LOS RELICARIOS también les acompa­ñé bastante.

José A. Bedoya siempre fue un hombre muy formal, muy amable, muy sencillo y nunca demostraba superioridad en nada; como guitarrista ¡era un puntero muy sabroso!; José A. siempre puntiaba sus números.... y algunos de Agustín.

No es que yo fuera una figura; pero en aquel tiempo la gente me tenía confianza y por eso casi todos me llamaban para que los acompañara en el bajo.

Jaime Rincón había escogido pa' Ondina, un tema que can­taban unos muchachos de Itagüí, y que precisamente se llamaban LOS DIABLOS; y me dicen:

—Luis Eduardo, hoy vamos a grabar.

Comenzamos la grabación a las 8 de la noche, y llegaron 1, las 2 y las 3, y nosotros sin poder hacer ese disco; pues estos muchachos eran muy desmedidos, ignoraban la medida; entonces JAIME se aburrió y se iba a ir, pero yo le dije:

—No hombre, no te podes ir, ese número está muy comercial.

Entonces yo cogí a estos muchachos y los preparé en un rato, y le dije a Jaime:

—Arranque pues a ver.

Y efectivamente eso salió como un tiro, y fue el 'garrotazo' del año; nada menos que EL DIABLO, que se vendió en todo el mundo.

Yo era muy famoso tocando el bajo; cuando Rómulo Caicedo llegó de Bogotá, yo fui el primero que lo acompañó. No grabé con la orquesta de Edmundo Arias, pero él me buscaba mucho para trabajos particulares; lo que pasa es que ya casi no me acuer­do de eso.

Yo fui bajista de Olimpo Cárdenas en las grabaciones de Sonolux, y también acompañé a Julio Jaramillo; yo tenía un con­trato con Sonolux, de exclusividad, para tocar instrumentos: gui­tarra, bandola, bajo, tiple, en fin.... y entonces casi que acompa­ñaba a todo el que venía de otra parte; es que yo trabajé 17 años allá escogiendo música y encargao de la supervisión de grabacio­nes; yo era quien decía:

— Este disco está bien, o, vamos a repetir tal parte.

Yo no voy a hablar de las disqueras, porque no me consta, pero siempre se hablaba de que nunca liquidaban lo que se ven­día; lo que sí es cierto, es que de pronto una canción se oía por todas partes, y cuando le liquidaban a uno, como que se había oído un poquitico menos.

Para grabar, a uno le agradan más los compañeros que tie­nen ritmo, y tienen buena medida; por ejemplo, uno grabar con una cantante como María Alba, es muy difícil, porque es una vocalista muy desmedida.

Yo he compuesto algo de música, pero no hago letras; por ejemplo, cuando teníamos la estudiantina Luis Eduardo Gutiérrez, lo primero que grabamos fueron dos instrumentales míos, llamados AMANECIENDO y ESMERALDA.

El ambiente musical de Medellín en los años 50's era una belleza, eso era una locura; y en ese tiempo la música de carrilera cogió mucha fuerza.
Grabar con el conjunto de José A. Bedoya, era un dicha, todos muy medidos, y ahí no había ninguna dificultad; incluso gra­bábamos 3, 4 ó 5 números en un rato y eso era una maravilla; le cuento que José nunca se atravesaba y en el punteo era muy per­fecto; ¡ahora esos acompañantes!, él los mantenía 'al pelo', me­jor dicho.

En SAYCO siempre le liquidan a uno algunos pesitos ahi; siempre le dan a uno cualquier cosita.

Además de mi persona —como bajista—, en la música parrandera, también estaba Don Jesús Vanegas; claro que él es posterior a mí, y tenía un guitarrón grande que yo había arreglado para bajo, y él me lo había comprao.

En el tiempo grande de la música parrandera, fuera de José A. Bedoya, también puntiaban sabroso Arcesio Salazar y Miguel Ángel Nova.

Todos los discos que grabó Luis Carlos Jaramillo fueron conmigo en el bajo.... pues cuñao mío que era. En ese tiempo el conjunto se llamaba LOS FIESTEROS y en él estaban: Carlos Trejos con la trompeta, el difunto Ramón Paniagua, y también Alejandro Sarrazola en la guacharaca y la animación.

¿Usted se acuerda de un bandido que se llamaba Caryl Chessman?, ¿un bandido que fue muy famoso?; pues nosotros —mi esposa y yo, el dueto LAS AMERICAS—, grabamos EL CORRIDO DE CARYL CHESSMAN, y eso fue un 'palo' muy tremendo, con música mía y letra de Alfonso Muriel, quien llegó un día a mi casa y me dijo:

—Hombe Luis Eduardo, ponele música a esto, que tenemos que grabarlo mañana, o pasado mañana a más tardar.

Caryl Chessman el hombre sentenciado
a morir en la cámara de gas...,

Yo conozco todas las notas de 'pe' a 'peapa', pero no me considero un lector.

Toco: tiple, guitarra, bandola, requinto, bajo, guitarrón, vi­huela, y a todo le hago un poquito; en este momento estoy de­dicado al guitarrón, instrumento que toco en el mariachi Mazatlán.
ALMA NEGRA, bolero que interpreta Gabriel Raymon, es con arreglos míos; pero además de arreglos musicales, yo tam­bién arreglo guitarras, guitarrones, etc. y estoy a la orden pa' todo el que quiera venir.

Mi esposa es compositora de una canción parrandera que se llama LA NOVIA EXIGENTE, y que está grabada en discos Victoria, cantando ella con Albeiro Abreu:

Ayer le dije a mi novia ya nos podemos casar,
¿qué'speramos en la vida? nos debemos de juntar,
y escuche mi gran amigo lo que le voy a contar,
pues yo soy muy jornalero y me hizo desinflar.

Y la novia responde:

Yo si me caso contigo y es con una condición
con buen techo pa' mi abrigo, que tengas carro y avión,
 la casa bien amoblada, radiola y televisor....

Yo estoy en la música desde 1949 y tengo muchas cosas para contar; nosotros como dueto LAS AMERICAS tenemos muchísimas grabaciones, porque durante largos años fuimos ex­clusivos de: Fuentes, Codiscos y Sonolux.... y fuera de lo que grabamos aparte. En este momento nosotros tenemos una can­ción inédita muy bonita, con música mía y que se llama LA PA­LOMA DE LA PAZ; no ha habido quién la grabe, pero es alusiva a lo que está sucediendo en nuestro país,

Hablando de la paz hacen la guerra
los hermanos que mandan en la tierra,
se olvidan que dando se recibe
y éste es el mal que ahora se percibe....".

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