INSTRUCIONES

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lunes, 24 de julio de 2017

GILDARDO MONTOYA



Biografía de Gildardo Montoya

Siempre pensé que este sencillo recuento sobre la música parrandera, debía contar la historia de uno de los grandes en este tipo de canción: Gildardo Montoya.

Este cantante, músico y sobre todo compositor, ya práctica­mente entró en la leyenda, pues además de hacer nuestra más cercana música bailable, antioqueña y guitarrera, también hacía composiciones para combos, para orquestas, y tal vez ha sido de los únicos paisas muchas veces interpretado por los cantantes y acordeoneros vallenatos. Dicen quienes lo conocieron, que Gildardo era el hombre del chiste a flor de labio, era el amigo, el animador de las reuniones, el hombre que con solo escuchar una frase, inmediatamente hacía una canción; y lo que sí es reconocido por unanimidad, es que a pesar de su corta existencia, está entre los grandes de la música parrandera; y otras músicas tambien se engrandecieron con su creatividad, ya que canciones como LA PLEGARIA VALLENATA se han convertido en himnos.

Para que nos informara sobre la vida de este gran compositor parrandero, me puse en contacto con el poeta, declamador y musicólogo Darío Montoya —hermano de Gildardo—, y cono­cido ampliamente en el hábito farandulero de la ciudad como Óscar Sutero.

Darío —amablemente— esto manifestó:

"Gildardo Montoya nació en el corregimiento de Palermo, municipio deTámesis, el 1 de febrero de 1940; fue bautizado por su propio tío, hermano de mi mamá, que era a la sazón, párroco de Palermo, Francisco Ortiz Echeverry, fallecido el 20 de junio de 1958, acá en Medellín. La parroquia de La Candelaria de esta ciudad, tiene hoy en día al párroco Armando Santamaría Ortiz, Monseñor, que es sobrino del padre Francisco Ortiz, o sea quo es primo hermano de nosotros; muy querido el padre Armando, pero siempre nos combatió la forma de ser, y siempre combatió a Gildardo, porque Gildardo era acérrimo seguidor de Vargas Vila —José María Vargas Vila Bonilla.

Nuestro padre se llamaba Jesús Montoya, y nuestra madre
Julia Flórez; los hermanos: Iván, Guillermo, Jaime, Francisco, Fabiola, Olga y Nelly; de los cuales el mayor era Jaime, seguían Guillermo, Fabiola, Olga y después Gildardo.  

El abuelito nuestro —papá de mi mamá— era músico, Don Manuel Ortiz, de Jericó, que tocaba tiple y fabricaba instrumen­tos para la venta; claro que era músico casero y para los amigos, no fue profesional; ¡ah!, mi mamá también tocaba tiple, pero nin­guno de ellos cantaba; la vena artística de Gildardo, pudo haber sido un legado de Manuel Ortiz, el papá de mi mamá, y también de Julia Ortiz que tocaba tiple, tenía una redacción impecable y una caligrafía muy hermosa; escribía tan lindo mi mamá, que a Iván—mi hermano—, lo sacó del ejército una carta que mi mamá envió al Coronel Valencia Farides; a mi hermano Guillermo lo colocó en una empresa textil de Medellín, otra carta de mi mamá, esta vez enviada al Gerente.

Gildardo fue un tipo campesino nato, trabajó cogiendo café, en una finca de unos primos en Fredonia, en el corregimiento de Marsella; de Marsella, Gildardo pasa a Medellín y viene a vivir al barrio Aranjuez, y allá se hospeda en la casa donde actualmente yo vivo, que hay que agacharse para poder entrar; en ese tiempo en la casa vivía toda la familia, pero Gildardo —como era po­bre—, era el único que estaba lejos; y en el campo mi hermano le cogió amor a la música ranchera, le gustaba Miguel Aceves Mejía, David Zaizar, Jorge Negrete, Pedro Infante y toda esa gama de artistas que han dado lustre al cancionero azteca, y sobre todo era admirador acérrimo de José Alfredo Jiménez, y decía:

—Este tipo, ¿cómo hará pa' componer tanta música hombe?, ¡qué cabeza!

Incluso cuando murió José Alfredo, que Gildardo ya era com­positor, le hizo un tema que se llama LUTO MEJICANO, lo can­taba él acompañado por un mariachi, y fue grabado para Codiscos.

Cuando Gildardo está en Medellín, existía en el barrio el teatro Aranjuez, y allí estaban bien delimitadas las dos categorías de entrada, la luneta y la galería; Gildardo era huésped casi diario de la galería, era huésped de honor, pues no se perdía película mejicana o de pistoleros.... pero siempre en galería; entonces como le gustaba tanto el cine, se vio en la imperiosa necesidad de traba­jar, y se consigue un puesto como carnicero en la antigua plaza de mercado de Medellín. Una vez en el teatro Aranjuez sucedió lo siguiente:

Gildardo —a pesar de todo— era un poquito timorato y le daba un poco de pena cuando entraba a galería, pues era común denominador que el que entraba a galería, era porque no tenía plata; cuando apagaron las luces, Gildardo aprovechó y se entró a la sala, pero con tan mala suerte, que cuando iba por el pasillo, volvieron a encender las lámparas; entonces Gildardo corrió y se colocó contra la orilla de la pared para que la gente de luneta no lo viera; y había un 'pato', Óscar Álvarez, que le dice a mi hermano —a quien llamábamos 'Chonto' porque era el portero en los partidos de fútbol callejeros, y además muy admirador de Julio Gaviria 'Chonto':

— ¡'Chonto'!, no te escondas que ya te vimos; ¡Gildardo! ya te vimos, estás en galería.

Y toda la gente soltó la carcajada.

Gildardo entonces se colocó en la Plaza de Mercado, ayu­dando a un señor Octavio Arenas, y a Daniel Ramírez; cuando uno entraba a la Plaza, escuchaba una voz que retumbaba:

— ¡Carne, carne, carne, carne, carne, carne!

Esa era la voz de Gildardo Montoya, vendiendo huesos y vendiendo tocino.

Él empezó con la música mejicana, pues era aficionado a todos los cantantes rancheros de ese país; y recuerdo que Radio Visión, hacía un programa que dirigía un señor Juan Eugenio Ca­ñavera —que fue esposo de María Luisa Landín—, y Gildardo actuaba en ese programa, como aficionado y cantando canciones de José Alfredo Jiménez. También había un programa en Radio Sinfonía, cuyo director era Ciro Alvaro Vega, y tenía como ase­sor a un locutor llamado Fabio Manzano Martínez; el menciona­do programa se llamaba DESCUBRIENDO ESTRELLAS y allí también cantó Gildardo con el dueto Álvarez Acosta, pero no cantando mejicanas, sino música parranderita del tipo de Guillermo Buitrago, Julio Erazo y otros; ese día ganó el concurso una mu­chacha llamada Flor del Valle y cuyo nombre de pila es Shirley Rincón Rincón, y el segundo puesto lo ocupó Gildardo con los hermanos Álvarez Acosta; el jurado estaba compuesto por el pe­riodista Carlos Serna, la soprano Alba del Castillo, y Arturo Restrepo dueño de Almacén Discoteca; Gildardo llegó a la casa con cierta verraquera y comentaba:

— ¿Cómo es que esta vieja Alba del Castillo, siendo tan amiga de nosotros, le da el triunfo a esa muchacha Rincón hombe?.., siendo tan amiga de nosotros.

El era muy sentido y no le gustó el segundo lugar; entonces le cargó el dolor al jurado, y como él no conocía a los dos señores, pero a Alba sí —pues vivía en Aranjuez—, entonces la empren­dió contra la soprano.

El primer disco que graba Gildardo se llamó LOS REYES MAGOS y AGUINALDO AL ESCONDIDO, hecho para discos Fuentes; y yo me acuerdo que ese día se fue con un sombre­ro chiquito, porque es muy bueno acotar algo, Gildardo era un tipo demasiado pobre, pero nosotros teníamos un hermano — Iván—, que fue muy buen trabajador y vestía muy bien; entonces Gildardo para ir a grabar, se ponía la camisa de Iván, ¡y hasta los pantalones de Iván!, y cogía un maletincito y un acordeón viejo —que se lo ganó en una rifa que hicieron allá entre los carniceros—, y se iba a las grabaciones, pero con la ropa de Iván.

El día que Gildardo se ganó ese acordeón, se acabó la paz en la casa, porque todas las noches era con un solo 'sonsonete', y con este disquito:

Si te vas conmigo no te cuesta na
si te vas conmigo....

Y agachaba la cabeza contra el acordeón, no dejaba dormir, 3, 4 de la mañana con el mismo tonito; llamaba el patrón a las 7:

—Doña Julia, ¿Gildardo no va a venir a trabajar?

Y Gildardo le decía a mi mamá:

—Diga que yo estoy enfermo.
Pero era para poder tocar el acordeón; y mantenía un lapicito y un cuaderno viejo Norma, y ahí fue cuando empezó a sacar letricas, tenía un ortografía malita, era mal calígrafo, y comenzó a hacer musiquita; en ese momento él empieza a escuchar a José Bedoya, a José Muñoz y se centralizó en lo paisa; las dos prime­ras composiciones que hace, fueron también las dos grabaciones que realizó en Fuentes y que ya mencionamos; recuerdo que en estas grabaciones lo acompañó un conjunto llamado LOS CIENAGUEROS, formado por Gilberto López, Lucha López quien llamaba Lucía López de Garzón y otros músicos; este tema que grabó Gildardo no salió al mercado sino a los 10 años de haber sido grabado, y no se explica uno qué pudo haber pasado ahí.

Posteriormente Gildardo graba en Ondina, con el apoyo do un señor llamado Rafael Acosta (fallecido el 19 de noviembre do 1974 en un accidente de tránsito aquí en Medellín); en ese tiempo también existía en la ciudad un sello llamado R.C.U. (Rodrigo Cardona Urán era su propietario); este señor Cardona era her­mano de Otoniel Cardona, un señor gordote, dueño de discos Victoria, de un corazón un poco regular, pero que ha sido de los pioneros de la música aquí en Medellín, con todo y sus cosas. La 'ñaña' de Don Otoniel era Gildardo Montoya, incluso le ofreció la dirección artística de su empresa, pero Gildardo no aceptó porque la tenía en Codiscos; la música de Gildardo cuando se grabó en Codiscos, no tenía mucho auge, ni mucha salida, porque allá nunca ha habido buenos promotores; y me perdona que sea así un poquito derecho, pero la gente que ha trabajado en Codiscos, después de muerto Gildardo Montoya, conocen de todo menos de música —tal vez de vallenato sí sepan—; la mejor música de Gildardo está en Codiscos, EL QUE LE DIJO, EL ALUMBRADO, EL DISFRAZ DEL DIABLO, TÓCAME LA BOCINA, BUENO ES CULANTRO, EL AJEDREZ, LAS CU­ÑAS COMERCIALES, LA CANDIDATA, LA YEGUA CHEVERONA y muchas cositas, pero allá no hay quien ponga a trabajar esa música, porque son tipos que en lugar de talento, tienen es manteca en la cabeza.

Entonces Gildardo grabó para Ondina, R.C.U., Clarín, y más que todo en este sello fue donde grabó las cumbias, CUMBIA DEL PUERTO, LA MARGARITA, LA SILBADORA, acom­pañado de su acordeón, las guitarras de Joaquín Bedoya, Neftalí Alvarez y los tambores de Jairo Gómez; también Gildardo grabó en Metrópoli de un señor Galeano —mentirosito el señor éste, pues mete unas mentiras de aquí a Barranquilla, actualmente dueño de Americana de Discos, Guillermo Galeano Bustamante, que también le colaboró mucho a Gildardo para que tocara sus cumbias.

LA MATECAÑA es una cumbia que Gildardo hace con motivo de las fiestas de la caña de azúcar de Cali, pues él quería mucho a Cali; GRITO CALEÑO es un tema que lo canta Juan Piña; LA CALEÑA lo toca Fabio Páramo y un señor Gabriel Mesa; KALAMARÍ es una cumbia de Gildardo a la que le cam­biaron el nombre por LUCERITO; pero Gildardo para tocar el acordeón era muy bueno, ¡tremendo acordeonero!

Aquí había un acordeonero que le dio la mano a Gildardo y lo admiraba mucho, pues decía que Gildardo era el mejor acordeonero que tenía Antioquia; era un músico llamado Lucho Campillo, monteriano, acordeonero bueno, que estuvo en Méjico y conoció mucho a Gildardo Montoya.... y le dio muchas clases.

En una cumbia que se llama EL TAMBORCITO, que es de Gildardo:

Tamborcito soná, soná....

Aparece como compositor José Muñoz, pero resulta que José Muñoz es el que hace los coros, con su esposa Doña Nora Vásquez; incluso a esta señora no le gustaba que José anduviera con Gildardo, porque siempre llegaban borrachos los dos:

— ¡Ahí venís con ese borracho vos, no!

Ya después Gildardo comienza por lo alto, pues él mismo organiza sus propios grupos, ya se le respetaba y era solicitado por varias casas disqueras; en 1972 es nombrado director artísti­co de Codiscos, cuando el Gerente era Don Alvaro Arango que se asesoraba en Don Rafael Mejía; entonces Gildardo era quien decía qué se grababa y qué no se grababa; pero como ya estaba sobrado como compositor, ya enviaba obras para Victoria y le decía a Joaquín Bedoya:

—Hombe, esos númeritos son míos, pero que aparezcan como de ustedes.

Caso tal, EL CORBATA GASTADOR, EL CACIQUE MOCORONGO, AÑO VIEJO MALICIOSO, TE CASASTE TOÑO, EL ARRUINAO, que aparecen como de varios com­positores, pero el autor de todo eso es Gildardo Montoya.

Después Gildardo se mete a componer para orquestas de alto vuelo; estaban los grupos venezolanos metidos en el interior del país, azotando a Colombia con su música, Emir Boscán, LOS MELÓDICOS, Pastor López, LA BILLO' S, Nelson Henríquez, entonces en Codiscos dijeron:
—Vamos a sacar un combo, que se va a llamar EL COM­BO DE LAS ESTRELLAS.

Llamaron a Jairo Mercado —Jairo Paternina—, Humberto Muriel, Fernando Mesa, Alvaro Velásquez, Reynaldo Carreño y al arreglista Enrique Aguilar, entre otros; ahí es cuando se impone Gildardo Montoya con composiciones como PIEL DE LUNA, LA BONITA SOLEDAD, MARÍA PUÑALES, LA GALLINA CLUECA, la letra del baión CHILÍ, LA TROMPETICA; y por LOS GRADUADOS: VIEJO PESEBRE, QUE ME COMA EL CHUCHO, EL GUAPO ESTÁ MUERTO, LA PELEA DEL SIGLO, LOS CULEBREROS, LA BOLITA, EL HORÓSCO­PO, una cantidad de temas autoría de Gildardo y arreglos do Enrique Aguilar.

De los últimos números que compuso Gildardo fue PLEGA­RIA VALLENATA, en 1976; y a él no le tocó el éxito de su disco, pues éste empezó a sonar como en septiembre y Gildardo murió en noviembre.... y mucho menos las regalías.

La última composición que hizo Gildardo (LA JUVENTUD), que la dejó gra­bada en un casete, fue completada por Joaquín Bedoya, quien además le hizo un arreglito y por eso aparecen los dos como compositores; cuando ésta se grabó no fue escuchada por Gildardo, pues ya había fallecido:

No hay nada que valga más plata que la juventud
 aquellos tiempos de niño ya más nunca vuelven....

Y el último número que grabó fue ENTRE CALI Y MEDELLÍN, de Arturo Ruiz del Castillo, acompañado del GRUPO VENEZUELA; porque Gildardo compuso y arregló también en discos Victoria; allí formó un grupo que le hizo contrapeso a EL COMBO DE LAS ESTRELLAS de Codiscos, fundado con el apoyo de Don Otoniel Cardona, EL GRUPO VENEZUELA; de esta orquesta se grabaron dos elepés, CON SABOR GITANO y EL BARRILITO, cantando Gildardo Montoya, en temas como BORRACHERA de Lucho Bermúdez:

Borrachera, borrachera, borrachera,
tú eres la causa de mi pelea....

Con este grupo también grabó LA CHICA DE LA BOUTIQUE.

Luego viene la amistad de Gildardo Montoya con Nelson Henríquez, quien se llevaba letras de Gildardo para Venezuela, era el número uno en admiradores de mi hermano, y decía:
— ¡Qué 'verraco' pa' componer bueno!

Nelson Henríquez supo de la muerte de Gildardo a los 5 días.... y se puso a llorar a 'moco tendido'; Henríquez le grabó AMÁRRATE LA CINTA:

Ahora que te vayas de mí
recuerda que muy triste me quedo
para que no te olvides de mí
amárrate la cinta en el dedo....

Eso es de Gildardo, pero Nelson también le grabó, EL GUA­YABO, ESTAMOS EN NADA, RECUERDO TRISTE, QUÉ Y QUÉ, EL PAISA, y otros números; entonces Henríquez se vino para Medellín a conocer a Gildardo Montoya; y cuando venía a grabar, amanecía y comía en la casa de Gildardo, le cargó los hijos a Gildardo —Johnny, Wilmar y Nina—, ellos eran com­padres, y Nelson lo decía en una entrevista:

—Para mi no hay compositor como Gildardo Montoya; este hombre es muy versátil y además le compone a uno un número en 20 minutos.

Después a la vida de Gildardo llegan los músicos costeños, Daniel Celedón, Ismael Rudas que le grabó un tema llamado LAS MEMORIAS DE IMELDA y por el reverso EL GUAYABO; después le grabaron LOS BETOS (VILLA y ZABALETA) un tema que llama LA VERRAQUERA; Calixto Ochoa venía a Medellín y se iba para la casa de Gildardo, a quien le grabó EL INDIO MAPUCHI; Enrique Díaz le grabó 10 temas a Gildardo Montoya, LA MARIPOSA NEGRA, CONCIENCIA NEGRA, LA MUERTE A CABALLO y otros; Alejandro Duran le grabó LA PLEGARIA VALLENATA, antes de que la grabara Jairo Paternina, lo que sucedió es que con este tema no pasó nada, hasta que lo grabó EL COMBO DE LAS ESTRELLAS, cuando se convirtió en el 'palo' del 76.

Existía en Bogotá una revista llamada Antena, manejada por una escritora Margot Ricci, que es un poco mordaz y atrevida en su forma; y en un comentario decía:

—El gusto de los antioqueños es un poco 'lobo' —malo—; pues cómo le parece que el compositor que más discos vende en Colombia, del 73 en adelante, es Gildardo Montoya, un paisa nacido en una vereda.

Apareció un señor llamado José Mercurio —que escribía para El Tiempo—y le hizo una entrevista a Gildardo Montoya. Fernando González Pacheco lo llamó para un programa llamado CITA CON PACHECO y Gildardo no quiso ir, ¿por qué no quiso ir?; no por orgulloso, sino que Gildardo no tenía facilidad de expresión, era un poquito cicatero para hablar, so pena de cometer algún error, y no le gustaba ir a eso, porque de pronto 'metía la pata'; a Gildardo lo llamó Elkin Mesa alprograma GRAN ANGULAR, y tampoco fue.

Yo recuerdo que Pacheco entrevistó a un compositor coste­ño llamado Isaac Villanueva —a nivel nacional—, y le hizo esta pregunta:

—Como compositor, ¿cómo le parece Gildardo Montoya?

Y Villanueva habló muy bien de Gildardo; Pacheco se le metió con el paisa, porque sólo estaba hablando de compositores costeños, Barros, Erazo, Galán, etc.

Gildardo fundó en 1964 un grupo llamado LOS RUM­BEROS, con un señor de nombre Amador Cano, con Francisco Zapata, otro Londoño, para grabar música en el sello Discos Co­lombia, propiedad de Pacho Tobón, y allá fue donde Gildardo grabó EL GATO DE AMPARO, EL CHOFER Y LOS BIZCOCHOS, un long play, y que fueron auténticos 'palos' en esa época; después se pone a tocar acordeón para demostrar sus habilidades, y ahí es cuando graba la cumbia BAHÍA SOLANO, hecha por el mismo tiempo de MARBELLA, cumbia de Pedro Ruiz —un señorazo amigo de Gildardo—; en este tiempo están muchas cumbias que Gildardo hizo para Discos Colombia, un tema que fue 'palo', MARÍA VICTORIA:

Yo no tengo nada pa' regalarte
en tu cumpleaños niña Victoria....

Gildardo grabó muchos porros y cumbias para Discos Co­lombia y Metrópoli.

Gildardo no gustaba del aguardiente pero sí tomaba ron, y fumaba un cigarrillo que llamaba Kent; tenía una forma muy cu­riosa de encender los cigarrillos, pues no ofrecía para todo el mundo, sino que a cada cual le pasaba su cigarrillo, y para com­plementar.... no daba candela.

Gildardo era un poco pedante como compositor; él tenía un modo de hablar tocándose la mejilla izquierda, y decía:

—José Barros es una lumbrera, pero yo tampoco me le que­do atrás.

Una vez delante de Jairo Paternina, yo le dije:
 —Gildardo, no diga eso, que eso es muy maluco.

Entonces Paternina aseveró:

 —Déjelo que hable, que tiene toda la razón.

Yo soy poeta profesional —a pesar de que no he escrito libros—, pero colaboré mucho en programas de radio y publiqué mucho en el periódico El Colombiano; digo los poemas que escribo yo y admiro mucho a Julio Flórez; era 25 de noviembre, y estaba sacando unos poemitas, cuando tocaron a la puerta de la casa y nos dijeron:

—Un hermano de ustedes se accidentó en el centro.

La noticia nos la llevó un tipo que hoy en día es un médico, Andrés Raigoza; el poema que yo estaba haciendo, se llamaba SONETO A LA NOSTALGIA, y lo dejé sin terminar; todos salimos de inmediato para urgencias, y cuando yo llegué a ese sitio.... ya Gildardo estaba en los estertores finales y sólo me tocó verlo morir.

El accidente en que murió Gildardo fue aquí cerca, en la calle 30 con la 76, barrio Belén; una muchacha llamada Doña Gloria, que conducía un carrito particular, se atravesó, no marcó parada y Gildardo venía en una moto que le había comprado Jairo Paternina—350 Honda—; venía con Darío Valenzuela a las 3:30 de la tarde; ellos quedaron inconscientes sobre el piso, la policía no permitió que los tocara nadie y sólo los llevaron a urgencias cuando vinieron a levantar la moto, o sea que penó ahí como hora y media, pues él murió a las 5:30, jueves 25 de no­viembre de 1976; la señora que conducía el carro era esposa de un profesional, y con base a eso fue que no pagó mucho; y ella como que cuando escucha la música de él, dice todavía:

—Yo maté a ese muchacho.... y fue culpa mía.

El entierro de Gildardo fue en Campos de Paz; eso parecía la llegada de la Vuelta a Colombia, no cabía la gente haciendo filas, vino gente de Barranquilla, Cali, de todo el país; recuerdo que un guardia de prisión dijo:

—Yo quiero conocerlo, ¡y si no lo destapan me tienen que enterrar con él!

Y lo mismo decía una viejita que había venido de El Peñol; y hubo necesidad de destapar el cadáver para que ellos lo vieran. A Gildardo lo enterraron con la mejor ropa que tenía, pues ese era un encargo que con anterioridad había hecho; en Campos de Paz eso fue apoteósico, dolorosa la cosa desde luego.... pero no cabía la gente. El titular del periódico El Tiempo, al otro día fue, MURIÓ EL ÚNICO PAISA QUE ESCRIBÍA VALLENATOS.

Gildardo con Evelio Marín —mucho tiempo atrás formó un dueto llamado LOS TROVADORES DEL QUINDÍO, que interpretaban y grabaron música guasca y ranchera, pero no ten­go noción de que haya incursionado en el bolero.

Alfredo Gutiérrez, le grabó a Gildardo un tema que se llama EL BESITO DE AÑO NUEVO, y otro.... LA GUERRILLE­RA.

Gildardo Montoya era muy querido en la costa Atlántica, ya que muchos músicos costeños grabaron sus temas; y el único acordeonero de respeto que tuvo Antioquia —para los coste­ños—, fue Gildardo Montoya".

***

Don José Muñoz me contaba esta anécdota sobre Gildardo Montoya:

En cierta oportunidad se fueron José A. Bedoya, Gildardo Montoya y José Muñoz, a visitar unos familiares de este último, que vivían en una vereda de Girardota llamada El Barro; ellos —entre amigos—, en ocasiones se trataban de hijueputa.... este hijueputa.... este malparido; trato que José A Bedoya nunca acep­tó. Ese día una de las quebradas que permitía el paso hacía la vereda, estaba crecida, y para cruzar al otro lado, había que ha­cerlo sobre un tronco que estaba puesto de orilla a orilla; pasó Gildardo, luego pasó José Muñoz, y José A. un poco medroso, no se animaba a pasar, y ellos le decían:

— ¡Pasa pues José, pasa!

Y nada que pasaba; y le repetían:

— ¡Pasa pues José, pasa!

Y no pasaba; entonces se le ocurrió a Gildardo decirle:

— ¡Pasa pues gran hijueputa!


 Y ahí mismo pasó todo verraco.

DARIO MONTOYA


Biografía de Dario Montoya

Darío Montoya ha sido un personaje polifacético: poeta, de­clamador, hombre de radio, musicólogo, cantante, bohemio, ami­go y hermano de una leyenda llamada Gildardo Montoya.

Darío tiene una memoria prodigiosa, y cuando de música bailable antigua se trata, este hombre saca todo su repertorio, y a uno sólo le queda sentarse a escucharlo; es muy hábil en cuanto a las fechas y ninguna se le olvida; además, cuanto informa lo sos­tiene, y tiene una cualidad —que para muchos es un defecto— y que posiblemente le ha acarreado problemas en su vida social y de radio: Darío Montoya es muy sincero; y si necesita decirle a usted algo que no le gusta, con seguridad que Darío se lo dice. Como crítico musical, este hombre a veces es duro, y nunca traga entero; como Vargas Vila, es maravilloso alabando, pero aterra­dor criticando.

Darío no hace alarde de su música, pero es un acérrimo de­fensor de la de su hermano muerto accidentalmente; y este hom­bre profesa veneración por Gildardo.

Poéticamente es conocido como Óscar Sutero, y cuando declama, sólo dice sus poemas, nunca los de otros; Darío es un bohemio que ama la vida y considero que es el hombre que más conoce la música parrandera en nuestro medio, y por eso sus opiniones en este trabajo, me parecen muy interesantes.

Cuando lo requerí, inmediatamente vino hasta mi casa, y ama­blemente esto me informó:

"Yo nací el 23 de agosto de 1945 en Támesis (Antioquia), en una vereda llamada Palermo, en el mismo sitio donde nació mi hermano Gildardo. Del pueblo me trajeron a los 5 años de edad, y cuando llegué a Medellín estudié en la escuela Lídice, con el maestro Camilo García, que era el profesor de música y solfeo; en la escuela había un patiecito, que cuando llovía se convertía en un barrizal inmenso; nos ponían a todos a cantar el Himno Nacio­nal, y Camilo salía y le acercaba el oído a la gente, y al que creía que tenía buena voz, le tocaba el hombro para que saliera adelan­te; a mí siempre me tocaba el hombro y me decía:

—Salga adelante.

Ananías Rodríguez fue uno de los profesores míos; después pase a la preparatoria Simón Rodríguez, que dirigía Don Antonio Valderrama y que también quedaba en el barrio Aranjuez, que era donde vivíamos.

Desde que yo estaba estudiando me dediqué a la poesía, me puse a hacer poemitas bonitos, corticos y como me quedaba mucho tiempo, enviaba carticas a las emisoras para participar en programas de radio; en ese tiempo mis poetas preferidos eran —y siguen siendo—: Julio Flórez, Rafael Pombo que me encan­ta, un poeta tolimense Diego Fallón, Ricardo Nieto el autor do LOS LIBROS, y algunos otros.

Yo empecé a componer mis poemas y a 'fregar', y recuerdo que mandaba trabajos para un programa que se llamaba SELEC­CIONES, de Octavio Tobón Latorre alias Tínguaro; yo cada 8 días me ganaba discos por concursar, y como Octavio era tan simpático, decía:

— ¡Ve!, los mismos de siempre; ¿será que a nosotros no nos ye nadie, o que?

Y cada 8 días nos daban unos discos de 78 RP.M. del sello Silver o Peerles; 'Tavito' de tanto verme, un día me dijo:

— ¿Vos es que no estudias hombe? —Yo sí estudio en la Lídice.

—Entonces, ¿por qué no me acompañas a La Voz de Antioquia a llevar estos libros y estos discos?

Ya me hice amigo de' Tavito', y entonces en la emisora me presentó a Jaime Trespalacios, a Montecristo y otros.

—Este pelao es el que me carga los libros a mí; manda car­tas a todos mis programas y cada 8 días gana discos.

Entonces 'Tavito' me dio margen para que yo escribiera en el programa de él, y como yo escribía poemitas más o menos bonitos, entonces me dije:

—Yo no voy a seguir escribiendo con el nombre de Darío Montoya, ni por el diablo; eso no llama la atención como poeta, Darío Montoya no dice nada.

Y me puse a pensar como dos horas en la casa....
                                                                                                             
      — ¡Óscar Sutero!, me voy a llamar Óscar Sutero.

Y me surgió así no más, no viene de ninguna parte, no fue copiado de nada y es un nombre musical y bonito.

Yo tenía permiso de 'Tavito' de traer poemas los martes y los jueves, y 'Tavito' los leía en su programa; pero uno de esos jueves me encontré a Don José Nicholls Vallejo en la puerta de la emisora, quien con su voz así como amanerada me dijo:

—Óscar, vení un momentico.

—A sus órdenes Don José.
— ¿Cierto que vos le traes poemas a 'Tavito' pa' que te los lea en el programa?; y ¿quién te dijo que 'Tavito' leía bien? , si ese hombre tiene una voz muy fea; ¿por qué no los lee usté mis­mo?, no sea bobito, yo que soy el dueño de la emisora le doy permiso.

Le dije a 'Tavito' y me contestó:

— ¡Ah!, entonces declámelos usté.

Y seguí declamando yo, y la gente decía:

— ¡Qué poemas tan lindos!, ¡qué poemas tan hermosos!

Ese programa lo tuve yo como 10 años, EL POEMA DE LA TARDE, por La Voz de las Américas.

En 1980 me inicié como compositor y la primera obra que yo hice se llama LA CANCIÓN DE LAS ESTRELLAS; ya había muerto Gildardo Montoya, y la gente me decía:

—Deje esos poemas y componga música hombe.

—Yo qué voy a saber de eso.

—Vea, haga de cuenta que es un poema, deje de hablar de estrellas, luceros y muchachas de ojos zarcos y hable de la vida cara y cosas así, y verá que puede pegar.

Yo entonces saqué LA CANCIÓN DE LAS ESTRELLAS, la grabé a palo seco y se la llevé a Miguel Ángel Nova, que era el director artístico de discos Victoria; yo creía que me la iban a grabar, pues yo era hermano de Gildardo Montoya, y además era poeta; yo en la casa les dije:

—Esto me lo graban, por la sombra de Gildardo.

Pero cuando Nova escuchó los tres primeros compases, se rió y me dijo:

— ¡Avemaria!... eso no sirve hombe.

 — ¿No está buena?

—Vea hombe, ¿sabe qué le aconsejo yo?, escuche más mú­sica de su hermano, póngale sabor, porque esto no sirve.
Yo salí de allá, y por el alma de mi madre, que yo no me puse a llorar en esa puerta de discos Victoria, porque me dio pena, pero en el bus de Guayabal, me vine llorando:

— ¡Qué fracaso tan 'verraco'!

Yo llegué a mi casa y me dice una hermana.

— ¡Qui'ubo!, ¿vos por qué venís llorando?

Le conté, y después pasé casi toda la noche en un silencio aterrador.... llorando en silencio:

— ¡Yo pa' qué me dedico a eso!

Pero a los poquitos días hable con Darío Valenzuela —aquel que tuvo el accidente con Gildardo—, quien me dijo:

— ¿Y no te la grabó?

 —No me la grabó.

—Traeme ese numerito yo lo miro.

Él era grabador en Codiscos y le llevé el número; en ese tiempo el director artístico de esta empresa era Luis Carlos Montoya, que es el arreglista del conjunto LOS ÉXITOS; y efec­tivamente a los 8 o 15 días me llamó Darío y me dijo:

—Te van a grabar el disquito; y ¿sabes quién te lo va a gra­bar?, un tipo que está cantando música parrandera muy buena y se llama Darío Gómez.

A los 5 días me volvió a llamar:

—Darío, se acaba de grabar tu tema.

— ¡Ah!, muy bueno hombe.

—Si querés venite hombe güevón pa' que lo escuchés aquí en la cinta.
Ahí mismo me fui y lo escuchamos en la voz de Darío Gómez:

Es un enjambre de estrellas
la Navidad en Colombia
porque sus noches tan bellas
lucen su traje de novia.

Entre cánticos y flores
se despide ya noviembre
y en un mar de mil colores
saluda el mes de diciembre.

Y como diciembre llega
vestido con trajes bellos
Colombia toda le entrega
la canción de las estrellas...

¿Y usté cree que yo dormí esa noche?; ¡no!, yo esa noche no dormí nada.
Tiempo después me fui para discos Fuentes, pues tenía otros temitas, y se los enseñé a un señor que llamaba Hernán Colorado Vallejo, director artístico; yo era Óscar Sutero, poeta, estaba metido en la radio, hermano de Gildardo Montoya, en fin, yo tenía gran cantidad de armas, y yo le llevé un tema que llama LA CANASTA FAMILIAR, y otros tres más:

La canasta, la canasta familiar
qué cosa tan horrible
mercar es imposible
me pienso suicidar....

Entonces me dice Hernán Colorado, que era un 'filipichín' muy adornadito, muy elegante, muy culto, muy aseñorado, un poco amanerado en su forma de caminar, pero un señorazo de tiempo completo, y que Dios lo tenga en la gloria:

—Ve Darío, de los cuatro temas yo te voy a grabar LA CA­NASTA FAMILIAR.

—Muy bien Don Hernán, pero escuche de una vez el cas­sette y me define ya mismo.

Al rato dio la orden de grabación y encargó a Luis Carlos Montoya para que los cantara, y de una vez al conjunto acompañante lo denominamos LOS VECINOS; hay empecé yo, y después grabé EL TRAVOLTA CAMPESINO pero ya sólo con guitarras, y otro fue BUSCANDO EL MARRANO. De ahí pasé a discos Victoria y discos Pueblo, grabando temas parranderitos que gustaban y que se hacían con el apoyo de La Voz de Las Américas; o sea, que yo como cantante, me inicio en 1980 con EL TRAVOLTA CAMPESINO; se me olvidaba decir que cuan­do me grabaron LA CANASTA FAMILIAR, EL BAILE DEL PINGÜINO, LA CONTRABANDISTA y TRISTE DICIEM­BRE, en Fuentes, por el grupo LOS VECINOS, el músico Fruko, me dijo a mí:

—Maestro, ¿y por qué no los canta usté mismo?

—Yo no sé cantar.

—Usté tiene buena voz, y aquí le ponemos los instrumentos.

Y yo no me sometí a eso, pero después me animé, y fue cuando grabé EL TRAVOLTA CAMPESINO.

Después hice para discos Victoria, LOS VELORIOS, DI­CIEMBRES QUE NO VUELVEN, EL PLIEGO DE PETICIO­NES, porque el estilo mío para componer es más bien social, más bien tirándole un poquitico al Gobierno, pues el Gobierno siempre ha sido malito; después hice EL DESPELOTE, y el último tema que grabé fue LA LEY 50, disco que ganó en Antioquia por encuestas de R.C.N., como mejor parrandero en ese año y sólo me disputaron el título dos temas llamados, COMO NO ES POR AY y LLEGARON LA PUTIÉRREZ; por esto, me dieron una placa en R.C.N. y otra en Todelar.

Después yo fui a grabar, y el señor Otoniel Cardona —dueño de discos Victoria—, le dio la orden a Miguel Ángel Nova, de que no me grabara a mí; que dizque porque yo estaba hablando muy mal de discos Victoria; claro que a mí después Nova me contó:

—Lo que pasa es que a ese señor le dijeron, que usté no había quedao contento con las regalías y que usté estaba hablan­do muy mal de la fábrica.

Yo siempre quede pensando que hubo alguna persona que intrigó, para que a mí no me volvieran a grabar.

Cuando salió el disco de LA LEY 50, Teleantioquia fue a mi casa con los reporteros del noticiero de las 7:30, me entrevista­ron, llevaron las cámaras, me colocaron con microondas con el Doctor Alvaro Uribe creador de la Ley 50, y pusieron mi disco; el Doctor Uribe se reía con las cosas que decía mi canción, y dijo:

—Lo que pasa es que Darío no entendió el mensaje que; quise dar con la Ley 50.
Y decía el periodista:

— ¿Usted qué dice respecto a las palabras del Doctor Uribe?

—Él tiene que defenderse, pero la Ley 50 es una bofetada para el obrero y para la clase trabajadora:

Hay señores tengan cuenta
dónde iremos a parar
ahora con la Ley 50
nos llevó el juicio final.

Ya los pobres parecemos
con la suerte del camello
pues parece que 'l Gobierno
nos puso la soga al cuello....

Eso fue una protesta muy buena y eso le llegó al pueblo; cómo sería que el Senador Omar Flórez me llamó a la casa y me dijo:

— ¡Qué Verraquera' hombe!, eso era lo que queríamos, que saliera un tema de esos.

Eso sonó por todas las emisoras, y fui a reclamar las rega­lías.... 100.000 pesos; no, no eran ni 100.000, eran 82.000 pe­sos; entonces cuando yo fui a firmar dije:

— ¿82.000 pesos?, ¡el disco que ganó en Antioquia como el mejor parrandero!; ¡hay carajo!, ¿no sería un poquito más?

Yo entonces supongo que esa vieja que me atendió, le dijo a Don Otoniel alguna cosa.

Pasó un año y no me grabaron nada, pasó otro año y tam­poco, y yo quería volver a grabar, entonces fui donde Miguel Nova —que es mi gran amigo— quien me manifestó:

—No Darío, Don Otoniel está cerrao en que no te graba a vos; velo, precisamente allá se está montando al carro, andá decile vos, a ver qué dice.

Yo fui hasta el automóvil, el estaba sentado en la parte de atrás.

—Don Otoniel, buenas tardes.

— ¿Qué más Don Darío?

—Vea, usted dice que yo hablé mal de la empresa, y yo nunca he hablado mal; ya me castigaron 94 y 95 que no me gra­baron, ¿usté por qué no me deja grabar dos temitas este año?

—Hablate con Miguel, que yo con eso no me entiendo nada.

Fui donde Miguel, y el carro todavía parado ahí.

—Miguel, que dizque es cuestión tuya.          
                 
—Don Otoniel, el hombre quiere grabar, dejémosle grabar.

— ¡No!, dejémosla cosa así y hablamos esta semana.

Ahí me di cuenta que no quería; después yo le decía a Miguel Nova:

— ¡Don Otoniel Cardona!, ¡al que 'l hermano mío le ayudó a conseguir plata con la música, y que era la 'ñaña' de él, que lo quería y lo adoraba!, ¿me hace esto a mí que soy el hermano?

Y le agregué a Nova:

— ¡Este señor no tiene corazón, y en lugar de corazón, tiene uu zapato viejo en el pecho!

Y busqué otras empresas, pero todas se habían puesto de acuerdo pa' no grabarme: ¿Codiscos?, ¿Fuentes?...

— Sí... ya hemos oído hablar de usted, pero no nos interesa
¡Así es la vida!

Gildardo y yo nunca nos apoyamos en la música de Buitrago, pues el estilo de nosotros es muy paisa y muy'cachaco'; admiro mucho a Buitrago, pero a mí personalmente, nunca se me ha ocu­rrido imitar a nadie.

Rómulo Caicedo, grabó un tema mío que titula LOS NI­ÑOS POBRES, que después lo grabó también EL COMBO NUTIBARA, cantando Alcides Díaz, y fui a reclamar las rega­lías.... 380 pesos; y eso que lo grabó Alcides Díaz.
LOS BLACK STARS me grabaron LA MARACUCHA y TRISTE RECUERDO, fui a reclamar las regalías.... nada, enton­ces yo me dije:

— ¡No sigo jodiendo con esto!

En la música parrandera ha habido muchos expositores del requinto, muchos punteros, pero para mí, son:

Manuel Suescun, puntero de Gildardo Montoya, fue uno de los mejores; Ricardo González, que es el que me acompaña a mí los discos, es muy bueno; Libardo Ramírez, llamado 'pistola'; Carlos Acevedo; Leonel Ospina, el mejor guitarrista que tuvo Antioquia en su tiempo; y José A. Bedoya, de los mejores punteros de la música parrandera.

Entre los grandes marcantes o acompañantes de punteros, uno que fue tremendo, Neftalí Álvarez; pero también Gildardo Zapata y otros.

En cuanto a bajistas en la música parrandera, el mejor fue Jesús Vanegas, pero también Miguel Ángel Nova y Luis Eduardo Gutiérrez.

Entre los bongoceros en la música de parranda, el que más se destacó fue Jairo Gómez, pero había otro que se llamaba Al­berto Valencia.

Cuando Alvaro Velásquez compuso EL PRESO, se lo llevó a Codiscos a Gildardo, cuando era director artístico:

—Gildardo, a ver si grabamos este numerito.

Gildardo tenía un sexto sentido musical; uno le llevaba tres números y le decía cuál iba a ser éxito.... y así sucedía.

—Hombe, este número debe llamarse EL PRESO; y las orquestas que hay aquí, Juan Pina, EL COMBO DE LAS ESTRE­LLAS, no son como pa' grabar ese número; mejor lleváselo a Fruko, que es especial para Fruko, ¡no se lo vas a dar a nadie, sino a Fruko y verás que te va a pegar el número!

Y preciso, fue un éxito el verraco.

Una cosa que's bueno acotar, es que aquí en Antioquia no se hace con ningún compositor, lo que se hace con Gildardo; y es que cada año, se le hace homenaje a través de 4 o 5 emisoras.
Pedro Jairo Garcés Liévano, guitarrista de LOS GOLDEN BOYS, murió un 12 de diciembre de 1972, asesinado después de una fiesta, por líos de faldasy tenía 30 años cuando lo mata­ron, pero era un músico muy bueno.

En Antioquia, el pionero de la música parrandera puede ser el 'Mono' González, pues la malicia no la sacó Gildardo, la mali­cia está en muchos números más adelante; EL CANTARITO Y PALO SEMBRAO tienen su doble sentido, y también MÁN­DEME AGUINALDO, y LOS TUMAQUEÑOS y Luis Carlos Jaramillo; pero Gildardo sí le puso más el acento y eso fue lo que gustó, porque a la gente que es morbosa, le gusta la picardía; pero entre los iniciadores de la música parrandera están: el 'Mono' González, Alfonso Pérez, Joaquín Acevedo, Antonio Posada, Carlos Enrique Muñoz, LOS TROVADORES DEL RECUER­DO, Manuel Flórez y Dídimo Ospina.

Yo publiqué en un tiempo en el periódico El Espectador, cuestiones de farándula, con la colaboración de Alvaro Monroy Acevedo, en una columna que llamaba ARTE Y ARTISTAS; publiqué para SUCESOS SENSACIONALES de Octavio Vásquez Uribe; publiqué para PANTALLA en 1965; también en EL CORREO de Medellín y en el suplemento literario de EL COLOMBIANO; y colaboro en algunas emisoras en comenta­rios de farándula. RADIO PAISA, NUTIBARA y RADIO Q, es decir, yo estoy todavía metido en la pomada.

Para yo volver a grabar, tiene que ser que me llamen, pues de lo contrario, ¡no!

Darío Gómez, sigue el estilo parrandero de mi Hermano Gildardo, y él me lo confesó llanamente, eso no es ningún misterio y el lo dice directamente.

LA HORA COSTEÑA, fue un programa que se hizo famo­so en la capital antioqueña, tendiente a divulgar la música de la costa norte de Colombia, con sus cultores y sus acordeoneros; este programa tuvo como locutor y perifoneador principal a Eduar­do Enrique Villalba Álvarez, oriundo de San Marcos y nacido el 26 de abril de 1925; él se asesoraba de los locutores: Jaime García Bustamante, Fernando Causado Rivero, y posteriormente Carlos Monery; en el control estaba Abelardo Morales y Sigifredo Vera. Este programa tenía el apoyo principal de discos Fuentes, pero también pasaba cuñitas del Almacén sin Nombre y Almacén de Discos Horacio Llano; pero lo que sí hay que decir, es que la mano derecha para divulgar la música costeña en Medellín, fue Eduardo Villalba; ¡eso hay que decirlo pues!
El primer disco que graba Joaquín Bedoya fue en 1960 y titula EL ESPANTO, en sello Royal de discos Victoria.

Octavio Mesa no es de doble sentido, ese sí se abre del todo, se despliega.

El nombre verdadero de Octavio de Jesús, era Octavio Salazar, oriundo de Sonsón, de una vereda llamada Robledal, y tiene temas como VARILLA CALIENTE, NO ME DEJAN CA­MINAR y CANDELARIA; este muchacho trabajaba en una mueblería, pero se alejó un poquito de la música; y las inclemen­cias de la vida, el factor económico, etc., le dieron margen para que a Octavio de Jesús se le 'corriera un poquito la teja', y se le ve andando por Medellín un poco enfermoso, y ya no tiene la capacidad de grabar, por eso es que hace 12 o 14 años que no graba una obra, por enfermo.

El nombre completo de Posada, era Antonio Posada Co­rrea, oriundo de Pereira y se hizo acompañar muchas veces del conjunto LOS TUMAQUEÑOS, agrupación que formaban Heriberto Quiñones como guitarrista puntero, Luis A. Yacup era el cantante, y la guacharaca la interpretaba un señor de nombre Alonso Álvarez; estos músicos que venían de Tumaco, se hospedaban en el barrio Guayaquil y se mantenían en un café que llamaba Café Cisneros.

Luis Carlos Jaramillo es un cantante nacido en 1921 en una vereda del municipio de Santa Bárbara, llamada El Alto de las Guascas; este hombre tuvo una época dorada en la música, pues la mayoría de discos que sacaba, eran auténticos 'palos' en la década del 50; a él lo acompañaba el grupo LOS FIESTEROS, del cual hacían parte Alejandro Sarrazola, Antonio Colorado y Consuelito Pérez, que es la mejor intérprete femenina que ha teni­do la música de parranda; pero Luis Carlos Jaramillo también cantó con Amalia Rey y Judith Arboleda.

Consuelo Pérez cantó con Luis Carlos, con Leonel Ospina, Antonio Colorado y en una de sus venidas a Medellín —pues ella vive en Venezuela—, grabó con Gildardo Montoya un tema que se llama PELEANDO EL BIZCOCHO.

La mayoría de los conjuntos parranderos que en Antioquia hubo, tuvieron de guacharaquero a Alejandro Sarrazola Quintero, nacido en la vereda La Habana del municipio de Valdivia, y que cuando vino a Medellín, era un montañerito de pelo lacio, ponchito, pantaloncito rayado tan ordinario como el que yo tengo en este momento, unos zapaticos viejos, y al que yo vi por primera vez tocando la guacharaca en un conjunto que se llamaba
MEDELLÍN A.

Carlos E. Muñoz era un cantante que falleció en el municipio de la Dorada, el 17 de octubre de 1976, y que tenía como profe­sión la peluquería.

Cuando Jesús Vanegas fallece era el bajista del conjunto LOS LEGENDARIOS, de un señor que era amigo mío, Darío Gómez y que ya pertenece a otro estrato social; pero Jesús Vanegas acom­pañó a casi todos los parranderos que en Antioquia han habido.

La esposa de Carlos Muñoz se llamaba Lastenia Cruz, que es quien le hace el corito en EL HIJO DE ROSENDA; y le cuento como cosa curiosa, que aquí en Medellín existía un semanario llamado SUCESOS SENSACIONALES, que lo dirigió inicialmente Jairo Zea Rendón, y después Octavio Vásquez Uribe; en esos días vivía aquí Carlos Muñoz, hombre extremadamente po­bre, que había alquilado una casita él y Lastenia Cruz, y como se demoró para pagar el arriendo, lo sacaron de la casa, y en las páginas de SUCESOS SENSACIONALES salió retratado Carlos Muflozy su esposa, sentaditos en la cama, con la guitarra en la mano, fuera de la casa y casi que impetrando la caridad pública, porque no tenían con qué pagar el arriendo.

Luis Carlos Jaramillo ganó toneladas de plata, cantando y grabando para Fuentes y para Codiscos; Leonel Ospina ganó toneladas de plata, grabando para Silver como artista exclusivo y como asesor del Maestro Lucho Bermúdez en la dirección artís­tica —era el mejor requinto de Antioquia en los años del 50 al 70—; y este hombre tuvo dinero, pero Leonel era más bien 'mal esposito' —la esposa se llamaba Celina Naranjo—, ¿y por qué no?, mal hijo también, pues se gastaba un infierno de plata en bacanales; Leonel Ospina se cambiaba de ropa dos veces al día.... y eso que siempre se mantenía de cachaco, era petulante, más bien mal amiguito.... como lo fue Luis Carlos Jaramillo también, que iba al bar Canadá —sitio donde se reunían todos los artis­tas—, vestido con sobretodo, sombrero, zapatos lustrados, fu­mando pipa, los mejores etílicos, y decía —me contaron a mí:

—A mí me da aguardientico y a los señores allá me les da tintico, porque no pueden tomar más, pues para ellos no hay.

Jaramillo tuvo mucha platica, vestía impecablemente y era un poquito amarradito con los amigos; y Leonel Ospina fue lo mismo, también tuvo su platica, pero llevó una vida muy desor­denada y mucho más que la de Luis Carlos, que solamente era borrachito; todo esto se lo digo es para que la gente se explique, el porqué ciertos artistas viven así, pudiendo vivir en la opulencia; a ellos les pagaban bien, pero dilapidaron y malgastaron en baca­nales, orgías y estruendos.

Joaquín Emilio Acevedo Rave, era la voz cantante del con­junto LOS BELLADINOS, y canto temas parranderos como EL BUÑUELO, LA PLANCHA y otros; este hombre murió asesi­nado en la población de Bello cuando iba llegando a su casa; participó también en el grupo FREDONIA, y es quien canta tam­bién un tema llamado LA MUJER Y LOS CALZADOS, que se lo dan a José Muñoz, pero el que lo canta es Joaquín Acevedo; y lo mismo EL TESTAMENTO, ese es Joaquín Acevedo; tenían voz similar y eran compañeros de conjunto.

Manuel Flórez fue un cantante que era propietario del sello discos LA ROSA, y que un 20 de julio de hace 34 años, se fue para una fiesta a La Pintada; era un cantante que apenas empeza­ba, pero que había grabado temas como: JOSÉ CONTENTO y M1STER WHISKY y cositas que no trascendieron mucho; y el hombre 'acalorao', se tiró aun río dizque a bañarse.... y no volvió a aparecer Manuel Flórez.

Maximiliano Ardila, director del conjunto LOS DIABLOS, murió un 28 de diciembre de hace 6 años; los médicos le habían prohibido que tomara trago, y se puso a tomar 26, 27 y 28 de diciembre, tres días seguidos, y ese día falleció.... murió en su ley.

Gildardo Montoya le sacó un tema al periódico EL CO­LOMBIANO que se llama LAS CARICATURAS, donde habla de TARZÁN, BENITÍN Y ENEAS y otros.

Antiguamente, por LOS TROVADORES DEL RECUER­DO, gustó más EL BALAZO, que los propios LIBROS".