INSTRUCIONES

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jueves, 27 de enero de 2011

NEFTALÍ ÁLVAREZ


 Biografía de Neftalí Álvarez:

Me dijo Don José Muñoz:

—Si querés encontrar a Neftalí Álvarez, te vas a Bello, y en una calle que parte de la entrada principal de Fabricato, ahí en esa calle, una cuadrita más arriba de la entrada de la empresa, ahí encentras a Neftalí; él en esa esquina tiene un almacén de discos y él mismo lo atiende; anda que Neftalí es muy formal.

Efectivamente así llegué hasta Don Neftalí Álvarez, quien des­pués de escuchar mi cometido, me dijo:

—Ve hombre, ¿cómo es que usted se llama?; vea hombre Don Alberto, yo creo que usté debe volver otro día, porque con­migo tiene mucho de qué hablar.

El domingo siguiente fui hasta su casa, en compañía de la abogada Grimanesa Guardia y del director del famoso TRIO AMERICA, Don Óscar Velásquez. La casa de Neftalí está ubi­cada muy cerca a su almacén de discos y contigua a la estación del metro de Bello. El hombre nos estaba esperando, su residen­cia es acogedora, con muchas matas y él la comparte con una hija.

Neftalí Alvarez es un hombre robusto, amable, sencillo y con una parsimonia propia de la persona que ya sabe lo que hizo; Neftalí es sereno, tanto para actuar como para desplazarse. El pasado musical, que fue bueno para él.... ya es pasado; poco se ve con sus antiguos compañeros de parrandas y al parecer, la muerte de su esposa, le dejó una huella que no ha podido superar.

Y esto contaba Neftalí:

"Yo nací en la población de Barbosa; allí vivíamos muy po­bres y nos hicimos trabajando materialmente —como todos en ese tiempo—. Mis padres se llamaban Miguel Alvarez y Herminia Rúa, y lo de la música se fijó en mí cuando entré a trabajar en la empresa Fabricato. Fíjese que yo nací en 1930 y por ahí a los diez y siete años llegué a Bello; claro que a mime gustaba mucho eso de la guitarra y en Barbosa perdía las noches viendo un viejito que tocaba un tiple, pero yo era muy pobre y ni siquiera pensaba en comprar una guitarra; por primera vez toco una guitarra cuan­do vengo a trabajar a Fabricato, pues me le pegaba a todo trío que daba serenatas, yo empecé a ver y oír cantar, me fue entran­do esa vaina, hasta que conseguí una guitarrita de 'palo'.

Un día me llevaron a la clínica de Fabricato porque me había caído soda cáustica en un ojo, y allí estaba José Muñoz enfermo de una gripa o algo así; resulta que una de las monjas que traba­jaba allí preguntó si había alguien que 'ajustara' una guitarra; la trajeron, José la afinó y se puso a cantar; yo me acerqué con mañita y le pregunté:

— ¿Hombe, usted sabe MEJOR QUE NO VUELVAS de EL DUETO DE ANTAÑO?

Me dijo que sí y entonces resultamos haciendo un dúo 'pira­ta'; a causa de esto fue que decidimos ensayar algo, José me enseñó algunos tonitos, pues él estaba más adelantado en la guitarra y empezamos a dar serenatas aquí en Bello; José Muñoz puntiaba en ese tiempo y yo le marcaba, y estábamos muy entu­siasmados pero llegó el asunto del cuartel, del servicio militar, a él se lo llevaron y entonces yo volví a quedar solo. Unos días des­pués conocí a José A. Bedoya, que también había venido a tra­bajar a Fabricato, lo había traído un hermano que ya laboraba en la empresa y que vivía en un apartamento donde yo también vivía; Francisco (Pacho), que así llama el hermano de José A., me ha­bía dicho:

—Yo tengo un hermano que's el verriondo pa' la música, hermano.

Y efectivamente ese muchacho era algo extraordinario, vea, era mejor que ahora; claro que José se dedicó a la música calien­te, pero José tocaba muy sabroso pasillos, bambucos, rancheras de todo, José tocaba muy bien y era un puntero tremendo. Comenzamos a ensayar—José A. y yo—y nos resultaban mu­chas fiestecitas y serenatas, nos cogieron de exclusivos en una heladería en el barrio Obrero, y allá nos presentábamos todos los sábados como LOS BELLADINOS; así nos puso Don Antonio
Muñoz, que era un supervisor que animaba todas las fiestas en Fabricato. Un jueves regresó José Muñoz del cuartel y al sábado los presentábamos nosotros allá; Muñoz inmediatamente vino a buscarme y yo le comenté que tenía un compañero que era muy buen músico; entonces los presenté, pegamos una ensayaíta y al sábado estábamos en el escenario los tres. En ese entonces conocimos a un señor Abel Correa, que era bombero en Fabricato y le gustaba la composición, quien nos dijo:

—En la sección de la empresa donde yo trabajo, hay un muchacho que canta muy bueno hombe.

Entonces nos lo presentó, se llamaba Joaquín Acevedo y lo fuimos incluyendo en el conjunto; el grupo quedó conformado por los tres que tocábamos y Joaquín que le hacía a la guacharaca y cantaba, claro que José A. Bedoya también cantaba alguito; como no teníamos composiciones nuestras, sólo tocábamos la música de Guillermo Buitrago, Antonio Posada y otros; nosotros —al principio— nos le pegamos un poquito al estilo de Buitrago, y Abel Correa fue quien nos dio las primeras obras para que nosotros las cantáramos: LA NARANJA MADURA y EL BU­ÑUELO; ya después yo me desvinculé de ellos un tiempo, que fue cuando fundé el dueto ALMA ANTIOQUEÑA con José Muriel, que tuvimos dos años de exclusividad en Codiscos. Ellos siguieron con su actividad en la música caliente, pero yo no había disgustado con ellos, y cuando terminé la exclusividad en Codiscos, conversé con José Muñoz; ellos ya habían grabao los primeros discos de José, pero yo volví al grupo. Llevamos unas 'demos­traciones' donde Don Otoniel Cardona —el padre de la música parrandera—y nos hizo exclusivos de discos Lyra de Sonolux, empresa donde duramos nueve años; en ese tiempo hicimos te­mas como: SUBIERON LA CERVEZA, EL MES DE LA PA­RRANDA, EL NEGRO PICANTE, LLEGARON LOS AGUI­NALDOS y una cantidad de números impresionantes.

Un tiempo más acá, yo tuve una hazaña, una película con LOS GOTEREROS; eso lo sacamos.... ese tema nos lo insinua­ron a nosotros unos amigos de José Muñoz en Girardota, en la vereda El Barro, cerca a la casa de la mamá de él; cuando venía­mos de la vereda, entramos a una cantina y se fueron arrimando un poco de amigos, entonces José me dijo:

—Neftalí, te presento a fulano, sutano, perano, el hijo de ña Jesusa, a Pablo.

Y eso fue una cosa tremenda, pues era hasta bobada pedir una docena de cervezas, eso tenía que ser dos docenas; José conversaba con todos ellos porque era conocido, en cambio a mí me presentaba y no más.... pero yo observaba.

—Esta gente no se mueve para nada.... ninguno pide nada. Y con disimulo le dije a José:

—En una hojita por ahí apunta los nombres de estos se­ñores.

Recuerdo que eso fue un domingo y al lunes me pregunta José:

—Neftalí, ¿vos pa' qué me dijiste que apuntara los nombres de aquellos señores de la vereda?

—Hombe, eso está muy bueno pa' una canción; un tema que se puede llamar LOS GOTEREROS hombe, es que esa gente amiga tuya ni siquiera le encienden a uno hombe, qué verracos tan pegajosos.

Le caminamos al tema a la hora del almuerzo en la fábrica y después se lo enseñamos a José Bedoya, quien inmediatamente sacó la introducción; yo les comenté:

—Ya José A. y José Muñoz han grabado, ¿por qué no le damos esto a Agustín que apenas está empezando?

Es bueno anotar que Agustín es hermano de José A. y ya tocaba la guacharaca en el grupo, pues había reemplazado a Joa­quín Acevedo, con quien sólo grabamos LA NARANJA MA­DURA. Nosotros cada año dábamos el éxito decembrino para Lyra; siempre teníamos confianza en el éxito de diciembre y ese año llevamos unas piezas para "demostrar": EL POLLO ASAO, VOLIANDO ESQUINA y un poco de números buscando pre­cisamente el éxito de diciembre; eso fue una pelea la verrionda con Don Otoniel Cardona, pues nosotros llevábamos como diez números y al final Agustín le cantó LOS GOTEREROS, y él nos dijo:

—Bueno hombre, ¿y ustedes a quién se la dedican ahí hombe, que mencionan a fulano, a perano y a mengano?

José Muñoz y yo le insistimos, pero él no lo quería grabar y nos dijo:

—No, dejemos ese numerito que está como muy ofensivo, con los otros ya es suficiente.
Don Oto siempre me culpaba a mí de insistidor.

—Hombe, ¿por qué José Bedoya se queda callao, José Muñoz también y usté sigue insistiendo hombe Neftalí?

-—Vea Don Oto, éste es el número pa' diciembre, éste es mejor que todos los que hemos grabao.

Y al fin dijo de mala gana:

—Bueno, pidan turno pal año entrante pa' que graben eso.

Estábamos aproximadamente en 28 de noviembre y ya to­dos los números estaban listos pa' diciembre, pero nosotros sa­bíamos que donde habíamos cantado ese número, habíamos armao el revuelo más horrible; a los tres días yo llamé al maestro Luis Uribe Bueno —que era el director artístico— y le comenté el asunto; en realidad no había turno de grabación para esa época cuando hay tanto trabajo, pero después de pensarlo el maestro Uribe me manifestó:

— ¿Les quedaría fácil grabar el sábado a las dos de la tarde?

Fuimos a grabarlo prácticamente sin permiso de Don Oto; José Bedoya tenía otro número que se lo pusimos de respaldo, LA COLA DE LOLA, que tenía ritmo de twist, y entonces.... en fin, hicimos el disco, y le anoto que a Don Luis Uribe Bueno le pareció muy pegajoso el tema. Después de la grabación cogimos las guitarras y nos pasamos por el almacén de discos que tenía Don Oto en Carabobo, y él nos pregunta:

— ¿Ustedes de dónde vienen de guitarras en mano? Y José Muñoz le contestó: -De grabar LOS GOTEREROS.

—Hombe pero ¿quién les dijo que'so era pa' tan ligero hombe?; si era pa' que pidieran un turno pa'l año entrante; eso es lo malo con usté Neftalí, que es un tipo tan insistidor hombe; José Muñoz y Bedoya no dijeron nada, sino que a toda hora es usté.

Y me pegó la "vaciada" más horrible pues, y zapatiando y todo, enojado hasta más no poder, pero al final preguntó:

—Bueno, ¿y eso cómo quedó?

Yo también ya estaba disgustado y le manifesté:

—Vea Don Oto, con todo respeto, vaya el lunes en la maña­na y lo escucha allá en Sonolux; y yo le pido un favor, corten eso ligerito porque ese es el éxito del año.

Al lunes fue Don Oto y allá le dijeron:

—El sábado los muchachos hicieron aquí el palo pa' di­ciembre.

Entonces él ya creyó un poco, lo cortaron en 45 RPM, y dice eso a véndese que daba miedo; mejor dicho ese disco salió pegao y habiendo en ese diciembre unos éxitos los machos; fíjese que al mes de haber salido iban 95.000 copias, que en ese tiempo era bastante. Lo divertido es que llegó el 24 de diciembre y José Muñoz y José Bedoya fueron donde Don Oto dizque por el aguinaldo; él les dio botellas de aguardiente, cigarrillos y cosas ahí, y yo no quise ir pues estaba sentido con él. En ese tiempo eso se pagaba muy mal, pues si acaso nos dieron 150.000 pesos ahí pa' todos, y dos pesos de regalías por disco, ja, ja, ja, ja.

En esa época, nosotros teníamos nuestro trabajo aquí en Fabricato y la música era por gusto, porque en realidad era muy poquito lo que uno ganaba con esa vaina.

El grupo nuestro —inicialmente— grabó como Neftalí y José, que tocábamos era música fría; también nos llamábamos LOS RANCHEROS, posteriormente LOS BELLADINOS y por últi­mo José A. Bedoya y su Conjunto.

Antes de nosotros, la malicia a las canciones, ya se las ponía Antonio Posada y Arturo Ruiz del Castillo como compositor; y una cosa que nos manifestaba Don Otoniel Cardona, era que no fuera muy palpable ese doble sentido, pa' saber que después, con Gildardo Montoya, ya se les subió mucho el calibre a las canciones.

Joaquín Bedoya —el menor de los hermanos— fue entran­do también al conjunto, y a veces lo poníamos a tocar; en ese tiempo yo conocí a Gildardo Montoya, que trabajaba en El Pedrero, en una carnicería, con Rafael Carmona, que también era compositor; nos habían dicho en Sonolux que Rafael tenía unos pasillos, rancheras y bambucos que tal vez podíamos cantar José y yo, entonces nos fuimos a entrevistar con él en la plaza de Cisneros; allí Rafael nos presentó a Gildardo, que estaba entusiasmado porque ya había grabado en Disco s Colombia un L P.; entonces me dijo:

—Hombe, yo tengo por ahí unos numeritos, ¿usté por qué no me ayuda a ver si allá en Lyra de pronto me graban unos disquitos?

Rafael nos dijo que él cantaba muy bueno y que además componía, yo hablé por él en Lyra, y si usté viera la enojada de José Bedoya; no le gustó nada eso, pues José era muy celoso, y no iba a permitir que otro llegara aña a cantar así como así y que de pronto lo tumbara, y entonces me manifestó:

—Yate vas a poner vos a llevar ese tipo a Sonolux, pa' que de pronto vaya y me tumbe.

—Vea hermano, lo que es pa' uno, es pa' uno hermano.

A Gildardo en Lyra, le escogieron cuatro números, y los gra­bamos pero José Bedoya no quiso puntiale, y esos son los núme­ros que puntea mi amigo Óscar Velásquez, director del TRIO AMERICA y aquí presente, pues Gildardo no tocaba guitarra, sólo un poco de acordeón.... y eso que muy 'runchito', pero los temas de Gildardo se vendieron algo. Después de esto Montoya se fue a Codiscos, pero no con nosotros, y se dedicó a componer para orquestas como EL COMBO DE LAS ESTRELLAS, y le puedo decir que Gildardo era un bárbaro pa' componer y ade­más era muy paisa, charlaba como uno quisiera y tenía una gran facilidad para la amistad; claro que después nosotros le acompa­ñamos algunos números en Codiscos, cuando él ya era el director artístico allá. Después compone Gildardo unos números con un doble sentido muy fuerte, pero de todas maneras nosotros lo lle­vamos a Lyra, y por cierto que a Don Otoniel Cardona no le gustaban esos números.

—Hombe, esos números están buenos Gildardo, ¡pero eso tan grosero hombe!

Y Montoya con su humor característico le decía:

—Ve viejo hijueputa, acordate que te mostré esos números; después, cuando ya sean un éxito en otra parte, no te quejes.

Gildardo era descomplicado y no se le daba nada 'mentarle la madre' a cualquiera; Gildardo llegaba a una casa y a los cinco minutos estaba en la cocina.

Después, cuando José A. se va del conjunto, nosotros en­tramos a Joaquín ya en forma más seria; entonces quedaron de vocalistas Joaquín y Agustín. José se va para Estados Unidos, años después regresa y hacemos dos discos de larga duración, uno para Lyra y otro para Victoria, pero ya no era lo mismo, pues se le había perdido un poco el gusto y el sabor, y es que ya hasta salsa tocaba en Estados Unidos, pues le puntiaba a un gru­po de puertorriqueños, y lo que pasa es que ese hombre es capaz de puntiar en cualquier parte, pero la falta de la música de parran-i, lo hacía notar diferente.

Don Otoniel le hizo un L.P., a un cantante de música parrandera que había resultado por ahí, y se llamaba Darío Gómez; en ese L.P., lo acompañamos nosotros, y es el L.P. donde está el éxito parrandero de él, que se llama EL MORRO. Fíjese que cuando yo estaba en discos Colombia como director artístico, yo le escogí dos numeritos pa' un 45, que se titulaban: LA HEREN­CIA DE MI PADRE y LA NOVIA FEA, o algo así; y como ese fue el primer disco que hizo, ahí Darío cantaba con la voz campe­sina y propia de él; luego cuando estuvo en Codiscos de director artístico, grabó varios temas allá, pero más que todo se dedicaba al corrido yak ranchera; él todavía se acuerda que grabó música parrandera y que nosotros lo acompañamos; es más, en este di­ciembre—en su sello Dago—, grabamos unos numeritos con él, números de música parrandera; yo a Darío le tengo hasta miedo pa' grabar, porque con ese no se equivoca uno; o se equivoca uno, pero él nunca se equivoca, ¡qué vergajo, oiga!; tiene un don el tremendo para eso; vea, con Darío no hay que repetir nada, eso con él es cosa seria, mejor dicho ese tipo es muy fijo pa' lo que hace.

Yo en el conjunto era marcante y la primera voz de los co­ros; también tuve dueto con José Muñoz y nos llamábamos LOS ALEGRES MUCHACHOS, y también grabó conmigo como LOS RELICARIOS, antes de grabar con Germán Rengifo.

En el tiempo fuerte de nosotros el conjunto estaba confor­mado así: José Bedoya, José Muñoz, Agustín Bedoya y yo; ese era el conjunto bravo; en el bajo nos acompañaba Don Jesús Vanegas y Jairo Gómez tocaba los bongoes.

Nosotros nos presentábamos en la radio, en programas como COLTEJERTOCA A SU PUERTA, donde actuamos por varios meses y alternamos con LOS HERMANOS RIGUAL; nos presentamos también en muchos estaderos.

El dueto ALMA ANTIOQUEÑA, a veces lo transformá­bamos en trío, cuando a él ingresaba Hernando Jaramillo, que era un excelente compañero; y con ese trío, sí actuamos en muchos teatros; claro que en ese tiempo pagaban muy mal estas presen­taciones en estaderos y teatros, y es que ni las grabaciones, por­que fíjese que nosotros ganábamos dos centavos de regalía por disco.

Al bar Canadá, nos íbamos todos, casi todas las tardes: Vega del Río, Muriel, los Hermanos Palacio, Luis Carlos Jaramillo y muchos más.

En aquel tiempo los buenos punteros en la música parrandera eran: Óscar Velásquez, Leonel Ospina que era muy bueno; por supuesto José Bedoya, que era maravilloso pero no le puntiaba a nadie, sólo puntiaba su música y de pronto la de Agustín, él era un hombre muy celoso musicalmente; José A. era un hombre muy callado, de poca iniciativa y no muy amplio; en cambio José Muñoz sí es muy amplio y colaborador, pero se llevó todos los laureles de la composición, o de las composiciones que hicimos entre to­dos; es tal la cosa esa de las composiciones de José, que LA RANA—tema que cantan LOS RELICARIOS—, prácticamente es mío; y eso lo saqué yo en un paseo que hicimos al CANEY; nos fuimos a pescar por allá en un 24 de diciembre, y allí hice yo LA RANA; claro que la idea me la dieron unos montañeritos con un numerito que ellos cantaban; entonces yo no me puse como compositor, pues yo gozaba con que José Muñoz estuviera ahí, y por eso dice —para recordar el paseo—, LOS DEL CANEY; y casi no nos pagan las regalías de esa melodía, porque nadie sabía quiénes eran LOS DEL CANEY, que aramos José Muñoz y yo.

En el conjunto siempre nos tratamos con respeto; yo por ejemplo no recuerdo haberle dicho 'vos' a José Muñoz, ni él a mí; pero una vez borracho —como yo le decía que dejara el tra­go, que le estaba haciendo daño— sí me dijo:

—Neftalí deja esa jodencia que tenes; ve, a Nora mi mujer, no la aguanto en la casa, y a vos no te aguanto en la calle.

Es decir, en el conjunto siempre tuvimos un trato envidiable.

Cuando yo me retiré a formar el dueto ALMA ANTIO-5UEÑA, fue porque en cierta oportunidad dimos una serenata -José Muñoz, José A y yo—, un día de madres y por supuesto atábamos muy pobres, y yo creo que siempre nos tiró ventaja osé Muñoz; ahí fue donde yo me abrí de ellos, claro que no ovo con ellos, pero esas cosas a mí me chocan mucho.

En realidad nosotros para actuar tomábamos un poco e trago, a excepción de José Muñoz, que si hubiera seguido bebiendo como bebía, ya se había muerto hace mucho tiempo; él era beodo del todo, pero dio la suerte que la hija —que es médica— lo paró, le puso las cosas como eran, y a él le dio miedo morirse, dejó el licor; y ¿usté no lo ha visto ahora?, está más jovencito; un día fue a mi almacén, yo me asusté y le dije:

—José, ¿qué te pasó, que estás hasta sin canas y todo hombe?

Ya no se toma un trago, y si acaso una Coca-Cola; ¡pero es que bebió mucho!...no, no, no, no....y la plata que botó, porque las mejores regalías se las bebió.

Vega del Río era un compositor que tuvo muchos éxitos; fue muy bueno.

Nosotros en el conjunto, en una ocasión grabamos una pro­paganda de una chocolatería, que decía: CHOCOLATE CRUZ ES MEJOR; y precisamente ahí fue cuando yo descubrí que Car­los Washington Andrade no era ningún compositor, pues fuimos a su casa en el barrio Antioquia y él cada rato era preguntándole a
Doña María Alvarez —su esposa.

—Mija, ¿cómo es esto aquí?

Y ella respondía cantando:

Chocolate Cruz es mejor, dicho por toda la gente.

La esposa aún hoy sigue componiendo, pero la plata se la gastó fue él, porque nunca le dio un centavo.

Nosotros éramos muy amigos de Luis Carlos Jaramillo, pero en la música, él con sus conjuntos y nosotros con el nuestro.

En aquellas épocas, Leonel Ospina, lo miraba a uno con un desprecio aterrador; y Luis Carlos Jaramillo también era muy 'inflao'; ¡no!, y Vega del Río era otro que se creía mucho, en cambio Antonio Posada, sí era una calidad de persona.

Los cantantes como Lucho Ramírez, Víctor Hugo Ayala, Alberto Granados, etc., que iban a grabar a Sonolux, lo miraban a uno como 'del gajo de abajo'; de pronto preguntaban:

— ¿Ese quién es?

—Ese es José Bedoya.

— ¿José Bedoya?, ¿y quién es José Bedoya?

En un diciembre José Bedoya tenía pegao un tema llamado EL MECEDOR, y nosotros nos íbamos por la tarde a 'gallinaciar' a Medellín; un día nos fuimos José Bedoya y yo, por allá por Balkanes, que en ese tiempo tenía mucho que ver; de pronto nos cayó una requisa por parte de la policía, yo saqué 'los papeles' y me dijeron:

—Sígase.

Pero José Bedoya era reblujándose por todas partes, por los bolsillos, la camisa, y 'los papeles' no aparecían, pues se le habían quedao en la casa y no tenía con qué identificarse.

—! A ver sus papeles. !

—Hombe, se me quedaron en la casa.

—Entoes nos acompaña a la Comisaría.

—No hombe, no me vaya a llevar que yo soy José Bedoya hombe.

—Pero, ¿cuál José Bedoya?

—José Bedoya, el que canta EL MECEDOR,

— ¡Ah, ah!, súbase a la patrulla, que ELMECEDOR lo pue­de cantar cualquier hijueputa.

Por cierto a José, no le gustaba que uno le recordara esa anécdota; y lo peor es que la cosa no paró ahí, pues yo era bus­cando un teléfono pa' avisar en la casa de José que la policía se lo iba a llevar y de pronto dice el policía:

—A ver usté hombe.... el que canta EL MECEDOR, si quiera dígame cómo es eso.

Y empezó José:

Yo soy el mono antioqueño de carriel y de peinilla....

Entonces dice el policía:

—Vea hombe, bájese de ahí, pero si lo vuelvo a coger sin papeles, me lo llevo aunque cante el hijueputa MECEDOR.

A José Bedoya le gustaba el juego, pero era muy de suerte; era además gran billarista y para las mujeres, era un sinsonte por completo.

Nosotros nunca grabamos con orquesta, pero José Bedoya sí; lo probaron con una orquesta con Valedor Ramírez y otros, pero como que no pasó nada; el propio José insistió para grabar con orquesta, pero eso no se vendió.

La música de nosotros se vendió en el extranjero, sobre todo en Venezuela; pero también en Ecuador y Curazao. Hoy en día algunas casas colombianas sacan nuestros discos y casi no llegan regalías, pues.... REGALÍAS, dice la palabra; claro que últimamente siempre se ve la labor de SAYCO y ACINPRO, pues a veces liquidan algunas 'regaliítas'.

De nosotros, el único que conserva la colección de nuestras grabaciones es Agustín, y José Muñoz un poquito; yo no sé cuántas grabaciones hicimos nosotros, pero sí es necesario que quede bien claro, que muchas composiciones las hicimos entre todos".

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