INSTRUCIONES

INSTRUCIONES: Apreciado visitante, en la parte final del blog encontraras una ventana de reproducción donde podrás ver y/o escuchar algunas melodias parranderas. En la parte derecha del blog podrás encontrar los enlaces a otros blogs de mi autoría así como el listado de artistas presentes en este blog.

Para comprar el libro LA MUSICA PARRANDERA PAISA de ALBERTO BURGOS HERRERA, puedes comunicarte con el autor al teléfono (57) (4) 332 4652 de Envigado, Antioquia, Colombia o al correo: albertoburgosh@hotmail.com

jueves, 28 de julio de 2011

JOAQUIN BEDOYA


JOAQUIN BEDOYA CONTRATOS DIRECTOS
TELEFONO FIJO: 270 06 82 (Medellin, Antioquia, Colombia)
CELULAR: 314 712 47 94
CORREO ELECTRONICO: joaquin-bedoya@hotmail.com

Biografía de Joaquín Bedoya:

No sé si hubo intervención de Don Agustín, pero lo cierto es que cuando llamé telefónicamente a su hermano Joaquín Bedoya, éste, muy amablemente, me invitó a que pasara por discos Victoria —empresa donde labora— para darme la información que a bien tuviera; llegué hasta esta fábrica, y efectivamente Don Joa­quín tenía muy presente la visita; el diálogo se inició sin mucho preámbulo.

Don Joaquín es un hombre serio, pero amable y no tan con­versador como su hermano Agustín —tal vez por la premura del tiempo—, pero dispuesto a dar los datos necesarios para nuestro trabajo; claro que por sus amigos, yo sé que es tan jocoso como Agustín.

“Yo nací en febrero 10 de 1943 en la población de Frontino, Antioquia; soy el menor de mis hermanos, y cuando llegamos aquí a Medellín estaba muy pequeñito, tan pequeñito que ni siquiera me acuerdo. Más adelante estudié en la escuela primaria Marco Fidel Suárez de Bello, y posteriormente hice el bachillerato en la Pontificia Bolivariana de Medellín.

Yo creo que esto de la música me viene de ver que uno de mis hermanos—José A. —, estaba en gran apogeo musical; tal vez uno se va pegando ahí y comienza a gustarle también la músi­ca parrandera; yo recuerdo que José Bedoya se iba a trabajar a Fabricato y dejaba la guitarra puntera debajo de la cama; yo lle­gaba de la escuela, cogía la guitarra, y le reventaba dos o tres cuerdas; por la tarde él venía a ensayar y entonces decía:

—Hombe, ¿quién le reventó las cuerdas a esta guitarra?

Y mis hermanas que me 'alcagüetiaban', respondían:

—Pues será usté hombe, porque aquí nadie ha tocao esa guitarra.

Hasta que sucedió lo que tenía que suceder, pues un día me cogió con la guitarra en la mano....

— ¿Usté es el que me está reventando las cuerdas?

Y en lugar de enojarse, me dijo:

—Vea Joaquín, si usté quiere aprender a tocar guitarra, hágalo pero despacito, no muy duro, no hay necesidá de reventar las cuerdas y ahí va aprendiendo.

En ese tiempo no se usaban las cuerdas de nylon, sino que el encordao era de acero y eso se reventaba muy fácil.

—O sea Joaquín que si quiere aprender, hágale suave, por­que si me revienta las cuerdas, me vara a mí pa' las grabaciones.

Entonces ahí aprendí, fui sacando introducciones, y no seré un maestro en la guitarra, pero aprendí a tocar afortunadamente; José A. Bedoya viene a ser como mi primer maestro.

En cierta ocasión, el conjunto de mi hermano tenía una pre­sentación en un colegio de Bello; entonces fueron por mi hermano a la casa Neftalí Alvarez y José Muñoz; mi hermano no llegaba, ellos estaban muy preocupados y de pronto me dice Muñoz, quien ya me había escuchado tocar:

—Hombe, ¿cómo se siente usté pa' puntiar esa guitarra?; pa' que puntiemos lo de José A., lo de Buitrago y otras cositas.

—Hombe, ¡yo no sé!

Estaba yo 'pelaíto', como de doce años apenas, y Muñoz me dijo:

— ¡Vámonos!

De todas maneras esperamos un rato, hasta que agregó:

—Vámonos, y al menos cumplimos; Joaquín, ¡coja la guita­rra!

Lo cierto es que en el colegio ese hicimos una presentación normal, donde yo puntié los números que tenía José A. en apogeo en ese tiempo, algunos de Buitrago, y ellos salieron del paso; entonces me cogí ya un poco de confianza.

Después de esto, Don Otoniel Cardona —el dueño de dis­cos Victoria—, en ese tiempo no tenía fábrica, sino que era socio en Sonolux, donde grababa mi hermano José en el sello Lyra; entonces en cierta ocasión le preguntó Don Oto a José Muñoz:

—Hombe, ¿no habrá por ahí hombe, un hombre que cante parecido a José Bedoya?

— ¡Claro que sí Don Oto!, yo lo tengo; vea, y le aseguro que si no es mejor, es igual.

— ¿Cómo así?, dígale que venga.

Entonces yo fui; en ese tiempo uno le daba las 'demostraciones' en un almacén de discos que él tenía en Guayaquil; esto era para grabar con discos Victoria y no con Sonolux; yo llegué un sábado, con la guitarrita que José me prestó pa' que fuera, y me dice Don Oto:

—Hombe, puntéese ahí, cualquier disco de su hermano.

—Hombe, ¿por qué no se puntea algo de Guillermo Buitrago?

Yo estaba muy 'pelao', entonces Don Oto habló con Muñoz:

—Bueno, usté ya lo trajo, y me parece muy bien la cosa.

Entonces a Don Otoniel le debo el que me haya sacado del anonimato; José Muñoz compuso para mí en ese tiempo un tema llamado EL ESPANTO, que se acopló con DESCONFÍALE A LAS MUJERES, y sobre todo el primero, se convirtió rápida­mente en un éxito que se vendía por toda parte; durante algún tiempo grabé discos de 45 R.P.M., hasta que ya salió el L.P.; y aquí voy, aquí 'por los laítos' como decimos.

Después de que yo grabé mis dos primeros temas, entonces empecé a componer y saqué uno que se llama EL RELOJITO, después EL FIAMBRE DE ESTELA, y posteriormente grabé temas de José Muñoz, Neftalí que también componía y muchos otros.

En aquella época de mi hermano José, se reunían varios músicos a tomarse unos 'guaritos', y el uno decía:

—Tengo esta letrica, hombe, pero no la he terminao.

Y entonces ahí charlando, alguno agregaba:

—Hombe ponele esto; o ponele esta otra cosa.

Y así iba saliendo el número; claro que se respetaba el tema de la persona y él quedaba de compositor, ¡claaaro!; el número lo llevaba Muñoz y todos le decíamos alguna cosita, pero el tema era de José Muñoz; eso sí—y hay que decirlo—, el más creativo era José Muñoz, pues EL MECEDOR, DIEZ AÑOS DE PLA­ZO, y muchos y muchos éxitos los componía MUÑOZ y José Bedoya les ponía la música; pero en realidad, el más grande com­positor del grupo era José Muñoz.

Fuera de guitarra yo toco un poco de tiple y lira, pero me gusta más la guitarra.

Entre las composiciones mías que más han gustado pode­mos mencionar LA DULCE TOMA, EL FIAMBRE DE ESTELA y muchas otras que me las han interpretado grupos grandes como EL COMBO DE LAS ESTRELLAS o LA BANDITA. Para componer estos temas a uno le sirve cualquier frase; un chiste por ejemplo, puede dar origen a una letra, pero sabiéndolo aplicar y poniéndole un poco de malicia; por ejemplo LA DUL­CE TOMA es una cosa imaginaria, donde uno le pregunta a un curandero:

— ¿Qué me estará pasando?

Y él me dice:

—Compañero, a usté lo están 'enyerbando'.

EL FIAMBRE DE ESTELA dice:

Pélelo en una manga y no importa que esté duro....

Eso se refiere a aquellos paseos de olla, en las mangas, donde la gente llevaba los fiambres y se bañaban en esas quebradas; entonces de ahí salió EL FIAMBRE DE ESTELA,

Pélelo en una manga y no importa que esté duro....

Siempre poniéndole un poco de picardía, claro que no muy fuerte, porque si uno lo hace muy vulgar, no sirve para las casas, pues en las casa hay niños; lo mismo que con las carátulas, la casa disquera se cuidaba un poco y sólo las sacaba insinuantes, pero no mostrando todos los atributos de las mujeres, porque esto tampoco se podía llevar a la casa, donde las iban a ver los niños.

La Curia —al principio— molestaba mucho con lo del doble sentido; claro que a uno no le ponían problema, se lo ponían a compañía que estaba vendiendo el acetato; ellos mandan la carta, diciendo que'l disco está muy fuerte y todo eso; pero la vaina es que cuando paran la distribución, es cuando más se vende el disco; claro que esto ya no pasa, y antes ahora le dicen a uno:

—Cántate el más grosero que tengas ahí hombe.

El grupo de nosotros es de los primeros que le pone la ma­licia a las canciones, y se componía mucho número jocoso; incluso mi hermano José tiene un L.P. que se llama RÍASE BAILANDO. Un disco como EL CONDUCTOR:

Le tocaba el arranque y nada yo le daba manivela y nada....

Ahí no está diciendo ninguna grosería, pero ahí está el doble sentido.

Yo no me acuerdo cuántas composiciones tengo; fíjese que a veces oigo un disco y preguntan de quién es; y tengo que sacar el disco y decir:

— ¡Sí hombe, este disco es mío!

Porque sinceramente ya no me acuerdo. Fuera de parrandera, yo compongo otros tipos de música, como rancheras, por ejemplo un corrido que me grabó Rómulo Caicedo; y en otros ritmos, LA JUVENTUD me la cantó EL COMBO DE LAS ESTRELLAS, claro que ésta es del difunto Gildardo Montoya y yo; Policarpo Calle me grabó LA NEGRA CONTENTA.

En un sentido, nosotros nos apoyamos en Buitrago; él hacía sus grabaciones en Cartagena, pero con su sabor costeño; aquí se hizo lo mismo, pero antioqueño y poniéndole el doble sentido; claro que hay algunas melodías de Buitrago que también tienen cierto sabor malicioso.

A nosotros en diciembre nos contratan mucho, sobre todo para el eje cafetero, para Cali, todo el Valle, pues por allá gusta mucho la música parrandera; aquí en Antioquia gusta también, pero no hacen contratos porque les parecen muy caros y quieren que una presentación sea por cinco o diez mil pesos; aquí no se valora al artista antioqueño.

Los artistas de orquestas eran nuestros amigos, y nosotros éramos muy conocidos de: Lucho Ramírez, Alberto Granados, era una familia entre todos los artistas de Sonolux

Cuando nosotros sacábamos un tema y este tenía algún men­saje —sobre todo picaresco— entonces se lo daban a una or­questa, como en el caso de LA BANDA DEL VECINO de José Muñoz que la grabaron LOS GRADUADOS con Gustavo Quin­tero; y a nosotros nos gustaba que esos discos los grabaran las orquestas, ¡claro!

Anteriormente uno grababa un disco doble sencillo de 45 R.P.M.; uno cobraba por decir algo trescientos pesos, que eran como ahora doscientos o trescientos mil pesos por dos temas; claro que cuando la empresa le paga a uno en esa forma, ella queda con el derecho de explotar el número como quiera, y si el disco tiene acogida, cada seis meses le liquidan —al autor— sus regalías.

En el tiempo de José—mi hermano—, estaba también Car­los Muñoz, Antonio Posada, Leonel Ospina; era una misma cosa, pero se hacía mucha música.

Yo no iba al bar Canadá, porque yo estaba muy 'pelao', pero allá era donde se reunían todos los músicos; a mí me tocó fue el bar Nueva York, que creo todavía existe y queda por ahí por la calle Colombia, con Cundinamarca.

En mi conjunto yo he tocado la guitarra puntera y la fábrica se encarga de buscarme quién toque lo demás; en realidad no he formado un grupo permanente. Yo he hecho algunos temas pa' Codiscos, Fuentes, pero casi siempre he grabao para discos Vic­toria; casi toda mi producción ha sido para Victoria.

Entre los bajistas destacados que me han acompañado, es­tuvo el difunto Jesús Vanegas, y por supuesto Don Luis Eduardo Gutiérrez; claro que últimamente lo ha hecho Miguel Nova, quien lo toca muy bien. En los bongoes siempre me acompañó Jairo Gómez, lamentablemente en los últimos días ha estao como muy ocupao, no sé qué pasa, pero no se deja ver mucho.

Tampoco sé cuántos discos he cantao, pero tengo 47 discos de larga duración.

Vega del Río era un letrista importante; a él le canté unos temas: DOMINGO DE CENIZA y otro que no recuerdo. Arturo Ruiz del Castillo es una buena persona, pero yo no le he grabao canciones.

Uno como director artístico se equivoca, y a veces rechaza una obra que después resulta un gran éxito; eso de escoger la música es un asunto muy jodido; aquí nos ha pasado, se rechaza una canción:

—No, eso no sirve, no es comercial; ¡no!, eso no se graba.

Se va el tipo pa' otra empresa, y empieza eso a véndese por toda parte, y lo coge a uno ese remordimiento tan tremendo; pero tampoco se puede grabar cualquier vaina, porque entonces la empresa pierde plata, pues eso no se va a vender.

A los discos compactos pasan muy poquitas grabaciones de los elepés, pues de cada uno se toman dos o tres temas para hacer el compacto; al tiempo —de pronto— sacan otros dos, para hacer otro compacto; ahora se usa mucho hacer 'refritos', que es simplemente copiar canciones que otros han sacao, enton­ces el cliente tiene para escoger cuál versión le gusta más.

En la música parrandera yo admiraba mucho a Antonio Po­sada, aquel que cantaba EL GRILLO; yo estaba muy 'pelao', pero me tocó verlo de 'culebrero' por ahí por Guayaquil; claro que no fui amigo de él, pero Agustín y José —mis hermanos— sí lo distinguían bastante.

El estilo de José A. tuvo mucho que ver en el modo de can­tar de Agustín y yo, ¡claro que sí!; el modo de puntiar de José y el mío, es el mismo, pues al fin y al cabo él fue el que me enseñó; él no me dio clases, sino que yo le iba escuchando y así me fui formando, y le fui sacando como el saborcito a las melodías que él tocaba.

Un día yo me estaba tomando unos tragos en una heladería, cuando se acercó Gildardo Montoya y me dijo:

—Hombe ¿usté es Joaquín Bedoya?; lo que pasa es que yo tengo unos numeritos y quiero mostráselos, a ver si usté me los puede grabar.

—Hombe tendrías que ir directamente a la fábrica, mostrar­le las obras al director artístico y decir que usté quiere que yo se los cante.

Entonces él vino aquí a Victoria, le mostró las canciones al 'patrón' y le escogieron los números; entonces grabamos: COL­GUÉ LA GUITARRA y otro tema de respaldo, y eso salió ven­diendo parejo; entonces Gildardo trajo más composiciones, des­pués empezó a cantar y lo demás ya es historia; Gildardo no puntiaba, pero tocaba acordeón.

No siempre que salíamos a tocar, teníamos que tomar licor; es más, la mayoría de las veces no tomábamos.

Neftalí Álvarez ha compuesto mucho; él tiene parranderos, boleros, rancheras, que no será exagerada la cantidá, pero sí tie­ne, y buenos.

Yo nunca traté a Luis Carlos Jaramillo, y su música es dife­rente a la nuestra, pues a él le gustaban mucho los instrumentos de viento.

Sí grabé con Alejandro Sarrazola, pues él me hacía los co­ros o tocaba el güiro, y sobre todo era un buen animador.

En las grabaciones —con frecuencia— había que repetir; en esa época sólo existían dos canales y no es como ahora que hay 10 canales, y usté en cada canal pone un instrumento; en ese  tiempo éramos todos 'de un tiro', y si se equivocaba alguno, to­dos teníamos que repetir el número; que si fulano no entró a tiem­po, vuelva y repita; claro que en esa época se ensayaba, ahora es que ni ensayan, pues por un canal está la trompeta y si se equivo­ca, lo repite sólo el trompetista; el maestro Edmundo Arias por ejemplo, decía que a él le gustaba grabar 'en bloque', porque esto transmitía calor humano, y además inspiraba más al músico y le hacían las cosas con más sabor; y repetía:

—No se limiten a lo que yo les escribí ahí.

En cambio ahora sólo hacen lo de la partitura.... y mañana vengo por el cheque.

La música parrandera se hace con partitura, sólo cuando lleva instrumentos de viento.

Yo tomo traguito, pero pa' grabar no me puedo tomar un trago; fíjese que un sábado íbamos a grabar y yo me encontraba afónico; entonces me dice Pedro Nel Isaza:

—Ve, andáte aquí a una tiendecita, echáte un aguardiente doble y verás que te deja la garganta como nueva.

Pues sí señor, yo fui y me tomé el aguardiente doble.... y  cómo le parece que se me fue la voz, quedé completamente mudo; el 'patrón' —Don Oto— me dijo:

—Hombe, tómese una soda.

Me tomé la soda, y tuve que esperar como dos horas pa' que me volviera la voz; o sea que si yo me tomo unos aguardien­tes pa' grabar, me queda como la lengua pesada y no me salen las palabras; entonces pa' qué voy a tomar eso hombe.

Nunca en esta empresa me han rechazado obras que he traí­do pa' grabar, y es que uno desde que está haciendo su canción, sabe si tiene algún mensaje; y si uno no le ve mensaje, entonces pa' qué pierde el tiempo escribiendo eso.

La música parrandera 'maquillada' para presentarla en el exterior, no funciona; se ha hecho el intento con violines, trompe­tas, clarinetes y queda una belleza, pero no funciona; el público no acepta esa cosa, y antes lo critican a uno.

—Hombe usté está dañando la música parrandera, eso no se debe tocar sino con guitarras.

La música parrandera tuvo un tiempo en que se olvidó, en que la gente buscaba las orquestas y otro tipo de música; yo digo que fue el señor Antonio Lozada de Caracol, quien puso la músi­ca parrandera arriba, pues él montó un programa que se llamaba ÉXITOS DE PARRANDA, y con él comenzó a subir otra vez la música parrandera.... y entonces aparecieron los parranderos de: La Voz de las Américas, Radio Paisa, Rumba Estéreo y otras.

Hay mucho cantante nuevo de música parrandera, pero no es conocido; para que a uno lo conozcan tiene que imponer un éxito; llega uno a una discotienda y dice:

—Hombe ¿qué ha salido aquí nuevo de parranda? —Aquí salió un disquito de 'picubino picubina'.

—No hombe, ese no lo conozco yo; dame mejor uno de Joaquín o Agustín Bedoya.

Cuando actuamos o cantamos José A. y yo, cada uno pun­tea sus números".


Según comenta el poeta y periodista Oscar Sutero, la primera grabación de Joaquín Bedoya (donde exhibía ya su singular swing) se denominó "El entierro",  y se publicó aproximadamente en 1960. Entre sus canciones más conocidas viene al caso mencionar: "El corbata gasta­dor", "El doctor sardinero", "El farol borracho", "El ñanga, ñanga", "El doctorótico", "La bicicleta de Lola", y "El fiambre de Estela".

Joaquín Bedoya, al lado de Adriana Holguín y José Muñoz, también ha integrado el peculiar conjunto "Los Raros", artistas exclusivos de Discos Victoria, agrupa­ción bautizada así en 1975 por el tantas veces citado, e importante representante de la música festiva, Gildardo Montoya. A ellos pertenecen importantes piezas como: "El lamento del pasajero", "El lamento de las sirvientas", "Conociendo a Medellín", "El Trompi Rojo" "Lamentando el matrimonio", "Que baile el gitano" y más recientemente el tema "Vamos a metriar" acompañado por José Muñoz y Adriana Granada.

Acá te dejo ALGUNOS VIDEOS:

2 comentarios:

  1. Me imagino montando la moto que rifa Kymco, con ese color rojo y ese diseño bien bacano. http://on.fb.me/Kymco

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