INSTRUCIONES

INSTRUCIONES: Apreciado visitante, en la parte final del blog encontraras una ventana de reproducción donde podrás ver y/o escuchar algunas melodias parranderas. En la parte derecha del blog podrás encontrar los enlaces a otros blogs de mi autoría así como el listado de artistas presentes en este blog.

Para comprar el libro LA MUSICA PARRANDERA PAISA de ALBERTO BURGOS HERRERA, puedes comunicarte con el autor al teléfono (57) (4) 332 4652 de Envigado, Antioquia, Colombia o al correo: albertoburgosh@hotmail.com

lunes, 24 de julio de 2017

GILBERTO CANO


Biografía de Gilberto Cano

Don Gilberto Cano reside en el barrio Santamaría No. 1 de la ciudad de Itagüí; y hasta su casa me llevaron los amigos y grandes coleccionistas Mauricio Abad y Libardo Yánez.

Don Gilberto Cano es un hombre muy amable, abierto a la amistad y que da confianza desde el primer instante; además es dicharachero, contador de anécdotas y buen conversador; artísticamente fue la primera voz de un grupo que llenó toda una época en la música parrandera, de aquel grupo que se denominó LOS DIABLOS, y que fue conformado además por: Maximiliano Ardila y Hernando Mejía.

Don Gilberto Cano en medio de su amabilidad nos decía:

"Yo me llamo Gilberto Cano Blandón, alias EL DIABLO, y nací en aquella esquinita, aquí en el barrio El Guayabo de la ciu­dad de Itagüí; mis padres fueron Lucas Cano y Clara Rosa Blan­dón, que tuvieron nueve hijos, donde yo fui el tercero de la cuen­ta. En mi familia el único antecedente músico fue una tía—Helena—, hermana de mi papá, que era maestra y además como que can­taba bien. Se me había olvidao decirle que ya estoy muy viejito, pues nací el 17 de enero de 1927; y nací en este barrio que se llamaba El Guayabo, pero después llegó una gente de Caldas, de esos que le cambian el nombre a un coco, y lo pusieron Santamaría No. 1. A la edad de 11 años entré a trabajar a Curtimbres Sabaneta, durante cuatro años, pues me había colocado un cuña­do de mi mamá que era administrador de la empresa; yo me ga­naba —en ese entonces— cincuenta centavos diarios, y allá fue donde perdí el dedo pulgar de la mano derecha; entonces le cogí miedo a todo eso y mejor me fui donde Bernardo Vásquez a aprender la sastrería.... y de la sastrería viví toda la vida.

Yo tenía un primo y a mí me gustaba mucho el canto; enton­ces le dije al primo, a quien llamábamos Bernardo Patalán y que ya falleció:

—Hombre, a mí me gusta mucho la música, pero ¿qué hago yo?, que a mí no me entra el acordeón, no me entra la guitarra, he bregado pero no puedo porque me falta este dedo.

Entonces mi primo me aconsejó:

—Vea Gilberto, sea maraquero, que todos los cantantes son maraqueros.

Yo le obedecí, me compré unas maraquitas, comencé a acom­pañar cuanta canción oía, hasta que aprendí. Un cierto día —ya tenía dos años de casado—, me fui a una fiesta —era por ahí el año 1950 —, y me encontré allí con Maximiliano y Hernando Mejía que estaban animando la fiesta, y les dije:

—Muchachos, yo puedo tocar las maracas.

Y cuando me oyeron tocar me comentaron:

—Hombe, usté es un verriondo pa' tocar maracas; hombe, ¿por qué no hacemos un conjunto?

—A mí me gusta mucho la propuesta de ustedes, pero yo solo puedo ensayar sábado y domingo, porque los otros días me tengo que levantar a las tres de la mañana.

Comenzamos a ensayar, después ya fuimos a tocar en algu­nas fiestas; y a la gente le gustaba mucho porque yo era como muy animao pa' la música, y yo gritaba ¡güepa! y ¡agua! y tal cosa, y la gente les decía a ellos:

— ¡Qué maraquero el que consiguieron, hombe!

El conjunto fue cogiendo fama y nos llevaban a paseos, íba­mos a casas de ricos; yo cantaba música como la de Ortiz Tirado, Bobby Capó o Leo Marini; pero me la fueron a grabar y mi voz no daba sino pa' música 'guasca' y en discos Ondina me dijeron:
—Vea hermano, olvídese de esa música así como finita, y dedíquese a la música 'guasca' y parrandera.

Esto me lo dijo Jaime Rincón. Mi primera grabación fue pre­cisamente en discos Ondina; recuerdo que me quedé toda la no­che grabando el tema LA CULPABLE, pues yo no sabía medir música, y eso se necesitaba saber medir; yo no sé cómo me espe­raron una noche entera, si la grabación valía millones; fíjese que yo cantaba y ahí mismo sonada un timbre, botaban el acetato.... y vuelva a empezar

Tú tienes la culpa mujer que yo viva....

Esa canción ranchera fue la primera, y se llamaba LA CUL­PABLE; pero el grabador a las cuatro de la mañana lloraba, y sólo vinimos a terminar cuando ya estaba de día,

Tú tienes la culpa mujer que yo viva
de noche y de día tomando licor
porque tus desprecios me han roto una herida
y llevo sangrando mi fiel corazón.

Si un día te arrepientes de ser la culpable
te ruego no sientas por mí compasión
hoy vivo borracho vagando en las calles
no olvides que soy un hombre de honor....

Esa canción fue un éxito, pero también grabamos AMOR MATERNAL, MOVAMOS LA CADERA, EL DIABLO, EL TIGRE, EL BOTARATA, EL CONEJO, EL OSO y otras. Pos­teriormente en discos Fuentes grabamos LA PAPAYA, y LA BRUJA, que tiene letra mía:

En mi barrio hay una bruja y me tiene todo asustado,
pues pasa tirando chispas por todos los entejados,
agárrenla pues muchachos no la vayan a soltar
a esa bruja descarada la debemos de quemar,
poneme los calzoncillos con una manga al revés
y un poquito de mostaza, y de seguro la coges....

Este tema lo saqué porque Don Rafael, el dueño de Ondina, nos dijo:

—Hombe, ¿por qué no sacan un número como de brujería?

Maximiliano sacó un tema y yo saqué el mío; Don Rafael me aceptó el mío, pues le pareció muy original; y es que óigalo y verá:

Mi mujer está aburrida porque me oye disvariar,
dice que yo tengo cuentas dizque con un animal,
la vieja que me ha agarrao no es una bruja cualquiera,
pues viene estrenando escoba sin saber lo que le espera,
Poneme los calzoncillos con una manga al revés
Y un poquito de mostaza, y de seguro la coges....

Como nosotros éramos tan santurrones —en ese tiempo—, Maximiliano me decía:

—Hombe, a mí me da una pena hombe, cuando cantamos esa BRUJA y dice que los calzoncillos al revés; a mí me da mucha vergüenza.

El conjunto de nosotros tenía mucha fama, y un día Don Rafael Valencia, vio y escuchó cuando estábamos tocando en una de esas famosas amanecidas, que eran comunes en nosotros; y me dijo a mí:

—Hombe, yo tengo por ahí unas letras, y yo quiero mos­trárselas a ver si ustedes me las graban.

Yo fui donde Maximiliano y Hernando y les comenté:

—Hombe, aquel señor que está allí, ¿me estará 'tomando el pelo'? pues dice que tiene unas letras y que si nosotros las canta­mos, él nos lleva a grabar.

Yo nunca había pensao en grabar, yo ni siquiera me imagina­ba qué era grabar, no tenía ni idea de cómo me escucharía gra­bando, pues yo sólo cantaba porque me gustaba mucho, y por­que parrandiar era muy sabroso; los tres éramos aguardienteros a morir, pero nosotros con el grupo le sacábamos jugo a la vida, y nunca habíamos pensao en grabar, ni tampoco pensábamos en algún día recibir dinero por la música; nosotros gozábamos cuan­do nos atendían bien, y sobretodo que la gente estuviera contenta bailando; recuerdo que los amigos nos llevaban a tocar, nos llenaban esas mesas de botellas de aguardiente y nosotros nos amanecíamos; fíjese que yo dejé el trago hace cuatro años porque me estaba degenerando; yo iba pa' degenerao cuando le pedí a Dios que me sacara de ese infierno, que me ayudara; y si Dios no me ayuda, todavía estaba bebiendo. Entonces Don Rafael— el de las letras—, nos dijo:

—Ensayen estas letras: EL DIABLO y LA CULPABLE.
Pero yo no sabía ni medir y yo no me sentía bien para grabar EL DIABLO.... ni nada, pues yo no tenía buena medida; enton­ces lo cantó Hernando, después lo cantó Maximiliano, y luego lo hice yo un poco más medido; entonces nos dijeron:

—Ensayen ustedes dos, Cano y Mejía, y vengan a grabar cuando quieran que nosotros les grabamos.

Comenzamos a ensayar, hicimos la 'muestra'; y la voz mía les gustaba mucho porque era una voz 'aguascada', una voz muy entrona pa'l pueblo; ellos saben cuando una voz puede ser bue­na, puesto que ellos en un principio me lucharon y me aguantaron, y luego yo grabé 120 discos.

El grupo nuestro gustó mucho, pues la gente esperaba el diciembre para preguntar:

— ¿Qué música ha salido de LOS DIABLOS?

LA PAPAYA, LA BRUJA, EL TIQUI TIQUI, EL CHOFER ENAMORADO, EL MICO, EL CONEJO, EL OSO; ¡no!, es que fueron 120 discos, que son 240 letras.

Nosotros tuvimos 15 años de vida artística; Maximiliano to­caba el acordeón, Hernando tocaba tiple y hacía la segunda voz y yo estaba de primera voz y tocaba maracas; en las grabaciones nos acompañaba además un hermano de Maximiliano, que toca­ba guitarra y también timbales.

Nosotros sólo nos presentamos en una emisora, La Voz de las Américas de José Nicholls Vallejo, en un programa llamado Guasquilandia.

Guillermo Buitrago no influyó en nuestra música, pues noso­tros siempre fuimos originales y no nos parecíamos a ninguno otro. Maximiliano tenía muchas composiciones, de las que yo recuerdo ASÍ CANTÓ MI PADRE y TODO UN HOMBRE; Hernando también componía, el hizo VÍSPERAS DE MADRE.

Mis dos compañeros fueron excelentes y yo no tengo nada malo para hablar de ellos; cómo le parece a usté, aguantarmen a mí todas esas borracheras; claro que ellos bebían, pero el más borracho era yo; no porque estén ya muertos, pero mis dos com­pañeros ¡fueron muy buenos! Hernando murió hace dos años de una enfermedad que lo asfixiaba, pero no era un fumador; y Maximiliano murió de una cosa que les da a los que toman mucho trago.... y nosotros tomábamos mucho trago. Maximiliano y Hernando eran cuñaos, pues Hernando era casao con una her­mana de Maximiliano, y ambos, me parece que eran de Armenia Mantequilla, y anote que la mujer de Hernando se llamaba Doña Lilia.

Hombre, a nosotros las casas disqueras no nos pagaron bien; y le voy a contar la triste historia de lo que pasó:

Nosotros estábamos inocentes y no sabíamos si eso de la música daba plata o no. Cuando grabamos EL DIABLO, eso se vendió por toda parte y entonces nos llamó Don Rafael —el de discos Ondina—, nos hizo un contrato para que le grabáramos otros diez discos, y nos dijo:

—Saquen letra y música al gusto de ustedes.

Como todos éramos compositores, entonces sacamos las canciones; pero ese contrato fue baratísimo, pues nosotros no sabíamos cómo se cobraban las canciones; entonces allí nos 'arro­paron', y nos explotaron durante diez años; no nos tenían como exclusivos, pero teníamos un contrato que no nos permitía grabar con otros, pero por esto no nos pagaban nada; en otras partes la exclusividad la pagaban bien, pero esto no se vio nunca con nosotros; terminaba el contrato y nos decían:

—Vamos a hacer otro contrato por tantos discos.

Los discos se vendían mucho, pero a nosotros nunca nos daban nada; vea, con EL DIABLO nada más, debimos haber conseguido plata. Por esto nosotros nos desilusionamos mucho y después sólo grabamos unos poquitos discos en Fuentes, donde recuerdo LA PAPAYA,

Hay qué papaya tan buena....

¡Ah!, y posteriormente tuvimos nuestro propio sello, que se llamaba Unión; claro que con lo que se movió nuestra música en Ondina—si ellos hubieran sido honrados—, nosotros seríamos millonarios.

Cada artista tiene su época; y cuando aparecieron LOS CORRALEROS DE MAJAGUAL, entonces nosotros comenzamos a bajar; pero en el tiempo nuestro, nosotros éramos los que mandábamos, pa' fiestas, pa' onde los ricos y tal cosa; ahora, el renombre que nosotros teníamos en los pueblos era ate­rrador.

Nosotros no grabamos canciones de Vega del Río, ni de Arturo Ruiz del Castillo, pues nosotros estábamos dedicados a la creación y nada más. No tuvimos que ver ni con José Muñoz, ni José Bedoya, pues no grabábamos música de otros grupos o cantantes. La música de nosotros no se parece a la de los demás; vea, yo no era músico de nada, pero Mejía y Ardila me formaron, ellos me hicieron al estilo de ellos y no cogíamos otros estilos diferentes.

En la familia de Maximiliano hubo mucho músico; y una cosa, ningún músico tocaba el acordeón como él lo tocaba, y eso que le faltaba una mano, que había perdido trabajando en Curtimbres de Itagüí; yo creo que Maximiliano nació para eso, y el acordeón que tocaba todavía lo tiene Emilio, uno de sus hermanos.

LOS DIABLOS nunca acompañamos a otros artistas, pues solo grabábamos lo de nosotros.

Maximiliano compuso ASÍ CANTÓ MI PADRE, y desde que yo la canté la primera vez, se me ponían los pelos de punta; claro que me salía, pues mi papá hacía poco que había muerto, ¿entiende?... y ni que la hubiera sacado pa' mí, porque dice así:

Despierta amor mío y asómate a la reja
 y escucha cariñosa lo que voy a cantar
mujer que te amo mucho, mujer quiero mirarte
asómate un momento que te quiero hablar.

Así cantó mi padre a la que hoy es mi madre
que en noches de verano la iba a festejar
al pie de su ventana con amor le decía
muy pronto amada mía te llevaré al altar.

Hoy sólo son recuerdos para mi pobre madre
porque hace ya mi padre muy solos nos dejó
 la muerte traicionera que lo estaba rodeando
del lado de mi madre a él se lo llevó.

Y así cantó mi padre a la que hoy es mi madre
que en noches de verano la iba a festejar
al pie de su ventana con amor le decía
muy pronto amada mía te llevaré al altar.

¿Cierto que es una letra muy verrionda?... ¿cómo le parece que yo se la llevaba de serenata a mi mamá?, y a mí se me ponían los pelos de punta cada vez que la cantaba.
Cuando íbamos a grabar, nosotros nos íbamos los tres: Maximiliano, Hernando y yo, y allá ponían el resto del grupo de cuenta de la fábrica; no recuerdo quién fue que nos acompañó, pero allá tenían de todo: guitarristas, bajistas, de todo; ¡ah!, Don Jesús Vanegas nos acompañó en el bajo muchas veces y también Luis Eduardo Gutiérrez.

¿No le parece mucha gracia a usté, uno grabar todas esas ‘guasquiaítas’, y durar 15 años grabando?

¿Cómo le parece las carajadas que grabábamos?, hombe.... y se vendían hombe; dizque EL CACHO,

Don Joaquín toque ese cacho
para llamar a los peones....

Cuando íbamos a grabar EL DIABLO, le decía yo a Hernando y a Maximiliano:

—Hombe, ¿qué digo yo al comienzo, antes de arrancar la música del DIABLO?

Y entonces se me vino, voy a decir:

¡Hay viene el diablo viejitas habladoras!

Y yo lo tenía pa' decirlo al comienzo, pero no me dieron tiempo, pues yo estaba muy 'bisoño', entonces lo dije cuando se iniciaba la introducción; y pa' que vea, eso gustó.

Alejandro Sarrazola si nos acompañó alguna vez a nosotros.

También grabamos otra canción que era como continuación de EL DIABLO y se llamaba LLEGARON LOS DIABLOS:

Aquí llegaron los diablos y vinieron a barrer,
 llevando viejas chismosas a los infiernos a arder
que se escondan doña Juana, Tránsito y hasta Jael,
porque si ellas no se esconden ellos las van a joder....

Hernando Mejía sacó también:

Examine pues doctor y sepa examinar....

Claro que ésta no la querían sacar dizque porque era muy vulgar, que era una ofensa pa' la misión de los doctores, y que nos les convenía eso porque era un descrédito, pues dice:

Me siento bastante enferma, tráigame mijo el doctor,
pa' que'l cuerpo me examine y me mande pa'l dolor,
es que 's una cucaracha, tiene barbas como el grillo,
sobe que sobe doctor hasta que se me deshinche....

Y que era vulgar, porque como esos doctores se las saben todas, entonces la prohibieron.... y que era una vulgaridá. A nosotros la Curia nos molestaba por cualquier carajada, y a éstos de hoy en día que dicen 'hijuetantas' en todas las canciones, a éstos no les dicen nada; en realidad nosotros no fuimos vulgares, sino que cogíamos la cosa con doble sentido; ¿qué vulgar va ser decir, que la cucaracha tiene barbas como el grillo?; pero era la gente la que se imaginaba otra cosa y decían:

— ¡Ah!, esos DIABLOS tan vulgares.

El artista de música parrandera que yo más admiré en ese tiempo, era José A. Bedoya.

Estando yo de 14 o 15 años, escuché otra canción que tam­bién se llamaba EL DIABLO, no sé de quién era, pero se trataba de un diablo muy distinto.

A mí me gustaba la música fina, pero estos dos compañeros me volvieron 'guasca'; yo era muy gomoso por todos los cantan­tes finos y las óperas, yo iba a ver las Compañías que se presen­taban en el Teatro Bolívar.... pero la voz no me dio pa' eso,

Esas perlas que tú guardas con cuidado
En tan lindo estuche de peluche rojo
Me provocan nena linda en loco antojo
Y besarlas beso a beso enamorado
Quiero verlas como chocan con tu risa....

A mí me gustaba toda esa música, pero Hernando y Maximiliano me volvieron 'guasca'.

Los cantantes consagrados del país y que grababan en otras casas disqueras, a nosotros nos miraban como 'rata aplastada', y decían:

—Cantan muy mal, pero venden mucho.
A nosotros nos hicieron mucha propaganda, y son tan des­carados en Ondina, que decían que nos pagaban poquito, dizque porque la propaganda también valía.

Cuando nosotros grabamos, era con la botella de aguar­diente ahí, porque de lo contrario no era bueno.

Una vez nos llevaron a una finca de unos mafiosos, y amanecimos; y resulta que yo en el repertorio tenía muchas canciones de esas que cantaba EL DUETO DE ANTAÑO: FLORES DEL PASADO, LAS ACACIAS, y muchas otras; tocamos hasta las cuatro música de baile, pero como a esa hora ya la gente estaba cansada, yo me puse a cantar toda esa música fría, despertó toda esa gente y se subieron otra vez los ánimos; porque es que la música es buena o mala, según el momento.

Yo era como el más travieso de los tres, era el que le hacía meter la pata a todos ellos; una vez estábamos tocando en Sabaneta, y ellos tenían que venir a coger turno a Curtimbres a las cuatro o cinco de la mañana, pero resulta que el río Medellín estaba crecido, y nosotros estábamos de 'cachacos' —yo estaba estrenando uno zapaticos ese día—; entonces por no dar la vuelta por Envigado, yo dije:

—Hombe, atravesémonos por aquí; y si se muere uno, pues nos morimos todos; cojámonos en cadena.

Iban a ser las cuatro de la mañana, yo me metí adelante, pero todos íbamos en cadena; ese río en el pecho, y yo todavía no me explico cómo pasamos.... travieso que era uno.

En esta entrevista recuerdo una canción que dice:

Estoy con mi dolor como los viejos
contando historias de mejores días....

Ahora vivo muy bueno sin tornar trago, pues me hastiaron todas esas parrandas; incluso LOS DIABLOS se acabaron, por­que yo me retiré cuando me di cuenta que tanta borrachera me estaba perjudicando; yo hablé con ellos y les dije que consiguie­ran otro cantante.

— ¿Pero cómo nos vas a perjudicar?

— Es que si no me retiro, el perjudicado soy yo.

Entonces, después que yo salí, ellos se fueron desorientan­do, hasta que se acabó todo, en el año 84 aproximadamente".

No hay comentarios:

Publicar un comentario