INSTRUCIONES

INSTRUCIONES: Apreciado visitante, en la parte final del blog encontraras una ventana de reproducción donde podrás ver y/o escuchar algunas melodias parranderas. En la parte derecha del blog podrás encontrar los enlaces a otros blogs de mi autoría así como el listado de artistas presentes en este blog.

Para comprar el libro LA MUSICA PARRANDERA PAISA de ALBERTO BURGOS HERRERA, puedes comunicarte con el autor al teléfono (57) (4) 332 4652 de Envigado, Antioquia, Colombia o al correo: albertoburgosh@hotmail.com

jueves, 27 de enero de 2011

ALEJANDRO SARRAZOLA QUINTERO


Biografía de Alejandro Sarrazola Quintero

Todos los cantantes y compositores de la música parrandera sin excepción alguna, mencionan al "viejo Sarra" —como cariñosamente le llaman—; y este hombre que en un comienzo solo tocaba un instrumento sencillo como la guacharaca, se convirtió en pilar grande para el sostenimiento de esta música, y después se transformó en cantante; dicen los que lo conocieron en sus tiempos juveniles, que no hay en la música parrandera, un vocalista de valor que no haya sido acompañado por Alejandro Sarrazola; muchos dirán que lo que hacía Sarra era sencillo, pero el gusto, la alegría, el sabor, el ambiente que este hombre contagiaba a vocalistas y conjuntos se puede considerar único.

Sarrazola en la música parrandera pasó a ser una institución y por este motivo, todos sus antiguos compañeros lo recuerdan con cariño, y cuando se refieren a él, siempre lo hacen con una sonrisa en los labios.

Sarrazola ha sido un bohemio, parrandero, dicharachero y bebedor; a mí me lo presentó Gustavo Escobar Vélez —locutor e investigador de Radio Bolivariana—, lo invité a mi casa y al día siguiente, muy cumplido, se presentó en ella; departimos mucho rato, y este hombre amable, alto, canoso, todavía muy derecho, buen aguardientero (se tomó un litro en cuatro horas), alegre, ri­sueño y anecdótico, esto me contó:

"Yo nací en el municipio de Valdivia (Antioquia), el 2 de sep­tiembre de 1927, y cursé mis primeros estudios en una escuela rural del municipio de Yarumal, donde hice hasta quinto de prima­ria; me trajeron a Medellín siendo muy 'mediano', y en Medellín mis labores fueron otra y otra y otra, es decir muchas labores, fui lavador de arena, ayudante de albañilería y fue transcurriendo el tiempo, no tan a la carrera como ahora.... yo creo que en ese entonces el tiempo andaba como más despacio, ¿o no?, ¿o será creencia mía?

Un hermano mío me recomendó para una empresa america­na llamada Nimar Ltda., donde se fundía el plomo, pero a mí me nombraron como agente viajero; con esa entidad duré como 3 años y me tocaba viajar a todo el país, Pereira, Armenia, Manizales, etc.; y alguna vez estando en Barranquilla, en ese tiempo estaban funcionando algunos números musicales de Guillermo Buitrago; el hombre estaba pegando muy fuertemente; y siempre con la ilu­sión de hacer algo en la música, pues ésta me corría por las venas, me nacía, me brotaba, entonces estando en Barranquilla, aprove­ché la cercanía y me fui a Ciénaga (Magdalena), a conocer a Guillermo Buitrago; eran los días finales del 48, o una cosa así... cruzamos el río Magdalena en ferri o transbordador y en el otro lao cogí una berlina que me llevó a Ciénaga Grande, donde me dijeron:

— ¡No!, él no vive aquí, el vive en Ciénaga de Oro que es una población aquí muy cercana, debe coger otra berlina.

Llegué a Ciénaga de Oro a las 2 de la tarde, mirando para un lado y para el otro y de pronto observé un aviso a mi izquierda que decía, Bar Buitrago; acababa de abrir el administrador que precisamente era primo de Guillermo.

—Señor, es tan amable y me dice ¿dónde puedo hablar con Guillermo Buitrago?

—Él no viene hasta las 4, si quiere puede esperarlo.

Me senté a tomarme una cerveza, y a las 4 en forma precisa, llegó Guillermo Buitrago, arrimó hasta el mostrador y el primo le dijo:

—Allá hay un cachaco que quiere hablar contigo.

Se me acercó Guillermo; yo no lo conocía pues todavía no se publicaban fotos de él, dado que apenas se estaba perfilando como figura.

—A sus órdenes.

— ¿Usted es Guillermo Buitrago?

—Sí señor, yo soy Guillermo Buitrago.

Se sentó y comenzamos a dialogar, una cerveza y otra cer­veza, y a las 6 de la tarde llegó el marcante Ángel Fontanilla y se presentó, y a las 7 de la noche llegó el 'mocho' Cruz que era el guacharaquero; como a las 9 ya el grupo estaba completo, pues siempre eran estos tres músicos estables, y otro que era cualquie­ra pero no estable; y me dice Guillermo:

—Cachaco, ¿vamos a Santa Marta?

— ¿Cómo así?, si aquí estamos charlando sabroso.

—Tengo deseos de ir a Santa Marta.

—Por algo será muchacho.

Yo ya le estaba cogiendo un poco de confianza; él era un tipo alto, de unos 1,75 de estatura, pelo lacio más bien rubio, narizón, ojos cafés y muy amable.

—Guillermo, perdóneme la pregunta capciosa, pero ¿cuál será el motivo para ir a Santa Marta?

—Cachaco, es que allá tengo un dolor de cabeza, y yo quie­ro ir contigo a darle una serenata a ese dolor de cabeza.

Como yo en ese tiempo ya había grabao dos o tres disquitos, estaba muy animao en compañía de esta gente que ya sonaba por todas partes, en cambio los disquitos míos ni al mercao los habían lanzao.

—Hombe, vamos a Santa Marta, ¡cómo no!

Cogimos una berlina pasadas las 9 de la noche; pero antes él me dijo:

—Cachaco, yo estoy preparando este número:

Por el amor de Claudia, por el amor de Claudia
por el amor de Claudia me vo' a toma un veneno
Si me sigue molestando, ve te diré que soy ajeno....

No sé si esa muchacha era de Medellín, pero sí era del inte­rior; la familia de ella tenía allá una parcela con unos animalitos y entre ellos un buey, y por eso dice:

La cachaca tiene un buey, la cachaca tiene un buey
la cachaca tiene un buey que lo llaman la esperanza....

Así es como yo lo entiendo. Fuimos a Santa Marta y le can­tamos como 4 o 5 canciones a la pretendida, algo vallenato y dos o tres bambucos, pues el hombre apenas estaba puliendo la obra que hablaba de Claudia; después nos entramos por ahí a los ba­res, nos regresamos como a las 5 de la mañana, y otra vez llega­mos al bar Buitrago; a las 10 de la mañana me volví a Barranquilla y después a Medellín, a donde llegué con mucho entusiasmo.

Mi papá sí surrunguiaba un tiple por allá en la montaña, pero no era músico, no sabía ni templar y mucho menos ser profesio­nal; yo siempre he dicho, PARA SER HAY QUE NACER, y creo que yo nací con esa cosa de la música, porque le cuento, que cuando yo tenía 4 o 5 años por allá en una vereda de Valdivia abajo se escuchaban mucho, VALENTE Y CÁCERES, LOS ROMANCEROS DEL CAUCA, BRICENO Y ÁÑEZ, EL CONJUNTO AMÉRICA y todos esos; entonces había en la casa una vitrola de madera y mis familiares compraban discos de 78 R.P.M. que pesaban casi un kilo, pues por allá bajaba cada 20 días un paquetero o vendedor de discos; como en mi familia ha­bía seis mujeres, entonces ellas eran de mucho ambiente y eran quienes seleccionaban la música —en la casa éramos seis muje­res y tres hombres y yo era el menor de todos—, y yo no sé por qué y todavía me pregunto a la edad de 71 años, por qué motivo y razón, yo cuando tenía 5 años lloraba al escuchar una canción de esas tristes y sentimentales; y por eso yo me atrevo a decir que nací con esa vaina musical que me regaló Jesucristo; yo no tenía amores ni nada y con canciones como:

Te burlaste de mi amor porque sabías
que te amaba con loco frenesí
sin saber que más tarde volverías
a postrarte de rodillas ante mí....

Yo escuchaba esas melodías y me ponía a llorar a moco tendido, aunque no me dolía nada; entonces yo creo que nací nostálgico.... y por otra parte me gustaba.

Mi padre se llamaba Alejandro Sarrazola, y mi madre Zoila Rosa Quintero.

Yo solamente toco guacharaca, maracas, bongó, y hasta aquí; pero lo cierto es que cuando en las empresas iban a grabar músi­ca parrandera, siempre decían:

—Llamen a Sarra, llamen a Sarra.

Entonces yo me mantenía de aquí pa' allá y de allá pa'cá.

Antes de hacer mis primeras grabaciones como solista, yo integré el conjunto de Carlos Enrique Muñoz, quien era un indivi­duo un poco 'idiático'; Carlos Enrique eran una persona que gus­taba de los músicos callejeros y muchas veces estábamos por ahí, tomándonos unos tragos.... y entraba alguien que tocaba clarinete por ejemplo —porque a él le gustaba todo lo que fuera de viento, clarinete, saxo, trompeta, en fin—-, entonces entraba alguien, y Carlos Enrique le decía:

—Oiga hombe, ¿usté quisiera grabar un disco conmigo?

Entonces en el grupo de’l, tocó mucha gente improvisada, de los cuales yo no recuerdo los nombres; se ensayaba dos o tres veces, no se preguntaba la procedencia de nadie y así se grababa, y sólo interesaba que el elemento respondiera; esto era en 1949 y este personaje era, un poquito bajito, más bien batato, ni muy robusto ni muy delgado, carilleno, de pelo indio, natural de Honda (Tolima), maravilloso compañero, tipo sin problemas, muy fogoso y poco organizado, pues ninguno de nosotros llevó estadísticas ni apuntó fechas; el conjunto de Carlos E. Muñoz es de los pioneros de la música parrandera; claro que ya estaba el 'Mono' González, pero nos llevaba muy poquito, pues los discos de’l todadavía estaban sonando; y aunque Buitrago sonaba mucho, nosotros—el conjunto de Muñoz—, no nos pegamos de esa cosa, porque cada cual hacía lo suyo, y eran músicos diferentes; los costeños en sus grabaciones eran regionalistas y nosotros no, y la música de nosotros ya tiene la picaresca paisa; el conjunto de Muñoz se acercaba mucho a la realidad, pero poquito se podía hablar, porque en ese tiempo también había guerrilla, sin embargo hubo canciones como SE ACABARON LOS PEREQUES:

Oiga señor Don Petaca
brinde por la liberta
no se haga como una estaca
que lo vuelven a aplanchar.

Aquí están lo guerrilleros
contando sus sinsabores
sin camisa y sin sombrero
comprando los pantalones....

Esa vaina era una cosa política, pero que a él le surtía aunque era poco lo que sabíamos de'sas cosas.

Después de Carlos Muñoz y en tanto suba y en tanto baje, apareció Luis Carlos Jaramillo, que era sombrerero y trabajaba sombrerería en Guayaco.

Yo trabajé con LOS TUMAQUEÑOS, LOS YAKUES, o ellos grabaron conmigo, yo no sé cómo es la cosa; y antes de yo ir a la costa, a mi entrevista con Buitrago, yo había grabao un disco para Óscar Villegas Giraldo, quien tenía el sello Discos Canadian y en esa grabación los que me acompañan son Luis Alberto Yakup y Edilberto Quiñónez, LOS TUMAQUEÑOS, ese tema se llamó EL CUCARRÓN.

Después grabé en Ondina un valsecito llamado POR TI MUJER, y un pasillo NO ME SUPLIQUES, esto fue como a finales de 1949.

A Luis Carlos Jaramillo como que le fluía y una vez se nos pegó en un ensayo; después nos invitaron a una fiesta y allá esta­ba Luis Carlos Jaramillo y a él le daba era por cantar tangos; ¡sí!, lo digo ante Dios y ante los hombres, le daba era por cantar tangos; y yo tal vez, con una visión profesional, un día le dije:

—Hermano, esa no es la música pa' usté; usté no es ningún argentino, usté es criollo lo mismo que soy yo; cante musiquita parrandera a ver si de pronto hermano, pues nosotros no somos pamperos hermano.

Entonces Luis Carlos Jaramillo me hizo caso, me obedeció y las cosas comenzaron a cambiar para él, que era un tipo sin comentarios, buen amigo, no tenía algarabías, era sencillo, humil­de, santabarbereño, no era personalista y en una palabra sencillo de punta a punta; entonces él hace una obra que se llama EL DOLOR DE OÍDO, que fue la primera que él grabó; nosotros íbamos a ensayar pero como Carlos Muñoz se había regresao a Honda; Luis Carlos ensaya su canción con LOS TROVADORES DE LA VEGA —Antonio y Luis Eduardo Gutiérrez—; y allá en los ensayos se enamoró de Margarita, una hermana de LOS TROVADORES DE LA VEGA. Llevamos la 'demostra­ción' de la obra a Codiscos y se la aceptaron.

—Voy a pedir 100 pesos —me dijo.

—No te los pagan.

—Entonces voy a pedir 80 por la grabación.
Y así fue, pidió 80 y le ofrecieron 50.

—Eso es muy poquito Alejandro.

—Pero pensá una cosa Luis Carlos, es tu primer disco, y si el público te acepta, hay tenés las puertas abiertas pa' grabar más.

Entonces lo acompañamos LOS TROVADORES DE LA VEGA, Tulio Quintero en el bajo, un muchacho José y yo, y eso obtuvo una respuesta maravillosa del público, fue un éxito tre­mendo, y le abrió las puertas a Luis Carlos Jaramülo.

Yo solamente tengo entre 30 o 32 composiciones; pero gra­bé unas 260 obras cantadas por mí, y no contando las que acom­pañé con coros y guacharaca.... que son muchísimas; 260 canta­das por mí. Interpreté y grabé en ritmos como corrido, ranchera, pasillo, vals, tango, pasacalle, albazo, merengue, currulao, porro, paseo, guaracha y toda esas cosas.

LA FÓRMULA es un paseo, pero hecho por ocurrencia, pues uno oye hablar de que la suegra es un dolor de cabeza, que no se las aguanta nadie, que dichoso Adán que no tuvo suegra y me dio por hacer esa canción:

A mi suegra que quiero con locura
y que tanto me duele ver sufrir
por pura suerte me pude conseguir....

Y me cuenta un amigo mío, que una vez compró este disco y se puso a escucharlo en la casa; ahí estaba la suegra y me contaba mi amigo:

—Esa señora se enfureció hermano y me iba a dar garrote, pero lo mejor era que me quería quebrar el disco.

Y como que le decía:

— ¿Con que eso lo canta un amigo tuyo?, ¡cómo será de buen marido ese hijueputa!

También tengo otras composiciones imaginarias, por ejem­plo una canción titulada LARGA ESPERA, de la que fuentes au­torizadas me cuentan que se vendieron 220.000 copias; claro que las empresas disqueras que son vampiros chupa sangres y un poquitico más, nunca le cuentan a uno las cifras; ese disco no se oyó aquí, ese disco yo lo cogí en Radio Nacional de Costa Rica —en forma accidental— y cuando pasó la melodía, dijo el locutor:

—Acaba de pasar la voz del colombiano Alejandro Sarrazola, y su título LARGA ESPERA, en ritmo de pasacalle.

Esa canción la han grabao, LOS GATOS PARDOS del Perú, LOS HALCONES de Venezuela, LOS HINDÚES de Venezue­la, Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas; ésta es una canción imagi­naria de una novia que la mandan a estudiar a otro país, se va en barco, yo la acompaño al muelle, ella se despide con un pañuelo en la mano, hasta que'1 barco se pierde.

Yo lavaba arena desde las 4:30 de la mañana, pero a las dos de la tarde ya estaba ensayando la música con el uno y con el otro; sólo nos dedicábamos a las grabaciones, no teníamos pre­sentaciones. El compañero arenero a veces se disgustaba conmi­go porque yo le decía:

—Hermano me tengo que ir, venda usté esos dos viajes de arena.

— ¡Yo no voy a vender eso!

—Entonces déjelos que se los llevé el río, pues al fin y al cabo, lo que por agua viene, por agua se va.

Y me venía a ensayar, porque yo en lo que estaba, estaba y a mí no me importaba que se perdieran esas voliadas de pala y parigüela, ni manos hinchadas, ni los callos, ni nada, ni la arena.... ni nada.

En cierta oportunidad iba yo por la carrera séptima de la ciudad de Bogotá, cuando vi un aviso, Discos Vergara; en ese tiempo yo tenía una fuente, que muchas veces me daban la 1 o 2 de la mañana sin poderme dormir, y desvelao totalmente.

— ¿Qué me pasa que no puedo dormir?

Entonces me levantaba, escribía una canción, y me quedaba profundo; en ese tiempo también, yo era como los estudiantes, pues pa' toda parte andaba con mis cuadernos y mis canciones escritas; entonces yo entré a Discos Vergara:

— ¿El señor Vergara se encuentra?

Salió un señor alto, robusto, que parecía un canecón:
—Gregorio Vergara a sus órdenes.

Le conté sobre mis composiciones, y me dijo:

—Venga mañana y haga la 'demostración', y por guitarrista no se preocupe que yo le consigo uno.

Al otro día llegué a las 10 de la mañana y ya me tenían el guitarrista, un negrito, batatico, con carita de mico, y se llamaba Julio César San Juan, alias Buitraguito; hicimos la 'demostración', rancheras, corridos, en fin, y así me como también conocí y traté a Buitraguito. Me dieron turno de grabación en Vergara, pero la noche anterior —como yo era agente viajero—, me llamó la com­pañía para que me reportara inmediatamente en Medellín, y en­tonces perdí la grabación en esta empresa, aunque ni siquiera ha­bíamos arreglao los precios ni nada.

Las compañías donde yo he grabao son: Silver, Ondina, Fuentes, Sonolux, Victoria, Colombia, Codiscos.... y en casi todas.

Yo llegaba a un estudio de grabación, me quitaba el saco, me quitaba la camisa y empezaba de aquí pa'llá y de allá pa'cá.... como un loco.... en todo el estudio.... concentrao.... concentrao; yo previamente había ensayado los números, entonces yo iba como una locomotora sobre rieles; y cuando llegaba la hora de la verdá, todo me salía muy bien, pues yo todo lo hacía concentrao.

Yo grabé con Gildardo Zapata y Hugo Zapata, quienes me puntiaron EL DIABLO SON LAS MUJERES, ENTRE DOS, LA HÚNGARA.... y cantidades de cosas; con Arcesio Salazar hice LOS CANTINEROS, LA MINIFALDA y más; también trabajé con Manuel Suescún, que es quien puntea todo lo que sale en el L.P. DON PLACERES.... y trabajé con muchos otros.

A mí me gustaban mucho las obras de Vega del Río —Luis Eduardo Castro—, que era un compositor muy imaginario, de muy buen corte, mucha métrica, mucha rima y mucha consonan­cia; muchas veces nos reuníamos nosotros, ahí en el Portón Rojo de Carabobo, o en La Gruta, y él traía dos o tres obras escritas pa' poderle entender.... porque hablando no le entendía nadie; eso sí, escribía muy bonito, a mí me gustaba mucho y era un hom­bre que llegaba al pueblo, al campesino; ¡ese tipo era una verriondera!

En el disco L.P. DON PLACERES, figura como composi­tor Manuel Vásquez, pero ese no era ningún compositor, era un vendedor de huesos en la Plaza de Mercado, tenía un puesto pa' vender huesos; era buena persona pero compraba obras musica­les, y como nosotros éramos tan borrachos todos, entonces Fabio Torres, Alfonso Muriel, Vega del Rio, Alejandro Sarrazola allá íbamos y le vendíamos una obra por 15 pesos, y nosotros se la entregábamos GRABADA; todas las obras donde figura Manuel Vásquez como compositor, son compradas a 15 pesos, cuando no era que nos despachaba con huesos; nosotros vendíamos obras por 15 pesos pa' beber aguardiente a 10 centavos, empeñába­mos los sacos y las chaquetas; ¡hombe!, y así nos fluía la mente, a pesar de tanto aguardiente.... ¡bendito sea Dios!

La música parrandera en Antioquia, la música picaresca em­pieza con Carlos Muñoz, el 'Mono' González, LOS TUMAQUEÑOS, Antonio Posada, Alejandro Sarrazola, en fin. Nues­tra música fue chorota, ordinaria o como la llamen, pero fue nues­tra, auténtica y no la hicimos copiándole a nadie. El campesino compraba nuestra música, pero nosotros para él no éramos im­portantes, lo era esa música que lo hacía brincar de alegría por allá en el patio de su casa.

Los dueños de las disqueras eran los amos de la cosa; y me inclino a creer que gente de trayectoria como José Muñoz, Gabriel Raymon o Germán Rengifo, tampoco pueden decir:

—Yo fui muy apreciao por los dueños de las disqueras, a mí me llevaban pa'llí o a mí me sobaban la maleta.

Con José Muñoz hice un L.P. en Victoria que se llama LAS TROVAS DE MODA y con unas vainas o relajos que digo yo:

Oiga Don Pocho, digo Don Pucho, diré Don Pecho,
digo Don Pacho

cómo le ardido, digo cómo le ha ido....

Y contesta José:

Yo vengo a que me vendas unos discretos
digo unos disquitos,
¿por qué no me muestra la ley del muerto?
digo la Ley del Monte....

La música bailable es pan pa' hoy, y hambre pa' mañana, pues eso se vende dos meses y no se vuelve a vender; y estas TROVAS DE MODA, habían pasado cuatro meses y todavía se vendían en toda parte, y la gente era cagada de risa y pregun­taban:

— ¿Quién sería el hijueputa que sacó esa güevonada?

Con LOS RELICARIOS yo tuve muy buen entendimiento.

Aquí no hubo ningún técnico, ni ningún oído como el del grabador Alfonso Correa, y eso que los equipos eran muy malos.

Ese señor, ese tipo o ese caballero Darío Gómez, con ese modo de antioqueño patiabierto o como sea, trabajaba en Codiscos como director artístico; claro que él y yo nos conocía­mos hacía rato, cuando tomábamos tinto en la Plazuela Nutibara con Luis Alfonso Muriel, León de la Roca, Vega del Río, y en fin; Darío Gómez.... PENSANDO EN ELLA.... él ahora tiene plata y puede decir otra cosa; pero si llegara el caso, yo puedo desmen­tirlo.... él con su dinero y yo.... con mis harapos. Pero un día yo le dije:

— ¿Vos por qué no haces un disco?

—No hermano, si el proceso de eso vale 85.000 pesos.

Yo fui uno de los que le dijo que hiciera discos propios y también se lo dijo Pedro Nel Isaza, León de la Roca, Muriel y todos, hasta que dijo:

—Lo de Sarra es buena idea.

Modestia aparte.... y ahora es el propietario de la disquera Dago.

Dios —a pesar de yo ser tan bruto—, se acordó de mí y me dio dos rayitos de inteligencia y por eso he hecho tantas can­ciones.

Lucho Bermúdez era talentoso, práctico y regañón; fue mi maestro, pues él fue quien me enseñó a conservar el ritmo, pues a pesar de mi entusiasmo y mi seguridad, yo no conocía la estabili­dad de los ritmos, entonces unas veces corría, otras en cambio iba colgao, entonces él desde allá de la cabina me gritaba:

— ¡Guacharacooooo!

Y yo creo que más de un millón de veces me mentó la mama, pero los sordos no oímos nada; incluso a veces a mí me daba rabia.

—Hombe, ¡pero si este señor no es mi papá!, ¿por qué me tendrá que gritar a mí hombe?

Pero algo llegaba a mi mente que me decía:

— ¡Pero es que'l es un maestro! y vos apenas sos un estú­pido.

Pero yo creo que él sufrió más conmigo, que no era alumno desaplicao, sino desorejao, muy desorejao, o sea que no había despertao bastante el oído musical.... y Lucho fue el maestro que me despertó el oído musical; yo toqué cencerro en la orquesta de Lucho y a pesar de que me regañaba, yo sé que me estimaba mucho.

Jairo Gómez fue el bongocero oficial en la música parrandera, y sino lo llamaban, él se metía.

Yo era un cacho duro, difícil de manejar, pero me volví gela­tina. ... ¿no ve que hasta entrevistas concedo?

Darío Gómez puede tener mucha trayectoria musical, pero no tiene más de la que tenemos nosotros, sin embargo Jesucristo lo coronó de suerte hasta las uñas; Darío antes de ser figura y millonario como es ahora, fue compañero de nosotros, y yo le admiro la suerte con que ha corrido. El que le dio renombre a Darío Gómez aquí, en Aguadas, Pacora o Salamina, no fue NA­DIE ES ETERNO, que es lo que cree la gente; el que le dio renombre fue PENSANDO EN ELLA, y ese fue el que le dio la plata, fíjese que él hacía sus primeros discos en la casa Victoria, incluso le llegó a deber a Otoniel Cardona —el dueño de esta empresa—, algo así como 6.000.000 de pesos.

Yo siento más la música fría que hice, que la parrandera, sin embargo mucha gente dice que soy mejor pa' la parrandera que pa' la otra:

Quererla fue mi delirio
y adorarla mi locura
y ya con sus traiciones
donde me aventó la infiel

al rincón de una taberna
a morir desesperao
y a servirle de payaso
 a todo ese mundo cruel....

Yo era músico, trabajaba en Envigado y ella se enamoró de otro.... y eso que tenía 7 hijos:

No sos más que una traidora
y te las das de señora
andando en particular....

Como el otro le puso carro, en cambio yo tenía que cantar y llevar serenatas pa' poder sostener la familia:

No creí que tu patada
me doliera en siete veces
por aquellos siete nombres
de los hijos que te crié
y así pues te lo repito
no sos más que una traidora
y te las das de señora
andando en particular....

Muy duro esto pa’l campesino:

De mí ya no necesitas
que dé una serenata
como antes yo lo hacía
para poderte mercar

si mi guitarra hablara
en tu cara te diría
que lo que por agua viene
también por agua se va....

Eso fue positivo, esa señora murió, era mi señora, pero le dio por conseguirse otro; entonces apoyado por mi cerebro, yo me dije:

—Voy a sacar esa vaina; este hijueputa se tiene que vender.

Y se vendió; que no me lo pagaron porque esos malparidos se robaron la plata, es otra cosa, pero se vendió porque se ven­dió; esa canción como le decía, fue mi propia vivencia y se llama LO QUE QUERÍAS.
¡Yo no me he muerto!, ¡yo fui figura!; sí señor, ¡yo fui figu­ra! ....pero hijueputa.... los años no viene solos".

No hay comentarios:

Publicar un comentario