INSTRUCIONES

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jueves, 27 de enero de 2011

CONSUELO PÉREZ


Biografía de Consuelo Pérez

Cuando uno incursiona en la música parrandera antíoqueña, y lo hace con conciencia y con amor, rápidamente se da cuenta de que la mujer más importante, la que más grabó de este tipo de música y la que más hizo duetos inolvidables fue Consuelo Pérez, a quien cariñosamente sus compañeros apodaban, "La Ñata"; claro que sin desconocer el trabajo que también hicieron Judith Arboleda, Amalia Rey y otras. Cuando avanzaba en esta labor de recuperación histórica de estos valores musicales paisas, la mayoría de ellos me preguntaban si ya había conversado con Consuelo Pérez, a quien todos recordaban con mucho cariño.

—Y, ¿dónde está Consuelo Pérez?

— ¡ Ah no!, ella se fue hace muchos años.... pa' Venezuela o algo así; y no ha vuelto a Medellín, no se volvió a saber de ella.

Consuelo Pérez, reside en Venezuela desde 1972, pero na­die, absolutamente nadie daba ningún indicio sobre ella; hasta que cierto día, me ñamó el gran músico, compositor, guitarrista y bajista Don Miguel Ángel Nova, y me dijo:

—Le tengo la dirección de Consuelo Pérez.

Inmediatamente le hice una larga carta a esta amable señor, y a un gran amigo que con frecuencia viaja a Caracas, le encargué que la contactara; Sergio Mejía —que así llama mi amigo—, habló con ella en la capital venezolana, quien le contó que ya había reci­bido mi carta; y ocho días después esta queridísima señora me envió su misiva, con la información que ustedes leerán a continua­ción; después me puse en contacto telefónico con ella, y estaba muy agradecida y emocionada, por haberla tenido en cuenta en este sencillo trabajo. Consuelo Pérez, como ustedes se darán cuenta, ya es una persona madura, sería, feliz y que vive bien en el vecino país venezolano; labora en una prestigiosa empresa, tiene un hogar que le brinda cariño y estabilidad, y en su modo de hablar, se refleja la satisfacción del deber cumplido y la paz de su alma, esa paz que se manifiesta cuando hay el convencimiento de que lo hecho estuvo bien hecho. Su pasado musical lo añora como gran época de su vida, y de todos sus amigos músicos tiene un gran recuerdo, recuerdo que siempre la acompañará, pues con una sonrisa en los labios y después de tantos años, habla de: Je­sús Vanegas, Arturo Ruiz del Castillo, Luis Eduardo Gutiérrez, Edmundo Arias, Óscar Velásquez, Luis Carlos Jaramillo, José Muñoz, Leonel Ospina, Miguel Nova, Gildardo Montoya, y de todos en general.

Esta es la carta de Consuelo Pérez:
Caracas 25 de agosto de 1999
Señor
Alberto Burgos
Medellín, Colombia

Estimado señor:

Ante todo reciba mis saludos y respeto; recibí con mucho agrado su carta y quedé muy asombrada y complacida con usted, ya que me ha tomado en cuenta para tan lindo detalle. Es bello recordar y revivir momentos agradables de mi vida que sin duda alguna, creo que fueron los mejores de ella. Es muy grato saber que existen personas como usted, que dedican su tiempo a una labor importante, pues fomentar nuestra cultura y crear sentimiento nacionalista en nuestros jóvenes es una tarea digna de admiración; con personas como usted se construye un país. Además se le agradece el haberme hecho revivir tantos bellos recuerdos en tan pocas horas; usted me causa una profunda satisfacción al que­rer incluirme en su libro. A continuación encontrará algunos datos que espero le sean de gran ayuda para construir una pequeña biografía de mi vida.

Nací en Santa Rosa de Osos el 8 de septiembre de 1931, allí viví los dos primeros años de mi vida; soy hija de Ana Débora Pérez Pérez y Rafael Pérez, de cuya unión nacimos cuatro hijos, Marco Fidel, Raquel, Sara y yo (María Consuelo Pérez), de los cuales han fallecido dos. Luego a causa de la muerte de mi padre mi familia decidió mudarse a Medellín, cuando yo cumplía dos años de edad. Crecí, estudié y me formé en Medellín. Puedo de­cir que tuve una infancia muy feliz; y a la edad de 16 años decidí trabajar como agente vendedora en una distribuidora de cosmé­ticos, propiedad del señor Alvaro Puyo Jaramillo, con ellos tuve la oportunidad de conocer y recorrer varios lugares tales como, Curazao, Aruba y Bogotá. Luego trabajé con una compañía nor­teamericana; con éstos también viajé, era vendedora de repro­ducciones fotográficas hechas a mano. Siempre estuve relaciona­da con asuntos comerciales, y de esos momentos de mi vida guar­do muy gratos recuerdos, pues me dejaron muchas satisfacciones.

Ahora bien, con relación a mi carrera musical, todo comen­zó cuando decidí participar como aficionada en un programa en la emisora Voz de Antioquia, el cual era dirigido por Jaime Trespalacios. Yo me inicié cantando música romántica, inspirándome en los boleros de la época, además sentía admiración por María Luisa Landin. Luego fui probando con otros ritmos, pues me gus­taba todo tipo de género; producto de ello fui galardonada, reci­biendo muchos premios como aficionada y todo esto me sirvió de estímulo para continuar y seguir adelante.

Por cosas del destino tuve la oportunidad de conocer al se­ñor Arturo Ruiz del Castillo, quien se encontraba en un pequeño taller, el cual utilizaba como estudio de ensayo para grabaciones; pasando por la carrera Palacé con Amador, escuché acordes de guitarra, me entró curiosidad, entré allí y conseguí gente que había conocido en los programas de aficionados, entre ellos Luis Eduardo Gutiérrez, Lucha López —famosa intérprete de música ranchaera—, Leonel Ospina —el mejor puntero de la época y quien me acompañaría más adelante a lo largo de mi carrera—, Jesús Vanegas y otros; fui recibida muy bien por el señor Arturo Ruiz, quien era el compositor con más éxito en la época, y mejor cono­cido bajo el seudónimo de Pancho del Prado; él ya había oído hablar de mí y tenía buenas referencias. Esa mañana se encontra­ban montando cuatro números bailables en la interpretación de Lucha López, pero los temas aún estaban crudos para ser graba­dos en las próximas horas; es por esta razón que, a sugerencia del señor Del Castillo me fueron cedidos dos números y éstos fueron LANIÑA EXIGENTE y CANTA EL GALLO. Luego del ensa­yo, el señor Del Castillo realizó una llamada al Maestro Lucho Bermúdez de discos Silver, manifestándole que tenía una nueva cantante y que la llevaría en forma incondicional. Posteriormente fuimos juntos a la disquera, claro que yo había ensayado todo el día; allí el Maestro Bermúdez pidió demostración de los números, y al escucharme exclamó:

— ¡Pero si esto está listo!, vamos a grabar.

Grabé LANIÑA EXIGENTE y CANTA EL GALLO, sien­do éstos los más grandes hits para la navidad del 57.

Luego del éxito, discos Silver me contrata por un año, para grabar con ellos 12 discos, uno por mes y todos de Arturo Ruiz del Castillo. Al terminar con este contrato paso a grabar con dis­cos Fuentes, y allí hago LA PAILA y SE QUEMARON LAS AREPAS, también grandes éxitos navideños; éstos fueron graba­dos con Judith Arboleda y Luis Carlos Jaramillo; por cierto tengo una anécdota de esta grabación:

"Comenzamos a grabar a las 10 de la noche y el asunto se prolongó hasta las 4 de la mañana, pero valió la pena, luego de terminar la grabación, nos la bebimos, nos la bailamos y para festejar ese día parrandeamos hasta las 8 de la mañana; después salió el disco a la venta y éste se vendió como pan caliente; pues se agotaba desde la misma fábrica".

Luego grabé con Codiscos el tema POR UNA COSA, con José Muñoz; este disco cruzó fronteras y luego fue regrabado por Carlos Argentino Torres con La Sonora Matancera; en Medellín no fue muy exitoso.

Junto a discos Fuentes y Codiscos grabé un sinfín de éxitos de los cuales sus nombres no vienen a mi recuerdo; sólo puedo decir que todo mi trabajo fue muy bien remunerado, pues en aquel entonces este trabajo era bien pagado. En la actualidad no recibo regalía alguna como fruto de mi trabajo y esfuerzo, por el solo hecho de no tener contrato con ninguna disquera.

Yo no poseo obras propias.

Debo señalar que ninguna de mis canciones fue vetada por la Iglesia, tomando en cuenta que en la época surgió una ola de ritmos con interpretaciones de doble sentido.

Recuerdo a un grupo de amigos y de compañeros de traba­jo, como, Tito Cortés con el que grabé CONTIGO, con arreglos de Edmundo Arias y la orquesta CABECENIDO, pero lamenta­blemente no tuvo mayor trascendencia. Edmundo Arias fue gran amigo, compositor y arreglista; Gildardo Montoya y Eduardo Gutiérrez, excelentes compositores y Don Jesús Vanegas un gran acompañante.

Mi música fue acompañada por diferentes conjuntos; tam­bién quiero contarle mi participación desde el año 58 hasta el 68, en el coro CANTARES DE COLOMBIA, una experiencia muy linda y apreciada por mí; dicho coro estuvo dirigido por el Maes­tro Luis Uribe Bueno.

Con relación a la música parrandera antioqueña, le puedo decir que al músico que más admiré, fue a Gildardo Montoya, y me inicié en ella por el señor Arturo Ruiz del Castillo.

En cuanto a mi opinión de SAYCO y ACINPRO, pienso que pueden ser organizaciones muy buenas, lamentablemente en mi época como cantante, yo no recibí ayuda ni asesoría alguna por parte de estas instituciones.

Estoy en Venezuela desde el año 1972, aquí vine buscando nuevas oportunidades, contacté al señor Óscar Molina, repre­sentante de Sonolux, pero no logramos concretar proyecto algu­no. Por mis propios medios conseguí un contrato para cantar en un night club por seis meses.

Estuve alejada de la música por mucho tiempo, hasta que hace cinco años volví a Medellín y discos Victoria me pidió regrabar LA NIÑA EXIGENTE; en el reverso de ese disco grabé EL APAGÓN, junto a mi sobrino Obed Osorio. Hoy en día trabajo para una importante empresa de publicidad internacional.

Como verá éstos son sólo fragmentos de mi vida y siento una profunda felicidad, cuando veo de alguna forma lo que fue y será la música para mí. También le cuento que tengo a alguien junto a mí desde hace 34 años, y es Claudia, mi hija, que sin duda alguna ha sido el mejor de mis logros y es a ella a quien le dedico gran parte de mi vida.

Quisiera poder ayudarle mucho más y para ello quedo a su disposición,

Atentamente,

CONSUELO PÉREZ.

***
Pero unas semanas después del recibo de esta carta, arribó a la ciudad de Medellín la querida señora Consuelo Pérez; y aquí pudimos comprobar que es toda amabilidad, señorío, cordialidad y satisfacción por la vida artística anterior y la vida profesional de hoy en día. La señora Consuelo, intérprete de canciones como:

POR UNA COSA, LA NIÑA EXIGENTE, BAILANDO EL VACILÓN y CANTA EL GALLO, con su forma serena de na­rrar esto me contó:

"Cuando yo tenía 7 años mis padres decidieron que nos viniéramos a Medellín, pues la situación económica en el pueblo era difícil; llegamos al barrio Buenos Aires, a Barrientos con Ayacucho. Entré a una escuelita que no recuerdo cómo se llamaba, termino primaria y empiezo a trabajar rápidamente para colaborarle a mi padre que estaba muy veterano y no podía tra­bajar como antes; ingreso a una fábrica de pañuelos en Palacé con Lima y ya tenía 14 años de edad.

Toda la vida me gustó la música, y desde muy niña yo canta­ba y bailaba; siempre mi inclinación fue por la música tropical... y también algunos boleros. En mi familia sólo un tío tocaba guitarra, pero a mí jamás me dio por aprender a tocar este instrumento y sólo me gustaba el canto; yo cantaba en la escuela en todos los actos públicos que allí se realizaban, e interpretaba las cancioncitas de niñez; allí me doy cuenta de que en realidad tengo aptitudes para el canto, entonces estando más crecidita me dedico con mi hermana Raquel a cantar a dúo en un programa de aficionados, donde teníamos el nombre de HERMANITAS PÉREZ; esto fue en la Voz de Medellín que en ese entonces quedaba donde hoy es el Teatro de Bellas Artes; ganamos premios, fue una época de mucho entusiamo, pero mi hermana se fue a hacer dúo con otra señora, e incluso lograron grabar.

Me hablan de Arturo Ruiz del Castillo y como puedo me le presento a este señor; por medio de él conozco a Antonio Colo­rado, Leonel Ospina, Sarrazola, Óscar Velásquez y otros que recuerdo con mucho cariño y que nunca olvido.

Mi primera grabación fue con Codiscos y se llamó EFRAIN, que era el nombre de mi novio en esa época de enamoramiento; era una melodía tropical:

Efraín baila guaracha
lo mismo que los cubanos...
Ésta era inspiración de Arturo Ruiz del Castillo. Después paso a Silver y ahí es cuando con Antonio Colorado, Leonel Ospina y Arturo Ruiz hago: CANTA EL GALLO, LA NIÑA EXIGEN­TE, BAILANDO EL VACILÓN, números que me los cedió otra cantante, que no recuerdo si era Lucha López. Estos números fueron ensayados en el taller de Arturo Ruiz y recuerdo que ni hambre nos daba; y si ésta aparecía, entonces mandábamos don­de Rosa la Peluda por un sancocho de oreja que lo vendía con yuca y papa; era una oreja amarilla, llena de aliños y la pasába­mos con Carta Roja (bebida de la Posada-Tobón). Ese día en que grabamos estos temas se logró el éxito y obtuve el contrato por varios años en la empresa Silver, entidad que se portó muy bien conmigo.

El maestro Arturo Ruiz del Castillo me insinuó que fuéramos donde Edmundo Arias, y con este maravilloso compositor y di­rector de orquestas grabé varias obras; y le puedo contar que con su agrupación —SONORA CABECENIDO—y Tito Cor­tés grabé el bolero CONTIGO, para el sello R.C.U.:

Aunque pasen años de terrible ausencia...

Después me conocí con Raúl López, Óscar Agudelo y toda la patota de Edmundo, Noel Petro, Chepito Giraldo, Julio Erazo y muchos que no alcanzo a recordar. Más adelante es que grabo LA PAILA y SE QUEMARON LAS AREPAS, pues también me había conocido con Luis Carlos Jaramillo en el taller de Arturo Ruiz.

El maestro Del Castillo tenía mucha facilidad para componer y entonces hacía obras exclusivamente para nosotros. En este mismo tiempo conozco a una gran compañera y amiga que es Judith Arboleda.... y también a Elisa Peláez, quien hacía dueto con Judith y las dos cantábamos en el coro CANTARES DE COLOMBIA, con Gustavo López, Miriam Araque, Jorge Ochoa y muchos otros.

En mi apogeo musical nunca me presenté en la radio, sola­mente hacíamos grabaciones, no nos llamaron nunca a la radio ni a los estaderos; con CANTARES DE COLOMBIA era muy di­ferente y evoco mucho las presentaciones que hicimos en San Andrés.... Recuerdo también que con el conjunto LOS FIES­TEROS me iba a presentar en una feria de Manizales, pero unas horas antes se me fue la voz y no lo pude hacer... ¿sería el frío? LOS FIESTEROS era un conjunto conformado por: Luis Eduar­do Gutiérrez, Alejandro Sarrazola, Leonel Ospina, Jesús Vanegas, Riaza en los bongoes, Trejos, Paniagua y Luis Carlos Jaramillo.
Yo grabé con José Muñoz y Germán Rengifo —LOS RELICARIOS— antes de hacerlo con Luis Carlos Jaramillo; y uno de los éxitos con este gran dueto fue POR UNA COSA... y otro fue SE LO LLEVÓ EL VIENTO.

Llegó entonces el momento en que no quería estar más en Medellín, quería salir, la música empezó a cambiar, nuestra músi­ca se fue apagando, poca demanda, vi que no valía la pena que­darme aquí, entonces decidí irme a Caracas, Venezuela, y allá vivo hace 23 años; me ha ido muy bien, me han tratado muy bien. Alla trabajé un año cantando en un sitio familiar, pero luego mi esposo me aconsejó que no siguiera, que no era necesario... y chao. Trabajo en una agencia de publicidad hace 15 años y tengo una hija con la que vivo muy feliz; mi esposo es español y se llama Manuel Vilardel.

Recuerdo con mucha satisfacción los tiempos de la música parrandera, pues con aquellos éxitos logré algo de lo que tanto ambicioné; claro que ahora me siento muy feliz cuando veo que todos ustedes todavía me recuerdan... ya lo de la música es re­cuerdo.

Le agradezco mucho la gentileza que usted tuvo para locali­zarme; eso me agrada muchísimo y se lo agradezco infinitamente".

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