INSTRUCIONES

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jueves, 27 de enero de 2011

MANUEL SUESCÚN


Biografía de Manuel Suescún

Cuando uno habla con músicos, compositores o cantantes, que de alguna manera tuvieron que ver con la música parrandera, casi todos comentan:

—Yo grabé con Manuel Suescún como guitarrista puntero.

Como me lo mencionaban tanto, entonces fui yo quien pre­guntó:

—Bueno, ¿y quién es Manuel Suescún?

—Manuel Suescún es un señor moreno, alto, puntero de los buenos y gran persona, pero que hace muchos años se retiró de la actividad musical y ya casi no se reúne con nosotros los mú­sicos.

Conseguí el teléfono de su casa, lo llamé, y de inmediato me di cuenta de la gran amabilidad y cultura de este hombre. Al día siguiente, llegó muy puntual al sitio de encuentro y efectivamente, es un señor moreno, acuerpado, como de dos metros de estatu­ra, que da la mano con todo el gusto y la calidez del caso, amable, educado, cortés, buen conversador, ameno en su charla y que hace 19 años está totalmente retirado de todo cuanto tiene que ver con la música popular; mas no de la música, pues sigue can­tando, sigue tocando igual o mejor, tiene un trío, pero ahora sólo le canta a Dios, a su creador, a su salvador, quien desde que Suescún se retiró de farras, licor y parrandas ha sido su guía y el faro hacia donde Don Manuel siempre se dirige.

Don Manuel Suescún con su porte, su paz interior, su ama­bilidad y su respeto por los demás, esto me comentó:

"Nací en Fredonia (Antioquia), el 25 de febrero de 1931; mis padres eran Roberto Suescún y Paulina Villa, fuimos seis her­manos, de los cuales el mayor también tuvo gran gusto por la música, pero no perseveró. Mi padre tocaba un poco de bandola y el tiple, pero de una manera irresponsable, pues las melodías sólo le salían parecidas. Nosotros vivíamos en el campo, casi que aislados de la sociedad y fuimos muy pobres, nos tocó cultivar la tierra, yuca, fríjol, maíz, papa, trabajar materialmente y si alguno estudiaba era sólo la primaria cuando más; nuestros padres tenían una visión muy distinta en cuanto al futuro de los hijos y les gusta­ba que uno trabajara para poder colaborar en la manutención del hogar; la economía de mi hogar fue muy reducida y sobre todo que mi papá fue muy tomatrago.

Mi amor por la música se inicia cuando yo veía tocar a mi papá con sus amigos en las fiestas, vísperas de matrimonios, en fin, yo miraba cómo tocaban el tiple y qué tonos hacían; yo tenía 5 o 6 años y mi papá no nos dejaba tocar los instrumentos porque estábamos muy niños, pero cuando él se iba a trabajar, muy al escondido, mi hermanito y yo tomábamos la lira y el tiple y empe­zábamos a tocar algunos tonos que habíamos visto la noche ante­rior; y cuando ya tenía yo unos 8 años, mi papá vio que sabíamos algunos tonos y entonces nos largó los instrumentos; mi padre fue mi primer maestro en cuanto a la visión, pero nunca me indujo a estudiar música, y a él tampoco había que aprenderle mucho, pues sólo tocaba por ahí pasillitos y acompañaba, pero no cantaba.

Mi hermano Octavio tenía 22 años y yo 20, cuando forma­mos un dueto y llegamos a Medellín, al barrio Villa de Guadalupe, que en ese momento apenas se estaba formando, escasas calles, muchas mangas y cero de pavimentación; yo tocaba la bandola y mi hermano la guitarra y el tiple, y de las primeras relaciones que tuvimos aquí fue con un señor llamado Alejandro Sarrazola que trabajaba lavando arena y nosotros laborábamos en una cons­trucción por Aranjuez; un sobrino de Sarrazola trabajaba con nosotros en la construcción y nos habló de su tío que cantaba y tocaba la guacharaca, y entonces nos hizo amigos.

La primera lira que yo tuve, la conseguí en la montaña, en Fredonia y cuando llegué a Medellín todavía la traía, y es más, todavía la conservo, pero se me olvidó totalmente interpretarla; fue construida por José Arbeláez y he querido venderla, porque cuando llegué a Medellín, yo me di cuenta de que la bandola no era un instrumento rentable, entonces vi la necesidad de tocar guitarra. Estaban los hermanos Gutiérrez —o sea LOS TRO­VADORES DE LA VEGA—, en su apogeo, y uno de sus dis­cos, ME VOY LEJOS, sonaba por toda parte, y uno de ellos —Eduardo— me vendió la primera guitarra que yo tuve, y en ese tiempo ellos para mí eran como dos monumentos.

Cuando uno ama la música, no ve la hora de algún día escu­charse en el disco; pero cuando uno se hace profesional, ya es un trabajo como cualquiera y a veces, hasta pereza le da a uno; pero al principio es una enfermedad en la que uno no ve la hora, y se desvela, y estudia y se humilla ante las casas de discos para ver si lo tienen en cuenta a uno, y hasta lograr conseguirlo; ¡hay que pagar un precio caro para llegar a la cima!

Mi hermano se fue lejos, se fue de la casa y yo me alié con Sarrazola y formamos el dueto LOS SARREZANOS, y hasta grabamos un disco de música fría pero no recuerdo el título; mi hermano se había colocado en el Magdalena Medio a trabajar en una hacienda y me invitó, me fui para allá y me quedé trabajando la ganadería; pero el disco de Sarrazola y yo se vendió mucho, entonces nos buscó discos Ondina para nuevas grabaciones; Sarrazola trató de localizarme, no me encontró y él las hizo con otro compañero llamado José Vélez; cuando regresé hicimos de nuevo el dueto, pero ya caímos a Sonolux, donde fuimos exclusi­vos para el sello Lira, durante 1960; a los dos años el dueto se desintegró, y me encontré con Pedro Nel Isaza y formamos el dueto LOS J1BARITOS, de los cuales quedó bastante música porque grabamos muchísimas canciones en todos los sellos, por ejemplo en Victoria hicimos COPAS Y LLANTO un pasillo de mucha venta, en discos Metrópoli hicimos LATIDOS DEL CO­RAZÓN, para discos Colombia hicimos SEIS COPAS, y en to­tal fueron unas 100 canciones casi todas hechas en 78 R.P.M., pero para discos Fuentes hicimos un L.P.

Yo me retiré de la música popular hace 19 años.

A mí me quedaron raíces parranderas después de que estu­ve con Sarrazola, pues ya tocaba la música de Buitrago, y de José A. Bedoya que comenzaba a brillar, y la tocaba en otro grupo con Alonso Puerta, hermano de Miguel Ángel Puerta, el del DUETO RIOBAMBA; y cuando ya los cantantes de esta música vieron que yo tenía swing para interpretarla, comenzaron a llamarme para que acompañara a uno y a otro; primero grabé un disco mío, en Silver, un paseo y la guaracha NO CUMPLIS­TE; después lo hice con Libardo Álvarez, LOS RELICARIOS, le puntié LAS TRABAJOSAS a Sarrazola y también EL CHO­FER ENGUAYABADO.... ¿cuánta música no grabaría yo, ha­ciéndolo durante 30 años?
A Agustín Bedoya le puntié mucha música y a Joaquín le puntié un número en Sonolux; trabajé mucho con José Muñoz, también con EL RELICARIO Germán Rengifo, y le puntié mu­cha música fría a los dos figurando como LOS RELICARIOS, boleros, tangos, pasillos en fin.

Gildardo Montoya había grabado algo con acordeón, pero hubo alguien que le habló bien de mí y un día se me acercó y me dijo:

   ¿Usté cuánto me cobra por hacer una 'demostración' en discos Colombia?, que yo estoy seguro que si voy con usté, me la aceptan.

   Esto lo recuerdo yo con mucho cariño, porque fui y lo acom­pañé y le escogieron unas canciones, EL CHOFER Y LOS BIZ­COCHOS, EL DE BOLOMBOLO, SECUESTRARON MI SUEGRA y otros; cuando regresamos de la 'demostración' me dijo:

—Bueno hombre, ¿cuánto le debo?

   ¿Qué me vas a deber?, no me debes nada, ¡a la orden!

—Entonces, tené yo te regalo estos 5 pesos hombre.

Gildardo siempre iba a mi casa en una moto que tenía, y cuando había que grabar me comprometía un mes antes, porque a mí me llamaba el uno y el otro y el otro; un sábado debíamos grabar, y el viernes anterior —como yo trabajaba en la Fonda Antioqueña—, laboramos hasta tarde, luego dimos unas serena­tas, me emparrandé y como a las 4 de la mañana me quedé dormido en una mesa; yo tenía que estar en discos Victoria a las 8 de la mañana, y a esa hora exactamente, desperté en la mesa y re­cordé el compromiso, miré y no vi mi guitarra por ningún lado, entonces le pregunté a un mesero:

—Hermano, ¿dónde está mi requinto?

 —No señor, yo no sé.

Un músico me prestó otro requinto y me fui pa' la fábrica; cuando toqué la puerta, me abrió Otoniel Cardona, el dueño de la fábrica y me vio todo borracho:

—Suescún, ¿qué le pasó?

—Don Otoniel, me emborraché, y vengo a decirle que así no puedo grabar.
Pero como yo tenía el swing, el sabor para eso, y él como empresario lo sabía, entonces me dice:

—Éntrese hombe.

Y llamó al administrador de la fábrica:

—Gabriel, consígale un par de sodas a Suescún, y un par de Alka Seltzer.... y usté siéntese por ahí.

Allí estaban, Joaquín Bedoya, Neftalí Alvarez, Gildardo Montoya, José Muñoz y yo era el puntero; dormí como hasta las 9:30 después de tomarme el brebaje, pero Don Otoniel no quiso llamar otro puntero; comenzamos a grabar un L.P a las 10 de la mañana, terminamos a las 4 de la tarde, y el disco se llama DELE POR AHI, que lúe uno de los grandes éxitos en la vida de Gildardo.

Varios cantantes me esperaban a mí cuando yo tenía otros compromisos, porque les gustaba grabar conmigo, pero no por­que yo era un gran músico.... sino porque tenía swing.

En mi estilo creo que no tuvo que ver Guillermo Buitrago, pero estoy seguro que sí tuvo que ver José A. Bedoya, a quien yo le he admirado el gusto y el swing con que toca. José A. y todos ellos son muy amigos míos, pero José A., era un poco egoísta para puntiarle a los demás, pues él sostenía que si le puntiaba a los otros su estilo se quemaba.

Yo puntié unas pistas para una orquesta argentina, donde se incluían dos guitarristas, siendo el otro un gran músico, Lito Paniagua; allí todos los músicos leían, menos yo, que hice el tra­bajo contando compases, mientras ellos leían yo contaba compa­ses; en la grabación sólo se falló en dos ocasiones.... y yo no fui el que falló.

Antonio Posada era un culebrero, y Carlos Muñoz era un barbero de aquí de Aranjuez, que se fue para La Dorada y allí murió. Yo conocí a LOS TUMAQUEÑOS, pero como músicos me parecían muy regulares, fueron amigos míos y cantaban bueno.

A Luis Carlos Jaramillo lo acompañé en muchas grabacio­nes y casi en todas las casas disqueras, y en ese entonces en el grupo de Jaramillo, estaba Miguelito Ospino en la trompeta, a veces el clarinete lo tocaba Ramón Paniagua, también estaba Alejandro Sarrazola en los coros, la guacharaca y la animación.... y otros músicos que no recuerdo.
Yo trabajé en unos almacenes de aquí de Medellín, pero el sueldito era muy reducido y casi no me alcanzaba; ya la música me daba algún dinero, pero a mí me daba miedo retirarme de los almacenes, porque pensaba que con la guitarra no iba a ser capaz de sostenerme; un día me encuentro con Sarrazola y conversa­mos del tema, entonces me dice una frase que la recuerdo toda la vida:

   ¿Cómo que le da miedo dedicarse de lleno a la música, porque teme no ser capaz de sostenerse?... me sostengo yo con una guacharaca, ¿no se va a sostener usté con una guitarra?

Y esto fue de gran ánimo para mí, y me hizo abandonar el empleo que tenía en el almacén y por fin dedicarme de lleno a la música; las palabras de Sarrazola, me ayudaron siempre a ser quien soy en el ambiente artístico.

Para mí, quien inició la música parrandera en Antioquia fue Carlos Muñoz, y también Luis Carlos Jaramillo.... aunque hubo muchos en esa época.

Cuando Félix Ramírez acaba LOS TROVADORES DEL RECUERDO, entonces sigue grabando con Eva Arbeláez, y es a mí a quien le toca puntiarles sus canciones.

Con Judith Arboleda grabé muchas veces, y hasta pa' Ve­nezuela hicimos una canción titulada MI DESTINO FUE QUE­RERTE, en discos Victoria; también grabé con Consuelo Pérez, pero después ella se perdió de la ciudad.

Yo trabajé 7 años en la Fonda Antioqueña; pero también he actuado en el Hotel Nutibara, Hotel Veracruz, Hotel Inter­continental, he cantado a bordo de los aviones de SAM, y en muchísimos lugares.

En cuanto a actuaciones a uno le pagan de acuerdo a una tarifa, lo mismo en las grabaciones, pero en la regalías es muy difícil decir si a uno le pagaban bien o mal; a mí todavía me dan regalías en Victoria, cada que voy me pagan 30 o 40 mil pesos, y ¿qué puedo decir yo?

   ¡Ah, bueno!
    
Yo he compuesto bastantes obras, pero sobre todo ran­cheras, corridos y música del interior.

Yo fui siempre en la música una persona sencilla, y siempre donde me guardaban respeto, ahí estaba bien; nunca menospre­cié a cualquiera que venía a grabar conmigo.... ¡nunca! ;jamas le dije a nadie que lo hacía mal, o que no servía, eso no lo hice nunca.

Yo creo que soy el único que le dijo a Sonolux, a Victoria y a Metrópoli:

—Vea, no me llamen más, que no voy a grabar más.

Y no grabé más; y en Victoria me dijeron:

   ¿Usted por qué va a dejar la música?

—Hombe, yo quiero arrepentirme.

   ¡Sí!, pero acuérdese que del Evangelio no va a comer; usté no se deje lavar el cerebro, usté es de aquí, ¿quiere ganar más plata o qué?

—Mejor dicho, no me llamen, para no decirles que no vengo.

Y en ese momento yo no tenía de qué vivir.... eso es tremen­do; yo había tenido muchos desengaños de los colegas, de aque­llos en que yo más creía y que se habían vuelto tan tráfugas, pues le hacían a uno la guerra sin razón; y para qué voy a mencionar nombres aquí, pero se vinieron en contra mía a tumbarme las gra­baciones, a desacreditarme, y me dio por cambiar.... y he llegado a una nueva vida, donde hay una gente que tiene transparencia, donde hay afecto, donde se te sirve sin ningún interés.... y estoy feliz en mi nueva vida; recuerdo a mis antiguos amigos y quisiera saludarlos; ayer por ejemplo llamé a Octavio Mesa, y quisiera saludarlos a todos, pero lo extraño es que lo que hace que yo tengo la fe en Cristo, ninguno me volvió a llamar, ni ninguno volvió a mi casa.

Yo todavía toco y tengo un trío, pero sólo interpretamos mú­sica cristiana; yo toco lo mismo y hago campañas en Cristo, lo que pasa es que ya no toco que AQUELLA ME DEJÓ, que ME VOY A EMBORRACHAR, ¡no!, yo toco música cristiana, que me llega al alma porque siento que le estoy cantando a Dios.

El que no conoce a Dios, o que piensa que Dios es la plata y vive desesperao, viendo cómo se gana un peso más pa' parrandiáselo o dáselo a las mujeres o tantas cosas.... es un des­graciado, y nunca sacia su apetito, nunca se ve satisfecho; se gana una cantidad de plata y quiere más, gasta y quiere más; en cambio el amor de Cristo ¡sacia el corazón del hombre!; todos tenemos un vacío en el corazón, que no lo llena la riqueza ni nada.... sola­mente lo llena Dios.
Tengo actualmente un hogar feliz y unos hijos que son una bendición; tuve tres hijos, pero uno falleció en un accidente de moto, y los otros dos están muy bien organizados.

Vega del Río fue bastante amigo mío, lo mismo que Muriel, ambos fueron excelentes letristas.

Yo me inicié con Arturo Ruiz del Castillo, y muchas veces le pedí letricas a él.

John Castro fue un bolerista que se reunía con todos noso­tros, cuando íbamos tanto al bar Canadá.

Los dos bajistas más importantes de aquella época fueron Don Jesús Vanegas y Luis Eduardo Gutiérrez. Como punteros se destacaron Gildardo Zapata, Horacio Galeano, Leonel Ospina y José A. Bedoya que sólo puntiaba lo que era de él; y entre los marcantes había uno destacado Miguel Ángel Puerta.

Yo no acostumbré tomar aguardiente para grabar, aunque a mí me lo permitían.

Una vez fui a discos Fuentes a hablar con Pedro Fuentes; había un portero nuevo quien me dice:

—A la orden; ¿usté pa' ónde va?

—Necesito entrar.

—Y, ¿a quién necesita?

—Yo no necesito a nadie, a mí me necesitan.

Tal vez fue un acto de orgullo porque yo estaba de afán, pero el portero era nuevo y su actitud fue como muy prevenida.

Hoy en día hay música muy buena, pero naturalmente todo va cambiando, ya no se puede esperar otro Guillermo Buitrago, otro José A. Bedoya, otro Gildardo Montoya, pero aparecen otros personajes y todos tienen su época.... pues qué tal, que a uno no le pasara el tiempo; entonces qué hacían los demás que quieren surgir, por eso tenemos que pasar unos, para que otros surjan.
Yo actúe varias veces en emisoras, Radio Popular, Ecos de la Montaña, Emisora Claridad y La Voz de Medellín en el Peso Fabricato; claro que en ese tiempo sólo me llamaban a acom­pañar.

Valedor Ramírez es mi amigo, es muy querido, trabajó en Sonolux y conoce mucho mi música y la música en general, ade­más fue quien cantó primero MÁNDEME AGUINALDO.

No he tenido la dicha de conocer al 'Mono' González.

Medellín, en aquel tiempo de la música parrandera era un cielo, y había admiración por las cosas que uno hacía, uno era valorado, había mucho respeto y la música era de quilates.... aho­ra no es así.

Nosotros grabamos mucha música, y nos pagaban, me pa­rece que eran los jueves, y a veces teníamos tanto trabajo que no había tiempo de recoger los cheques; que en la mañana para Codiscos, por la tarde pa' Sonolux, al otro día para Metrópoli, todo el tiempo copado y hasta de noche, pero el día que de pron­to no había grabación, recogíamos los cheques y salíamos de la fábrica con ellos, pero después no sabíamos a dónde quedaban.... ¡eso era tremendo! 1

Antes de Pedro Nel Isaza, el máximo compositor era Vega del Río, pero también Alfonso Muriel; otros grandes composito­res son José Muñoz y Bernardo Saldarriaga.

Estábamos en una fiesta en Copacabana —en casa de una hermana de José Muñoz—, y yo dije:

—Si tuviera huevos, le fritaba huevos, pero no hay manteca.

Gildardo Montoya me oyó; era sábado por la noche, y al miércoles ya estábamos grabando EL ARRUINADO.

En muchas canciones, los compositores nos admitían —a nosotros los músicos—, que hiciéramos algunas sugerencias.

Yo guardo muy buen recuerdo de aquel tiempo de la música parrandera, y quisiera volver a ver mis viejos amigos y saludarlos; pero mi vida actual no tengo con qué compararla.... la plata no es tanta, pero la tranquilidad es inmensa.... y la tranquilidad no se compra con nada.

Mi sangre todavía lleva adentro ese microbio musical.
El ambiente en la Fonda Antioqueña era un ambiente muy bueno, muy familiar, seleccionado, un buen servicio; usted llegaba allí con su novia, su madre o su amiga y nosotros arribábamos a su mesa:

—Buenas noches, queremos complacerlos con una canción de cuenta de la casa.

La gente se sentía halagada y nosotros temamos un reperto­rio de más de 1.000 canciones, que cada día atraía más gente a ese negocio; el trío se llamaba PLENILUNIO, y mis compañeros eran Carlos Acevedo ya fallecido y Antonio Muñoz.

En mi vida todo cambió para bien.... ¡y muy bien!".

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