INSTRUCIONES

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Para comprar el libro LA MUSICA PARRANDERA PAISA de ALBERTO BURGOS HERRERA, puedes comunicarte con el autor al teléfono (57) (4) 332 4652 de Envigado, Antioquia, Colombia o al correo: albertoburgosh@hotmail.com

jueves, 27 de enero de 2011

MIGUEL ANGEL NOVA (PUERTA)


Biografía de Miguel Angel Nova (Puerta)

A mí ya me habían dicho que Miguel Ángel Puerta, amplia­mente conocido en el ambiente farandulero de Medellín como Miguel Ángel Nova, era una persona sumamente seria, y hasta mal genio; eso era lo que me decían, pero los comentarios no certificados pueden fallar; me decidí a llamar a este señor, y me llevé una tremenda sorpresa cuando por teléfono, encuentro una persona muy amable, dispuesta a colaborar, conocedora de la música, interesada por mi propósito de escribir sobre la música parrandera y sabedor de mi oficio como locutor y del programa que dirijo.

Antes de ir a su oficina en discos Victoria de la ciudad de Medellín, alguien volvió a repetirme:

—Poné mucho cuidado, que ese señor es muy serio her­mano.

Ya en la empresa, apareció un hombre, efectivamente serio, pero muy amable, moreno, de regular estatura, buen conversa­dor, de extraordinaria memoria —aunque él dice que no—, y un auténtico valor de la música antioqueña.

Y pausadamente esto me comentó:

"Yo nací acá en Medellín en 1935, y fui criado en un barrio llamado La Salle, cuna de varios artistas, Alonso Galdini, Manuel Suescún, allí vivieron LOS VILLALPOS, y allí nos levantamos en una especie de semillero; a mí me tocaba oir a LOS TRO­VADORES DEL RECUERDO —Félix Ramírez, Horacio Sánchez y Bernardo Sánchez, el puntero—, yo con la boca abierta, parado al pie de la casa de ellos, mirándolos ensayar y tocar esa música que tenía un estilo tan particular; recuerdo que yo salía del colegio y era cliente de todas las noches cuando ellos estaban ensayando allá en la casa. Uno se va contagiando de la alegría que la gente le impone a esos instrumentos, y un día yo cogí una guacharaquita y comencé a 'charanguiala' ahí con un alambrito, hasta que me fui entonando con ellos y me fui metiendo a la casa de Félix, y los acompañaba con mi instrumento, hasta que me llevaron a trabajar con ellos; entonces yo quedé incluido en LOS TROVADORES DEL RECUERDO y en este grupo me tocó grabar infinidad de cosas.

Don Félix Ramírez fue un tipo muy inteligente, era un gran compositor, con obras muy buenas y muy bonitas, y no sólo hizo música parrandera como EL AGUARDIENTERO, que es una obra clásica, sino que también hizo números fríos, como aquella parte musical de LOS LIBROS; Félix fue muy buen músico, pues era lector de música que había nacido en Támesis y formó el con­junto con los hermanos Sánchez que eran de Caramanta.

Eva Arbeláez, fue una señora amiga de Félix, que tuvo su relación con él, aunque ya estaba un poco entrada en años; ella tenía otra hermanita y me acuerdo que bajando de la iglesia de San Cayetano, en toda la esquina, estaba la casita donde ellas vivían, eran dos hermanas como solteronas y no tenían ni hijos ni familia, y se sostenían del producto de una tiendecita que atendían en la propia casa; Eva no tenía oído musical, era supremamente sorda, pero Félix era muy persistente y entonces cogió a esa se­ñora y la fue puliendo y puliendo, hasta que la llevó a grabar con él, y esta señora que no tenía afinación ni medida mejoró bastan­te, y no sólo grabó música parrandera, sino también música fría; Eva resultó un éxito total, que hizo unas canciones muy agrada­bles y que todavía le llegan a mucha gente; no supe cuándo falle­ció Eva, pero sí me di cuenta cuando murió Félix y lo mismo Horacio, porque cuando yo me separé de este grupo, ellos si­guieron con personajes distintos y yo por otro rumbo muy dife­rente; de los fundadores de LOS TROVADORES DEL RE­CUERDO, no quedamos sino Bernardo Sánchez y yo;la funda­ción de este grupo fue más o menos en 1950 o 1951, sino estoy mal.

Félix Ramírez, como era creador y compositor, entonces era diferente a los demás y sacaba unas cosas muy bonitas; y a mí me tocó ver y oír tocar a Gabriel Giraldo y a Félix Ramírez —con la partitura—, obras clásicas de guitarra, pues eran tipos muy pre­parados musicalmente.

Mi padre se llamaba Marco Aurelio Puerta y mi madre Ma­ría Inés Estrada, naturales de Heliconia o Guaca; en mi casa fui­mos nueve hermanos y yo era el menor de ellos, yo nací por acá por el Jardín Botánico, en una callecita chiquita llamada El Fundungo, y a los 3 años mi papá compró un terrenito en La Salle y allá hicimos una casa muy grande, allá nos levantamos todos y de este tiempo es que me viene toda esta cuestión musical; claro que también se puede decir que me viene por herencia, porque por parte de mi mamá yo tengo dos tíos que fueron músicos, aunque nunca los oí cantar.

Cuando yo me separé de LOS TROVADORES DEL RE­CUERDO me puse a estudiar guitarra; como mi papá ya me veía alguna habilidad, me dio 20 pesos para que me comprara una guitarra; entonces un muchacho Alonso Cano (Galdini), me dijo:

—Miguel, ¿por qué no estudiamos hermano?

Y él fue quien prácticamente me inició en esto; nos veníamos a pie, desde La Salle hasta la Academia Antioquia de Israel Zapata, que fue muy buen profesor, que era pianista y tenor, y quien nos dio las primeras clases de solfeo; esta academia quedaba diagonal a las Empresas Públicas en Carabobo, y hasta allá nos veníamos a pie—guitarrita al hombro—, por todas las mangas de Manrique, Alonso Galdini y yo.

Después de estas clases, yo seguí estudiando la música —porque la música hay que estudiarla—, con algunos profesores y tenores que había aquí en la cuidad, Renato Catani entre otros, pues como esto era un paraíso en ese tiempo, había mucho músi­co extranjero.

Yo me uno a Alonso Galdini y hago mis primeras grabacio­nes como cantante; porque con LOS TROVADORES DEL RE­CUERDO yo no cantaba, aunque grabé con ellos piezas tan im­portantes como LOS CICLISTAS; este tema de LOS CICLIS­TAS fue divulgado —antes de grabado—, por ahí 50 veces; in­cluso nosotros estuvimos en la casa de Ramón Hoyos (ciclista antioqueño) tocándolo y cantándole al gran campeón de la mon­taña; recuerdo que Postobón dispuso un carro para nosotros en una competencia que se llamaba Vuelta al Suroeste, y allí, en las noches, nosotros tocábamos para la caravana de este tour; esos ciclistas eran unos héroes, pues las carreteras eran pésimas; en ese tiempo había un periodista deportivo muy influyente llamado Miguel Zapata Restrepo, quien se fue hasta el barrio Aranjuez, al granero donde nosotros nos manteníamos que pertenecía a Don Enrique Moncada y a su hermano José Luis, que todavía lo tienen allá; entonces Zapata Restrepo, fue hasta el granero a escuchar LOS CICLISTAS, se quedó con la boca abierta y dijo:

—Vamos a grabar esta vaina.

Nos tocó hacer la grabación en La Voz de Antioquia; pero cuando ese disco salió fue la locura, se oía por toda parte porque el ciclismo aquí, en ese tiempo, era lo máximo; esa fue la primera grabación que nosotros hicimos, pero después le sacamos un pa­sillo a Rojas Pinilla —expresidente colombiano—, y debido a tanto éxito, comenzamos a trabajar continuamente, serenatas, fies­tas, mejor dicho era una parranda seguida; esa época de la vida a mí me gusta mucho recordarla bastante y lo hago con muchísimo gusto porque fue muy bonita.

Alonso Galdini—que es mi primo—y yo, comenzamos a cantar, él puntiaba y yo lo acompañaba, y teníamos una similitud con el dueto argentino de MAGALDI-NODA; pero como las grabaciones de estos gauchos eran muy difíciles de conseguir, entonces la empresa nos llamó a nosotros para que hiciéramos los temas que ellos tenían en la Argentina; y nosotros nos presen­tamos en La Voz de Antioquia, La Voz de Medellín, La Voz de las Américas y nos metíamos en todo eso, hasta que vinieron las gra­baciones que le referí; a mí me tocó con Galdini directamente en el acetato, porque no había grabadoras, y los micrófonos iban conectados al torno de grabación; el dueto nuestro se llamó GALDINI-NOVA, esas seis grabaciones fueron las primeras en mi vida y es de anotar, que en una de ellas dañamos 10 acetatos, porque recuerdo que si uno se equivocaba mínimamente se daña­ba el acetato; las grabaciones de nuestro dueto fueron, MIS DE­LIRIOS, AFILADOR, LA SANTA, MAÑANA ES DOMIN­GO y otras dos que no recuerdo. Cuando llegó la música de MAGALDI-NODA, que la trajo Hernán Restrepo Duque, enton­ces nuestras grabaciones desaparecieron.
Después de esto yo me dediqué, sólo, a grabar boleros, es­tuve trabajando en sitios con orquesta, conjuntos, etc. Grabé tam­bién en discos Fuentes algunos bambucos, haciendo dueto con Arcesio Salazar—2 elepés.

Yo toco instrumentos de cuerda, tiple, guitarra y bajo; lo del bajo lo hice por necesidad, porque cuando yo me vinculé a dis­cos Victoria, hace 24 años, era un poco difícil conseguir bajistas para acompañar a los artistas que venían a grabar, pues todos se mantenían muy ocupados; entonces un día me dijo Don Otoniel:

—Hombe, usté que trabaja acá, ¿por qué no se pone a estu­diar bajo?, para que acompañe a los muchachos que vienen aquí.

Así lo hice.... y así aprendí.

Cuando ya era bajista, estuve en Venezuela acompañando a un cantante muy famoso llamado Aníbal Velásquez, de los gran­des en la música de acordeón colombiana y además, ídolo en Venezuela, donde las multitudes acudían a verlo porque era un especialista en improvisación; en Maracaibo había un sitio que llamaba EL Katirito, que tenía como pista de baile solamente, dos manzanas cuadradas, ¡enorme!, bailaban unas 1.000 parejas y tenían escenario giratorio muy hermoso con el lago de Maracaibo al frente, y recuerdo que allá hicimos una temporada por ahí de un mes, pues este Aníbal era un espectáculo tocando, y el precursor de esos malabares en acordeón no fue Alfredo Gutiérrez, fue Aníbal Velásquez; este músico, como le digo, era un improvisador que se conocía todos los misterios de su instrumento, era un ma­labarista del acordeón y todavía es considerado un ídolo en Ve­nezuela; los integrantes del conjunto de Aníbal Velásquez en ese entonces, éramos, José Velásquez, hermano de Aníbal, Arcesio Salazar en la guitarra eléctrica, Jairo Gómez bongocero, yo era el bajista y Aníbal el acordeón y cantante.

Esto de que Aníbal tuviera músicos 'cachacos' en su con­junto, resultó de una manera muy particular; Gabriel Raymon es como 'loco', un gran cantante y vivió mucho tiempo en Venezue­la, y prácticamante él fue quien nos involucró con Aníbal Velásquez y nos llevó a hacer estas presentaciones; los ensayos los hicimos en Maracaibo, y Aníbal era un tipo muy querido, muy amable y que no discriminaba porque nosotros fuéramos paisas; pues us­ted bien sabe que los costeños no permiten interioranos en sus grupos, porque dicen que el paisa no tiene sabor. Yo grabé en Venezuela un L.P. como cantante de boleros, con el conjunto de Aníbal Velásquez, pero no sé qué pasaría con él.
Yo me vine otra vez a Colombia y entonces hago EL DUETO RIOBAMBA, y comenzamos a actuar y a presentamos para poder darnos a conocer y que nos fueran identificando; este dueto lo hago con Bernardo Loaiza Cardona, que es un señor que tiene un negocio en Bolívar con Pichincha —aquí en Medellín—, que llama Musical Sonoro, pero nos conocimos cuando él tenía un almacencito más chiquito, en Carabobo entre Amador y Maturín, en la época en que Medellín era bohemio y sabroso y podía uno tomarse los aguardienticos; yo era una persona que ya había grabao y Guayaquil era una plaza extraordinaria para los músicos y para el pueblo en general, mejor dicho, una ciudad dentro de otra, donde usted encontraba, trago, billares, música y a mí me tocó conocer toda esa gente; y en medio de toda esa gente yo me encontré a Bernardo Loaiza, y claro que él no es músico, pero cierta vez nos pusimos a cantar en la parte de atrás de su almacencito, y yo me quedé aterrao:

— ¿Dónde aprendiste vos a hacer segunda voz, hombe?
— ¡No!, yo la hago es así de tacada, porque yo no sé tocar nada.

Y yo me quedé asombrado, porque hacer la segunda voz es muy difícil, porque ésta es la armonía; y este hombre la hacía perfectamente. Entonces nos pusimos de acuerdo y fuimos mon­tando canciones viejas, de VALENTE Y CÁCERES y otras que se oían mucho en aquel tiempo; ensayamos y ensayamos mucho, hasta que en discos Silver, por medio de Alfonso Correa —un amigo fallecido que yo quise mucho—, quien habló con Doña Bruna —una señora italiana que manejaba la empresa—; y a los 15 días estábamos grabando. El nombre del dueto salió porque nosotros cantábamos muchas canciones de un dueto llamado LOS RIOBAMBEÑOS —LOS HERMANOS UQUILLAS—, na­cidos en Riobamba, una provincia ecuatoriana, entonces pre­tendimos que el nuestro fuera un nombre similar al de eños, DUE­TO RIOBAMBA, para que compaginara con el trabajo musical que nosotros hacíamos en ese momento. No recuerdo cuál fue la primera grabación, pero dentro de las primeras están, YA NO TE QUIERO PERO NO TE OLVIDO, PESIMISMO, LA ARREPENTIDA, LA BODA NEGRA y otras; estos discos tie­nen más de 35 años de grabados y en el momento se venden como si estuvieran actualizados, como si fuera ahora que se hu­bieran grabado; y cuando nosotros nos presentamos, el público se entusiasma mucho con todos estos temas, y eso es muy satisfactorio; y aunque la voz nos ha disminuido, nosotros mantene­mos muchas ganas de cantar.... ¡ o por lo menos yo, sí!

A nosotros nos contrataban mucho para cantarle a las ma­dres, y un día de la madre actuábamos en San Antonio de Prado, en domingo, y yo debía trabajar al día siguiente aquí en la empre­sa a las 7 de la mañana; eran la 1:30 de la mañana y el estableci­miento donde nosotros tocábamos tenía un lleno impresionante, había unas 150 personas y todas bien animadas con nuestra mú­sica; yo estaba muy cansado, ya no me daba la voz, pues habíamos cantado 3 días consecutivos y a mí me tocaba la primera voz; yo estaba cansado y afónico y pensaba en que a las 7 de la mañana tenía supervisión de grabación en discos Victoria; ya es­taba empacando la guitarra, ya nos habían pagado, cuando se nos arrimó un señor que vivía en La Estrella, con toda su familia y en dos carros, de sombrero, de carriel, con su mamá, las hijas, en fin; entonces me llamó el dueño del establecimiento:

—Miguel, ¡no te vas!, que me acabó de llegar este señor, que es el mejor cliente que yo tengo, fíjate que una vez hasta me prestó 200 millones de pesos.... este señor tiene mucha plata.

—Hermano, lo siento en el alma, pero yo tengo que trabajar a las 7 de la mañana de ahora, y yo no puedo llegar amanecido allá.

Ese señor casi que se me arrodillaba, me imploraba, y yo me vi en la obligación de quedarme, en la forma en que yo estaba; y sin embargo el señor nos dijo:

-Yo vivo aquí muy cerca, así que vamos a cantarle unas serenatas a mi mamá, mi señora, en fin; y pa' que nos tomemos unos traguitos, y por plata no se preocupen que yo les pago lo que ustedes se ganan.... y 20 o 30 veces más.

Yo, ya pensaba que la ida sería a las 5 de la mañana; segui­mos cantando seguido, seguido y nos dieron las 10 de la maña­na; yo no podía más; entonces yo cogí mi guitarra y la empaqué y dije:

—Señor, yo no puedo cantar más, llevo más de tres días cantando y estoy muy afónico.

El tipo entró a la casa y salió con el hijo, cada uno con un revólver de este tamaño, nos trató maly agregó:

— ¡Se pierden de aquí pa' no dales plomo, par de viejos hijueputas!

Y ese fue el pago; desde eso yo me retiré un poco de las presentaciones personales; claro que la música, con los amigos, charlando, disfrutando, con abrazos, con sonrisas, alabanzas y alegrías, le retribuye a uno todos los malos ratos que pudo haber tenido.
La música parrandera, antes no se llamaba parrandera. El pionero de esta música fue Carlos Muñoz, y de aquí, el único que acompañó a Muñoz fue Sarrazola; yo por lo menos no lo traté, pero cuando sacó EL HIJO DE ROSENDA, el éxito fue total, y luego salieron 'el Mono' González, Antonio Posada, LOS TUMAQUEÑOS, Luis Carlos Jaramillo, Consuelo Pérez, Judith Arboleda y otros; entonces esta música no se llamaba parrandera sino bailable simplemente y el término parrandero yo no sé de dónde salió, pero es de las ultimas décadas.

Después de LOS TROVADORES DEL RECUERDO, con el primero que hago contacto en la música parrandera es con Luis Carlos Jaramillo, con quien grabo LA NIÑA PREGUNTONA, y en aquel tiempo en ese conjunto estaban, Alejandro Sarrazola, Luis Trejos, Ramón Paniagua, Arcesio Salazar, Jairo Gómez y Don Luis E. Gutiérrez.

La música parrandera casi que es una exclusividad de esta empresa —Victoria—, ya que las otras casas disqueras, hoy en día, poco la promueven, y esa es una música que todavía le gusta mucho a la gente, picaresca, para el pueblo y que ha marcado una pauta.

Dentro de los primeros que le ponen 'picante' a la música parrandera, está José Bedoya; porque antes fueron LOS TRO­VADORES DEL RECUERDO, pero la música de éstos no es picara, es incluso hasta sentimental; José Bedoya fue lo máximo que hubo aquí en música parrandera y a mí me tocaron casi todas la grabaciones que él hizo en un principio, pues Don Otoniel me encargaba de ellas; y en el conjunto de José A. éramos, Neftalí Álvarez, Agustín Bedoya, José Muñoz y mi persona, con el bajo de Luis Eduardo Gutiérrez y los bongóes de Jairo Gómez; los coros los hacíamos nosotros mismos.

Generalmente nosotros hacíamos el éxito de fin de año, lo hacíamos en la noche, acabábamos una o dos de la mañana, y al otro día a las 8 de la mañana estaba Hugo Hernández cortando el acetato y por la tarde ya había discos hechos; y ese mismo día todos los pianos de los cafés de Guayaquil, ya tenían el tema sonando, en El Golfo, el Blanco y Negro, el Santa Cruz, La Habana, el Perro Negro y otros; pero eso sí, a los 8 días el disco estaba regado en todo Medellín.

El máximo compositor del grupo de José Bedoya, era José Muñoz, pero muchas veces todos los demás colaborábamos en algún arreglo final que se hacía, cambiar un coro, alegrar más una nota, etc., aunque José Muñoz era muy definido en sus cancio­nes; Muñoz es lo máximo como compositor en la música parrandera.
Yo no he conseguido muchos millones de pesos, pero musi­calmente hablando, yo me he sentido bien pagado; por ejemplo, yo puntié en Sonolux el bolero ALMA NEGRA, que lo canta Gabriel Raymon y me pagaron 32,50 pesos por ese disco —que todavía tengo el recibo—, pero 32,50, hace 35 años era un platal; yo sé que muchos se quejan, pero lo que pasa es que en ese tiempo había mucho dónde gastar la plata.... y se la gastaban.

Guillermo Buitrago sí influyó en la música parrandera, y se puede decir que es el punto de partida de todos los estilos de esta clase de música. Es que antes de Buitrago no escuchábamos sino música cubana, pero este hombre le puso el sello a la música nuestra.

Yo también soy compositor y tengo unas 100 obras, no de mucho éxito, pero algunas me las han interpretado Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas, Alci Acosta, Helenita Vargas, Rómulo Caicedo, el Chatarrito Negro, Luis Alberto Posada y otros.

Con Carlos Murillo —primera voz de LOS PAMPEROS—, grabé algunos temas, yo haciendo la segunda voz, y se llamaba DUETO LOS GENIALES.

Con Ernesto Castañeda, hice el dueto MALLARINO, y gra­bamos algo muy lindo que se llama YUYITOS DEL CAMPO, y también un L.P. que nunca sacó discos Colombia.

Yo grabé además con, Lucha López y Ligia Osorio; trabajé con la ESTUDIANTINA LÓPEZ como cantante, hace 40 años.

Entre los mejores punteros de aquella época estaba Leonel Ospina, estaba José Bedoya —que fue magnífico—, Manuel Suescún, Arcesio Salazar y otros; pero se puede garantizar que el itero más hábil y de más capacidad era Leonel Ospina.

En el Bar Canadá nos reuníamos casi todos los músicos, y allá nos avisaban sobre toques o grabaciones, y cuando venía, por ejemplo, El Caballero Gaucho, allá nos reuníamos, el Cholo Gómez, el Pibe Campos, Manuel Maldonado, Arcesio Salazar y mi persona, y nos íbamos para una pensión que había en Junín entre Amador y Maturín, un segundo piso, de una señora Doña Alicia, porque allí era donde se hospedaba El Caballero Gau­cho.... y ensayábamos mínimo 15 días.

Arturo Ruiz del Castillo tenía un taller en Maturín entre Palacé y Bolívar, y en ese sitio ensayamos todas las canciones parranderas de este compositor, LA NIÑA PREGUNTONA y muchas más.

Óscar Velásquez era un puntero más dedicado a su trío que al ambiente muy popular, claro que ocasionalmente colaboraba con nosotros.

Yo acompañé a Gabriel Raymon, le hice segunda voz y tam­bién acompañé a El Caballero Gaucho; grabé con un médico lla­mado Alfredo Rolando Ortiz, grabé música argentina con Ar­mando Duval, y también acompañé a Raúl Iriarte en el Teatro Junín; trabajé 10 años con Pepe Aguirre, acompañé a Miriam Araque, Emilio Ventura —que me enseñó la chacarera argentina auténtica—, y muchos artistas más.

Acompañé al cantante argentino Luis Correa, que era un hombre muy buena gente; pero con el que más me agradó traba­jar, y el que más trabajos nos formó fue Pepe Aguirre, pero uno le perdonaba todo a ese señor, porque fue el cantante más querido que yo he conocido en mi vida; Pepe, de más de 70 años, parecía un muchacho y la vida para él era una sola fiesta, jamás se le veía aburrido y era un hombre espontáneo, suelto, tomatrago, parran­dero, enamorao, y el hombre más feliz que yo conocí en mi vida; cuando le escribía su hija Gloria Aguirre, que vivía en Nueva York, me decía:

—Me escribió mi hija, dice que me vaya, pero yo no me voy de aquí de Medellín.

Pepe para mí fue un gran amigo, y cuando murió yo me puse a llorar. Una vez nos fuimos con él a trabajar a Turbo —actuábamos lunes día de fiesta—; salimos de acá desde el jueves anterior, Alonso Galdini, Alberto Laverde, Bolívar, Miriam Araque, Saúl Valencia (Valenti), Pepe Aguirre, mi persona y otros; en total éramos 12 personas. Como éramos tan miedosos para montar en avión, entonces cogimos la línea terrestre a las 6 de la tarde; cada uno compramos una botellita de aguardiente pa'l camino, pues eran 14 horas de viaje; Pepe Aguirre había comprado una garrafa de aguardiente. En Chigorodó, este maestro solo, se había toma­do una garrafa de aguardiente; entonces se bajó y compró otra botella y cuando llegamos a Turbo, no tenía sino un asientico.... y ¿sabe qué decía?:

—A mí, aquí en Medellín, no me hace falta nada, ni nadie.

Y en realidad aquí era un ídolo popular, querido por todos.
Entre los letristas antiguos, Vega del Río fue un superdotado; las letras de este hombre eran todas bonitas y de mucho conteni­do; prácticamente era un poeta.

Gildardo Montoya fue mi gran amigo, y yo lo conocí en Manrique antes de que él comenzara a grabar.... por ahí fregando con un acordeón; Gildardo fue un superdotado en su campo y si estuviera vivo hoy en día sería de lo máximo en este momento, pues era un tipo muy creativo, con mucha imaginación, era char­latán y le llegaba a todo el mundo, era ameno, con el chiste y la sonrisa a flor de labio, era agradable, familiar y muy buen amigo.

José Bedoya no era como Gildardo; José era más introver­tido, más serio, más apartado, no era tan allegado, pero era for­mal; en cambio Agustín —el hermano de José—, es otra cosa muy diferente, es abierto, ameno, cuentachistes, simpático y muy buena persona.

José Muñoz es un poco retraído, pero es muy buena gente, buen amigo, respetuoso por los demás y no te hace trampas.

Sarrazola es un viejo charlatán, es un mamador de gallo ate­rrador y todavía se conserva derechito.

John Mario Londoño y yo también grabamos a dueto.

Aspiro a seguir cantando hasta que me muera".

1 comentario:

  1. MAURICIO RESTREPO GIL
    mauriciorpog@gmail.com

    Nació en Medellín el 12 de febrero de 1935 en el hogar de Marco Aurelio Puerta e Inés Estrada, fue el último de los trece hijos de aquel matrimonio. Sus primeros acercamientos a la música los tiene desde muy pequeño, recuerda que fue su primer maestro el músico Israel Zapata.

    El inicio de su carrera fue con el músico tamesino Félix Ramírez, quien había fundado el conjunto de los Trovadores del Recuerdo, que hizo mucha música tropical y parrandera, con este músico inició su recorrido por la música colombiana.

    Cuando frisaba los 20 años se unió a su primo Alonso Cano, cuyo nombre artístico fue el de Alonso Galdini, don Otoniel Cardona los escuchó, le gustó su voz y los puso a grabar en el sello Lyra cinco canciones: Mis Delirios, La Santa, Afilador y Mañana es Domingo, en estas grabaciones nació el seudónimo que ha utilizado siempre “Nova”, así apareció el dueto Galdini-Nova, emulando al dúo argentino de Magaldi y Noda.

    Continuó luego como solista y grabó uno de sus primeros éxitos que fue Cabecita. Grabó dos elepés para discos Fuentes con Arsecio Salazar y formó el dueto de Nova y Arsecio.

    Pero definitivamente la actividad musical que lo ha identificado entre los melómanos y amantes del género popular, fue su unión musical a Bernardo Loaiza, con quien formó el inmortal Dueto Riobamba, que dejó en pastas fonográficas más de 20 trabajos musicales, recuerda con cariño que el dueto nació en 1961, en el negocio de Bernardo que quedaba entre Carabobo y Amador, allí tenía una importante colección de discos antiguos a 78 rpm, y mientras sonaba alguna de aquellas melodías, comenzaron a tararearla y sonó tan bien su acoplamiento, que de inmediato pensaron en formar una pareja musical, que vino a acabarse con la muerte de Bernardo Loaiza Cardona el 8 de julio de 2000.

    La primera empresa para la que grabaron fue Silver, luego lo hicieron para Metrópoli (Industria Nacional del Sonido), Sonolux, Victoria y Colmusica; entre las grabaciones más destacadas, de su repertorio recordamos: Unamos los Corazones, Laura, Siempre te he de amar, Por tu culpa, Sueños de Ayer y Yo tengo una novia, entre otras.

    Otro de los aciertos importantes de este hombre musical, fue como acompañante ideal de los mejores artistas entre la década de 1960 y 1970, entre los que cabe mencionar a Gabriel Raymon, Luis Eduardo Gutiérrez, Conjunto Esmeralda, El Pibe Campos y Noel Ramírez.

    Descolló como compositor, pasan de 150 las canciones que compuso, en Sayco se encuentran registradas, como ejemplo de su versatilidad se pueden mencionar las que grabó Julio Jaramillo, Olimpo Cárdenas llevó al disco el bolero Que falta vas a hacer. Otros artistas que le grabaron han sido Helenita Vargas, Rómulo Caicedo, Caballero Gaucho, Charrito Negro, Luis Alberto Posada, Luisito Muñoz y muchos otros que le siguen dando vigencia.

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