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jueves, 27 de enero de 2011

VALEDOR RAMÍIREZ





Biografía de Valedor Ramírez

Para mí, hacer una presentación de Valedor Ramírez es algo muy sencillo, simplemente porque Valedor es mi amigo.

Recuerdo que hace algún tiempo, el compositor Arturo Zuluaga me dijo:
—Alberto, vení vamos al Astor —sala de té de la carrera Junín de Medellín—, que te voy a presentar un amigo que escu­cha tus programas radiales y quiere conocerte.

Cuando llegamos al umbral del salón principal del Astor; en el fondo de éste, solo en una mesa, se encontraba un hombre moreno, casi negro, aparentemente muy serio, concentrado en la lectura de un libro, y que tomaba café; después de saludarnos me dijo:

—Mucho gusto, Valedor Ramírez.

Cuando iniciamos la conversación me di cuenta de que no era tan serio, y que por el contrario, era un hombre lleno de hu­mor, de anécdotas y de historias, hombre con una memoria pro­digiosa —a pesar de su edad—, y lo mejor que tiene su memoria es que es digna de credibilidad, porque Valedor no dice nada que no pueda confirmar. Con el tiempo además, encontré en él al hom­bre sincero que te da la mano con gusto, que te quiere cuando sos su amigo, y que te ignora cuando no lo sos; Valedor es amistad sincera, desinteresada, es un caballero, educado, convencido de la justicia divina, no fuma, no toma licor, no trasnocha, es vegeta­riano, ordenado y nunca incumple una cita; Valedor tiene fe en 'los de arriba", es compositor, fue cantante de cartel, fue bohe­mio y bebedor, pero ahora —aunque es un poco caprichoso—, es ejemplo de vida, de armonía, de gusto por las cosas, de fe, de amistad y de amor por la existencia.

Y éstas fueron algunas de las cosas que me contó mi amigo Valedor Ramírez:

'Yo soy hijo de Marcial Ramírez y Josefa Robles; nací en un pueblo de la república mejicana, llamado Tecuala, estado Nayarit —el más pequeño.

A mi padre —colombiano—, le dio por mostrarle a mi ma­dre —mejicana—, su tierra, donde él había nacido y criado, al lado de sus 17 hermanos; y le decía a mi madre:

—Vamos, para que veas Josefa, cómo es mi tierra, para que veas que uno va caminando y de pronto se tropieza, y saltan las pepitas de oro.

Mi madre no quería venir, pero tanto va el cántaro al agua hasta que se tostó; entonces.... pa' Colombia.... todos.

Yo no sé al viejito por qué se le ocurrió, y en lugar de salir de Mazatlán —donde vivíamos—, por el Pacífico, para llegar a Bue­naventura que era su tierra, el hombre hizo la travesía con su fami­lia, y salimos por el Atlántico; el buque se llamaba El Atlántida, y a mitad de camino dice el capitán:

—A causa de una falla técnica, nos toca arribar a Cuba.

Llegamos allá, nos hicieron esperar un determinado tiempo y se les ocurre a mis hermanas:

—Papá, ¡esta islita es muy linda!, ¿por qué no vamos a co­nocer algo?

Nos fuimos a conocer la isla, y cuando regresamos, nos lle­vamos la sorpresa de que'l buque se había ido. Nos quedamos en La Habana tres meses, y de ahí pasamos a Santiago de Cuba; yo tenía 7 años, y en ese país vivimos otros 7. En Cuba pasaron cosas muy lindas, como por ejemplo, que allí casi soy cura, pues estuve como tres meses en el Seminario de la Caridad del Cobre.

Cuando habían pasado los 7 años y yo ya tenía 14, dice el viejito:

—Ahora sí, vamonos pa' Colombia.

Y tomamos otro buque que llamaba Calamares y era de la Flota Blanca; llegamos a Panamá y mipapá en lugar de pasar por el Canal para llegar a su tierra, cogió otra vez por el Atlántico, y llegamos a Cartagena, y de ahí a Barranquilla, que fue donde este humilde paladín quedó a discreción de la vida.

Mi madre cantaba muy lindo y mi padre tocaba guitarra, pero no quería que yo aprendiera nada de eso; como en aquel tiempo era el auge de aquellas películas de Tito Guizar, Lorenzo Barcelata, entonces mi madre me decía:

—Vamos a ver las películas de nuestros paisanos.

Yo veía cómo esos tipos cogían la guitarra y eso me parecía tan lindo, que dio pie para que se me metiera ese virus de la mú­sica.

Estuve en la Unión Musical con el Maestro Alejandro Ba­rranco —director de la Banda Municipal de Barranquilla y tam­bién el director de dicha Unión Musical—; allí tuve mis inicios y me salió lo de cantar; entonces le enseñé algo de lo que había aprendido de guitarra, al amigo Julio César Aragón, y formamos el dueto LOS TROVADORES MALAGUEÑOS, intérpretes de pura música mejicana.

La Voz de Barranquilla —primera emisora que hubo en Colombia—, fue comprada por mi padrino Rafael Roncallo, y con la Voz de la Víctor, hizo las Emisoras Unidas; y ahí es cuando mienza Domingo pa'rriba y Domingo pa'bajo, hasta que me dice mi padrino:

—Eso no suena bien.... no suena bien eso de que está cantando Domingo Ramírez (mi nombre de pila), no.... no.... vamos a buscarte un nombre más bonito, un nombre que suene bien.... cuate?... no sirve; ¿cuatezón?... no, tampoco sirve.

Hasta que un día me dijo:

—Ya conseguí lo que necesitaba, te vas a llamar.... Valedor Ramírez.

— ¿Valedor Ramírez?

Y ahí nació Valedor Ramírez; y ¿qué es Valedor?, Valedor en Méjico es lo mismo que para ustedes acá, algo así como benefactor.

— ¡Éste es mi Valedor!

En 1945, estando en uno de los ensayos que hacíamos en Emisoras Unidas, Moncho Zamudio —pianista—, me pidió que si los acompañaba a Medellín, que les había resultado un contrato; yo le dije que no podía debido a mis obligaciones y a un tallercito de hojalatería que no podía descuidar.

— ¡Vamos Valedor, vamos!, y nos estamos allá siquiera un mes.

Yo al fin acepté, y me dijo:

—Comenzamos a ensayar desde mañana.... y tú vas a ser el cantante de boleros, pues la música bailable, la va interpretar el Loco Rivas.

Entonces quedamos:

Lucho Torres, batería.
Eusebio Cuadros, bongóes.
Moncho Zamudio, piano.
Valedor Ramírez, guitarra y canto.

Y estando acá en Medellín llamamos a Arturo Barragán como trompetista; el grupo se llamaba LOS TROPICANOS. Después de un tiempo en esta ciudad, ellos se comienzan a repatriar, y yo quedo a instancias del Maestro Nicolás Torres, pues el cantante de música caliente de su orquesta, era caleño y se iba; entonces entré yo a tocar una clase de música en la que no era muy ducho, la caliente; y me dice el Maestro Nicolás:

—Valedor, ¿se sabe EL MENEÍTO?, ¿se sabe QUÉ JE­LENGUE?, ¿sabe porros?

—Pues ensayemos Maestro.... y usted es quien define.

Yo como que le caí en gracia al primer saxofón—José Pérez Pérez—, que era uno de los que tomaba la decisión; me pasaron todo el repertorio en una especie de block y me dijeron:

—Debes aprenderte esto, porque en el Club Unión o en el Nutibara, no te la puedes pasar leyendo.

Con mucha paciencia de ellos, montamos mucha música cu­bana, y dice Pérez Pérez:

—Usted es de una raza que lleva el fuego por dentro, así que cuando esté en el micrófono, vea qué va hacer.

Comenzó —con tanta bondad de Dios—, en ese momento, mi verdadera carrera como cantante de música caliente; ese gru­po se llamaba la ORQUESTA TROPICAL de Nicolás Torres. A raíz de esto me conoció 'Millito', quien me dijo:

—Hombre, cómo me gustaría que usted fuera con nosotros a cantar al Bosque, que Abel Arenas el cantante, se nos va a retirar.

—Maestro, si yo les sirvo, con mucho gusto.

Como yo era muy 'moniconguito' pa' molestar.... esa era la voluntad de Dios; esta agrupación se llamaba LOS ASES DEL RITMO dirigida por Millo Velásquez, que no sé por qué se unió a la orquesta del Pollo Salazar, y de ahí salió la verdadera OR­QUESTA RÍTMICA, con la que tocábamos en el estadero El Campín —propiedad de Don Luis Gómez T.—, donde iba gente muy 'galleta', y estaba ubicado en la carretera a Santa Elena.

Después Pablo Emilio Becerra, 'El Cabezón ', que Dios me lo tenga muy bien, me dijo:

—Valedor, ¿no te gustaría estar en la orquesta de Pietro Mascheroni?

   ¡Claro compañero!, eso para mí sería un alto honor.

Entonces ingresé a la orquesta de La Voz de Medellín, que dirigía este maestro italiano, y allí estuve hasta que me entró una locura; resulta que la cadena Kresto en aquel tiempo, traía a to­dos mis paisanos mejicanos y los ponía a actuar por todo el país, y cometí la torpeza de alebrestarme yo también y dejé la orquesta dizque por salirme de gira; claro que me fue muy bien en mi gira.... pero me quedé sin orquesta.

Cuando llegué a Cali se me presentó un contratiempo, por­que ese tango que lleva letra y música mía y que se llama CARTA BRAVA, me lo habían discutido aduciendo que yo me lo había robado; entonces envié el disco y después todos me pidieron ex­cusas, pues lo único igual al otro CARTA BRAVA.... era el título.

Yo grabé 12 tangos, de ellos, dos eran de José Barros; CAR­TA BRAVA fue un tango hecho a causa de una vivencia propia; igual sucedió con CRUEL DESILUSIÓN, que es otro tango vivido.

Luego en Barranquilla grabé canciones de Rafael Mejía, Manuel Pacheco, José Barros e incluso algunos de Crescencio Salcedo; allí por ejemplo hice EL COMPAE CHIPUCO, donde estoy acompañado por Juancho Esquivel y su Orquesta, pues todas las grabaciones bailables que yo hice en Barranquilla, las hice con esta agrupación; y las rancheras, corridos y tangos gra­bados allí, son con el conjunto del alemán Gunter Witts.

Regreso a Medellín y me dice 'El Gato', que era un gran trompetista:

—Valedor, ¿no te gustaría ir al Valle?, fíjate que allí está Ti­berio Hernández y necesitamos un cantante.

Y me fui con ellos, pero allá me volví a encontrar con Nico­lás Torres, que era el pianista de la orquesta de Luis Rovira, que tocaba en el Club San Fernando:

   ¿Qué haces por acá hijo?

—Ando en esto, esto, esto....

—Tan pronto termines te vienes para'cá.
Y con ellos duré casi tres años; ésta era una orquesta gigan­te, y grabamos, pero las grabaciones yo nunca las escuché.

Me cansé de estar en Cali y volví a caer a Medellín:

—Mi sitio es acá.

Entonces entré a Sonolux por gestión del Doctor Javier Peláez, y mi oficio era acompañar distintas cosas, casi que todo lo que se grabara allá. Conocí a Luis Uribe Bueno, estalló la cosa con Edmundo.... y una cosa, es que yo le debo mucho a Hernán Restrepo Duque, porque todo lo que allí me grabaron a mí, se lo debo a Hernán, y a Edmundo Arias que para mí fue un ángel de la guarda.

También hice grabaciones para Silver, y luego me contrató un inglés que era socio de Alberto Toro, el de La Voz de Antioquia, para que le hiciera varias grabaciones con letra y música del 'Gri­llo' Antonio Posada, pero con la tendencia a no decir que eran de él, sino de Anatolia Correa —madre de Posada—; y esto debía ser así porque al 'Grillo' lo tenían vetado y no sé por qué diablos; entonces esto que hacíamos era a sabiendas de Antonio.

Uno de mis amigos queridos fue Lito Paniagua, quien me había oído cantar muchas veces en La Voz de Antioquia y La Voz de Medellín, y cierto día me dijo:

—Valedor, el 'Mono' González quiere que le grabes MÁN­DEME AGUINALDO y LA SUEGRA, pero quiere que le pon­gan algo como distinto, que no suene tan antioqueño, sino como con algo de costeño; vaya pa' que hable con Don Antonio Botero.

Fui al almacén de Don Antonio, que se llamaba Radial; allí me presentaron al 'Mono' González y afortunadamente caímos en gracia los dos; él me enseñó la letra y la música de MÁNDE­ME AGUINALDO; aquí no se grababa en ese tiempo sino en La Voz de Antioquia y La Voz de Medellín, y esos acetatos iban para los Estados Unidos y de allá, después de procesarlos, enviaban los discos; cómo sería el golpe que dio esta canción, que ahí mis­mo me llamó el 'Mono' para que le grabara LA SUEGRA, y también se la grabé con arreglos de Lito Paniagua; los músicos que me acompañaron estas dos canciones fueron, Julio Burgos saxofonista, Panamá gran saxofonista tenor, el Pollo en la batería, el 'Mono' González en el coro y Lito Paniagua en la guitarra; y después de esto, el negro Valedor fue quedándose.... quedándo­se.... quedándose aquí.... hasta que se quedó.
ME VA A DEJAR CON LA GANA es un tema que figura de Anatolia Correa, pero en realidad es de su hijo Antonio Po­sada.

Canciones mías por el lado de Silver son: CUQUI, CON CALUCHO, VIAJE A LA LUNA, UN COHETE SUPER ES­PACIAL. ... y otras que no recuerdo.

EL DIAGNOSTICO MEDICO Y LEGAL, ESQUIZOFRENOSTOMIA y POLIAGRICULTESTANUBIA VEGETAL son temas que yo hice en ese tiempo, pero que hoy ni siquiera tengo los discos.

Mi trabajo principal en Sonolux, era como editor de los elepés; pero a veces me llamaba el maestro Uribe.

—Valedor, allí hace falta un elemento pa' que toque las ma­racas.

Y yo dejaba mi trabajo y tocaba las maracas o cualquier otro instrumento, bien fuera guacharaca, triángulo, o también ha­cia coro. En cierta ocasión estaba grabando Agustín.... o José Bedoya, no me acuerdo; entonces me buscaron para que tocara la guacharaca; ellos la tocan a lo paisa, y yo la tocaba como los costeños y ellos me decían:

—No Valedor, tócala de esta otra manera.

   ¡No!, yo no voy a causarles ningún perjuicio aquí, yo no la sé tocar así.

Y al fin no recuerdo como se arregló el problema, pero ese incidente sí lo hubo. Después José Bedoya me dijo que si tenía algún tema para grabar, y fue cuando me grabó el bolero TE EQUIVOCAS, y juntos cantamos la guaracha, música y letra mías NO ME IMPORTAS NA.

Joaquín Mora, el bandoneonista, un día me dijo:

—Valedor, necesito un par de boleros para que los cante Mary Ramia.

Y ahí fue cuando ella me grabó el bolero, NO.

Otros cantantes que grabaron mis canciones fueron, Con­suelo Pérez, Raúl López, LAS TRIGUEÑITAS, LAS RANCHERITAS, ELIZABETH Y MARUJA, Lucía Herrón, Amparito Jiménez, Leo Gallo, Orlando Marión, Antonio González, Rómulo Caicedo, Leonel Ospina, Vicente Villa, Rafico Restrepo, Nelson Martínez, LOS PADRINOS y el TRÍO COLOMBIA.
MÁNDEME AGUINALDO fue grabado en 1948, 49, y era una canción maliciosa en ese tiempo; recuerdo que estaba en toda su plenitud el barrio Lovaina, y allá sucedió algo con mi gran amigo el trombonista Arsenio Montes; pues resulta que después de que terminábamos de tocar en algún club, nos íbamos a beber; y en ese momento todos los traganíqueles de Lovaina, tocaban y volvían a tocar MÁNDEME AGUINALDO; dos mesas más allá de la nuestra había un par de tipos discutiendo.

—Fíjate cómo canta de bien ese barranquillero, qué voz tan fresca.

   ¿Cuál barranquillero?

—Luis Carlos Meyer.

—Ese no es Luis Carlos Meyer.

— ¿Cuánto apostas a que es Meyer?

—Apuesto toda la cuenta de esta noche a que no es Meyer.

Llamaron al cantinero:

—Nos hace el favor y nos baja ese disco del piano, para ver quién gana una apuesta que tenemos aquí

El cantinero trajo el disco que decía, MÁNDEME AGUI­NALDO, del 'Mono' González, canta Valedor Ramírez; y dice el que aseguraba que era Meyer:

   ¡Hijueputa!, ¿cómo puede ser que'ste cante así?

Montes y yo nos reímos, mientras él me decía:

—Valedor, es mejor que no sepa que sos vos el que lo cantas.

Los dos éxitos máximos míos como cantante fueron MÁN­DEME AGUINALDO, y PLENA ESPAÑOLA con la orquesta de Julio Burgos.

Con Edmundo Arias, grabé muchas cosas cantándolas yo, o cantándomelas Leonel Ospina, Raúl López, Rómulo Caicedo o Consuelo Pérez; es que cuando en Sonolux estaban Hernán Restrepo Duquey Edmundo Arias, era el gran auge mío.
El 'Mono' González puede ser considerado como el pione­ro de la música parrandera, y creo algo más; que fue quien hizo entrar en la música y la radio toda la jocosidad que ahora se lleva a efecto; claro que sin la vulgaridad actual.

Los músicos de aquel tiempo nos reuníamos en El Escorial, el bar Canadá o en El Costurero, pues así llamábamos al bar Londres; allí precisamente fue donde conocí aquellos conjuntos de LOS VARGAS, Tiberio Hernández, al Zarco Bedoya, al Mono González trompetista, Arturito Villa, Antonio Salazar (baterista de Mascheroni), mejor dicho, en esos sitios nos reuníamos todos.

Entre los buenos punteros de aquel tiempo estaban Pildorita Ramírez, Manuel Suescún, Arcesio Salazar y Angelito David el ecuatoriano; también fue muy bueno Leonel Ospina.

En Medellín, hace muchos años, yo me encontré con el barranquillero Hernán Córdoba y el cartagenero Pibe Castillo, y formamos lo que se llamó EL TRÍO INTERNACIONAL.

LOS ASES DEL RITMO, que tocábamos en El Bosque —hoy Jardín Botánico—, éramos:

Yo reemplacé como cantante a Abel Arenas.
Saxofón, Arturo Castrillón a quien le decíamos 'Pior es Nada'.
Trompeta, el Zarco Bedoya.
Bajo, Millito Velásquez.
Baterista, el negrito Pastor Góngora.

Y otros; ahí tocábamos desde las 11 del día hasta la 1, por­que era para la gente de alta sociedad; y era sabido que de la 1 en adelante llegaban todas las mantecas.

Con la orquesta de Pietro Mascheroni yo tenía dos progra­mas; uno los sábados, que se llamaba TÚMBALE EL RABO A PERICO, y otro era USTED PIDE Y CRUZ REGALA; recuer­do que en esta orquesta el primer violín era Joseph Matza, que trajo a los checos, Casayuna, Harvane y Pijard, y también tenía la orquesta un bajista como de dos metros de alto e igualmente checo; en el chelo estaba Jorge Marín Vieco; también el 'Mono' Gómez y su esposa Margot Levy que era alemana y violinista; Manuel Molina; Pamaná y Julio Burgos en los saxos; Gerardo y Camilo Bedoya en las trompetas; en trombón José Escobar.... mejor di­cho era una orquestona a toda máquina, donde el baterista era el Pollo Salazar y en las maracas y en el canto.... estaba este humil­de paladín; ¡ah!, y en los bongoes estaba un muchacho al que le decíamos Pomadita; ¿y sabe quién estaba en el piano?, el boyacense Camargo Spolidore; era una orquesta a todo dar, pa' que sepa usted, y con esa orquesta acompañamos a Bobby Capó.... y a toda esa gente que trajo la cadena Kresto.

Yo me retiro de la orquesta de R.C.N., y la gira que he men­cionado la hago es con Caracol; cuando a los años regreso a Medellín, me dedico es a enseñar, a dictar clases pa'rriba y pa'bajo, pero eso sí, componiendo.

La orquesta de Edmundo Arias era sólo de grabación y lo mismo la de Camargo Spolidore, León Cardona, Iván Uribe, Juancho Vargas, sólo se reunían para hacer algunas grabaciones; la única que de verdad existía era la maravillosa Sonolux, que fue fundada por Don Guillermo de Bedout —el Ronco—, Presidente de Sonolux.

Don Antonio Botero, Rafael Acosta y Alfredo Diez, forma­ron el primer Sonolux y grabábamos en La Voz de Medellín, porque en ese tiempo no había fábricas, sino que se grababa en la emisora, se enviaba a Estados Unidos y de allá venían los discos; de esa manera grabé yo, MÁNDEME AGUINALDO y LA SUEGRA.

Todas mis composiciones me han dado satisfacciones, por­que todas son hijas mías.

Yo he hecho muchos tangos, valses, corridos, música baila­ble, en fin, pero tengo bastantes canciones inéditas.

Yo cantaba boleros, rancheras y toda la música bonita de ese tiempo, pero sólo me contrataban por la música caliente:

Por las calles de Tamalameque
dicen que sale una llorona loca
que corre por aquí, que corre por allá
con un tabaco prendido en la boca....

El cubano es buena gente desde que nace hasta que se mue­re, es noble, es caritativo, le ayuda a usted; o si no vea a amigos como Armando Cartaya o Pedro Echemendía, Rene Valdez.... todos son gente linda.

Un día mi papá le arregló el reloj de la iglesia a un sacerdote de nombre Eustaquio, y éste le dijo:
   ¿Usted no tiene un muchacho por ahí entre 7 u 8 años, que de pronto le guste aprender a decir la misa?

Así fue como pasé 7 años de acólito.

Cuando yo viví en Cuba, estaba en todo su apogeo Don Miguel Matamoros, pues corría el año 1929 y yo apenas tenía 7 años. Todo lo que sea música rítmica, salió de ahí, de esa isla.... de Cuba; ¡ese es un país muy lindo y yo lo añoro!, y los cuatro años que yo hice de estudio, los hice allá en el colegio del Teatro Juan Bosco.

Fue mi mamá quien convenció a mi papá de que me dejara estudiar música, pues él quería que yo fuera cualquiera otra cosa, pero menos músico; y cuando se convenció de que yo servía pa' la música, me regaló una guitarra.... una guitarra que yo cabía en ella; y se puso a enseñarme, hasta que un día me dijo:

—Hasta aquí hijo, puedo yo enseñarte.

Entonces me matriculó en la Unión Musical de Barranquilla.

Yo fui un borracho alcoholizao, pero arrasao, y sólo me faltó pasar el licor con grillos, o con gusanos mojojoy; yo me fumaba cuatro paquetes de cigarrillos diarios.... y dejé todo eso de tacada.

Yo vivía en el Hotel Rosedal —segundo piso del Almacén Caravana—, que pertenecía a Don Tito Cárdenas; yo sacaba la guitarra y me ponía a cantar.... y él sacaba la botella.

Alex Tobar era loco, vivió en un hotelito en el parque de Bolívar, y no se le daba nada salir a las 6 de la mañana, en calzon­cillos, por todo el parque.

En el antiguo Medellín, todos los músicos éramos bebedores.

Rómulo Caicedo es mi compadre y yo lo llamo Romualdo, y a él le compuse una canción que titula ÓYEME ROMUALDO".

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