INSTRUCIONES

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Para comprar el libro LA MUSICA PARRANDERA PAISA de ALBERTO BURGOS HERRERA, puedes comunicarte con el autor al teléfono (57) (4) 332 4652 de Envigado, Antioquia, Colombia o al correo: albertoburgosh@hotmail.com

lunes, 24 de julio de 2017

DARIO MONTOYA


Biografía de Dario Montoya

Darío Montoya ha sido un personaje polifacético: poeta, de­clamador, hombre de radio, musicólogo, cantante, bohemio, ami­go y hermano de una leyenda llamada Gildardo Montoya.

Darío tiene una memoria prodigiosa, y cuando de música bailable antigua se trata, este hombre saca todo su repertorio, y a uno sólo le queda sentarse a escucharlo; es muy hábil en cuanto a las fechas y ninguna se le olvida; además, cuanto informa lo sos­tiene, y tiene una cualidad —que para muchos es un defecto— y que posiblemente le ha acarreado problemas en su vida social y de radio: Darío Montoya es muy sincero; y si necesita decirle a usted algo que no le gusta, con seguridad que Darío se lo dice. Como crítico musical, este hombre a veces es duro, y nunca traga entero; como Vargas Vila, es maravilloso alabando, pero aterra­dor criticando.

Darío no hace alarde de su música, pero es un acérrimo de­fensor de la de su hermano muerto accidentalmente; y este hom­bre profesa veneración por Gildardo.

Poéticamente es conocido como Óscar Sutero, y cuando declama, sólo dice sus poemas, nunca los de otros; Darío es un bohemio que ama la vida y considero que es el hombre que más conoce la música parrandera en nuestro medio, y por eso sus opiniones en este trabajo, me parecen muy interesantes.

Cuando lo requerí, inmediatamente vino hasta mi casa, y ama­blemente esto me informó:

"Yo nací el 23 de agosto de 1945 en Támesis (Antioquia), en una vereda llamada Palermo, en el mismo sitio donde nació mi hermano Gildardo. Del pueblo me trajeron a los 5 años de edad, y cuando llegué a Medellín estudié en la escuela Lídice, con el maestro Camilo García, que era el profesor de música y solfeo; en la escuela había un patiecito, que cuando llovía se convertía en un barrizal inmenso; nos ponían a todos a cantar el Himno Nacio­nal, y Camilo salía y le acercaba el oído a la gente, y al que creía que tenía buena voz, le tocaba el hombro para que saliera adelan­te; a mí siempre me tocaba el hombro y me decía:

—Salga adelante.

Ananías Rodríguez fue uno de los profesores míos; después pase a la preparatoria Simón Rodríguez, que dirigía Don Antonio Valderrama y que también quedaba en el barrio Aranjuez, que era donde vivíamos.

Desde que yo estaba estudiando me dediqué a la poesía, me puse a hacer poemitas bonitos, corticos y como me quedaba mucho tiempo, enviaba carticas a las emisoras para participar en programas de radio; en ese tiempo mis poetas preferidos eran —y siguen siendo—: Julio Flórez, Rafael Pombo que me encan­ta, un poeta tolimense Diego Fallón, Ricardo Nieto el autor do LOS LIBROS, y algunos otros.

Yo empecé a componer mis poemas y a 'fregar', y recuerdo que mandaba trabajos para un programa que se llamaba SELEC­CIONES, de Octavio Tobón Latorre alias Tínguaro; yo cada 8 días me ganaba discos por concursar, y como Octavio era tan simpático, decía:

— ¡Ve!, los mismos de siempre; ¿será que a nosotros no nos ye nadie, o que?

Y cada 8 días nos daban unos discos de 78 RP.M. del sello Silver o Peerles; 'Tavito' de tanto verme, un día me dijo:

— ¿Vos es que no estudias hombe? —Yo sí estudio en la Lídice.

—Entonces, ¿por qué no me acompañas a La Voz de Antioquia a llevar estos libros y estos discos?

Ya me hice amigo de' Tavito', y entonces en la emisora me presentó a Jaime Trespalacios, a Montecristo y otros.

—Este pelao es el que me carga los libros a mí; manda car­tas a todos mis programas y cada 8 días gana discos.

Entonces 'Tavito' me dio margen para que yo escribiera en el programa de él, y como yo escribía poemitas más o menos bonitos, entonces me dije:

—Yo no voy a seguir escribiendo con el nombre de Darío Montoya, ni por el diablo; eso no llama la atención como poeta, Darío Montoya no dice nada.

Y me puse a pensar como dos horas en la casa....
                                                                                                             
      — ¡Óscar Sutero!, me voy a llamar Óscar Sutero.

Y me surgió así no más, no viene de ninguna parte, no fue copiado de nada y es un nombre musical y bonito.

Yo tenía permiso de 'Tavito' de traer poemas los martes y los jueves, y 'Tavito' los leía en su programa; pero uno de esos jueves me encontré a Don José Nicholls Vallejo en la puerta de la emisora, quien con su voz así como amanerada me dijo:

—Óscar, vení un momentico.

—A sus órdenes Don José.
— ¿Cierto que vos le traes poemas a 'Tavito' pa' que te los lea en el programa?; y ¿quién te dijo que 'Tavito' leía bien? , si ese hombre tiene una voz muy fea; ¿por qué no los lee usté mis­mo?, no sea bobito, yo que soy el dueño de la emisora le doy permiso.

Le dije a 'Tavito' y me contestó:

— ¡Ah!, entonces declámelos usté.

Y seguí declamando yo, y la gente decía:

— ¡Qué poemas tan lindos!, ¡qué poemas tan hermosos!

Ese programa lo tuve yo como 10 años, EL POEMA DE LA TARDE, por La Voz de las Américas.

En 1980 me inicié como compositor y la primera obra que yo hice se llama LA CANCIÓN DE LAS ESTRELLAS; ya había muerto Gildardo Montoya, y la gente me decía:

—Deje esos poemas y componga música hombe.

—Yo qué voy a saber de eso.

—Vea, haga de cuenta que es un poema, deje de hablar de estrellas, luceros y muchachas de ojos zarcos y hable de la vida cara y cosas así, y verá que puede pegar.

Yo entonces saqué LA CANCIÓN DE LAS ESTRELLAS, la grabé a palo seco y se la llevé a Miguel Ángel Nova, que era el director artístico de discos Victoria; yo creía que me la iban a grabar, pues yo era hermano de Gildardo Montoya, y además era poeta; yo en la casa les dije:

—Esto me lo graban, por la sombra de Gildardo.

Pero cuando Nova escuchó los tres primeros compases, se rió y me dijo:

— ¡Avemaria!... eso no sirve hombe.

 — ¿No está buena?

—Vea hombe, ¿sabe qué le aconsejo yo?, escuche más mú­sica de su hermano, póngale sabor, porque esto no sirve.
Yo salí de allá, y por el alma de mi madre, que yo no me puse a llorar en esa puerta de discos Victoria, porque me dio pena, pero en el bus de Guayabal, me vine llorando:

— ¡Qué fracaso tan 'verraco'!

Yo llegué a mi casa y me dice una hermana.

— ¡Qui'ubo!, ¿vos por qué venís llorando?

Le conté, y después pasé casi toda la noche en un silencio aterrador.... llorando en silencio:

— ¡Yo pa' qué me dedico a eso!

Pero a los poquitos días hable con Darío Valenzuela —aquel que tuvo el accidente con Gildardo—, quien me dijo:

— ¿Y no te la grabó?

 —No me la grabó.

—Traeme ese numerito yo lo miro.

Él era grabador en Codiscos y le llevé el número; en ese tiempo el director artístico de esta empresa era Luis Carlos Montoya, que es el arreglista del conjunto LOS ÉXITOS; y efec­tivamente a los 8 o 15 días me llamó Darío y me dijo:

—Te van a grabar el disquito; y ¿sabes quién te lo va a gra­bar?, un tipo que está cantando música parrandera muy buena y se llama Darío Gómez.

A los 5 días me volvió a llamar:

—Darío, se acaba de grabar tu tema.

— ¡Ah!, muy bueno hombe.

—Si querés venite hombe güevón pa' que lo escuchés aquí en la cinta.
Ahí mismo me fui y lo escuchamos en la voz de Darío Gómez:

Es un enjambre de estrellas
la Navidad en Colombia
porque sus noches tan bellas
lucen su traje de novia.

Entre cánticos y flores
se despide ya noviembre
y en un mar de mil colores
saluda el mes de diciembre.

Y como diciembre llega
vestido con trajes bellos
Colombia toda le entrega
la canción de las estrellas...

¿Y usté cree que yo dormí esa noche?; ¡no!, yo esa noche no dormí nada.
Tiempo después me fui para discos Fuentes, pues tenía otros temitas, y se los enseñé a un señor que llamaba Hernán Colorado Vallejo, director artístico; yo era Óscar Sutero, poeta, estaba metido en la radio, hermano de Gildardo Montoya, en fin, yo tenía gran cantidad de armas, y yo le llevé un tema que llama LA CANASTA FAMILIAR, y otros tres más:

La canasta, la canasta familiar
qué cosa tan horrible
mercar es imposible
me pienso suicidar....

Entonces me dice Hernán Colorado, que era un 'filipichín' muy adornadito, muy elegante, muy culto, muy aseñorado, un poco amanerado en su forma de caminar, pero un señorazo de tiempo completo, y que Dios lo tenga en la gloria:

—Ve Darío, de los cuatro temas yo te voy a grabar LA CA­NASTA FAMILIAR.

—Muy bien Don Hernán, pero escuche de una vez el cas­sette y me define ya mismo.

Al rato dio la orden de grabación y encargó a Luis Carlos Montoya para que los cantara, y de una vez al conjunto acompañante lo denominamos LOS VECINOS; hay empecé yo, y después grabé EL TRAVOLTA CAMPESINO pero ya sólo con guitarras, y otro fue BUSCANDO EL MARRANO. De ahí pasé a discos Victoria y discos Pueblo, grabando temas parranderitos que gustaban y que se hacían con el apoyo de La Voz de Las Américas; o sea, que yo como cantante, me inicio en 1980 con EL TRAVOLTA CAMPESINO; se me olvidaba decir que cuan­do me grabaron LA CANASTA FAMILIAR, EL BAILE DEL PINGÜINO, LA CONTRABANDISTA y TRISTE DICIEM­BRE, en Fuentes, por el grupo LOS VECINOS, el músico Fruko, me dijo a mí:

—Maestro, ¿y por qué no los canta usté mismo?

—Yo no sé cantar.

—Usté tiene buena voz, y aquí le ponemos los instrumentos.

Y yo no me sometí a eso, pero después me animé, y fue cuando grabé EL TRAVOLTA CAMPESINO.

Después hice para discos Victoria, LOS VELORIOS, DI­CIEMBRES QUE NO VUELVEN, EL PLIEGO DE PETICIO­NES, porque el estilo mío para componer es más bien social, más bien tirándole un poquitico al Gobierno, pues el Gobierno siempre ha sido malito; después hice EL DESPELOTE, y el último tema que grabé fue LA LEY 50, disco que ganó en Antioquia por encuestas de R.C.N., como mejor parrandero en ese año y sólo me disputaron el título dos temas llamados, COMO NO ES POR AY y LLEGARON LA PUTIÉRREZ; por esto, me dieron una placa en R.C.N. y otra en Todelar.

Después yo fui a grabar, y el señor Otoniel Cardona —dueño de discos Victoria—, le dio la orden a Miguel Ángel Nova, de que no me grabara a mí; que dizque porque yo estaba hablando muy mal de discos Victoria; claro que a mí después Nova me contó:

—Lo que pasa es que a ese señor le dijeron, que usté no había quedao contento con las regalías y que usté estaba hablan­do muy mal de la fábrica.

Yo siempre quede pensando que hubo alguna persona que intrigó, para que a mí no me volvieran a grabar.

Cuando salió el disco de LA LEY 50, Teleantioquia fue a mi casa con los reporteros del noticiero de las 7:30, me entrevista­ron, llevaron las cámaras, me colocaron con microondas con el Doctor Alvaro Uribe creador de la Ley 50, y pusieron mi disco; el Doctor Uribe se reía con las cosas que decía mi canción, y dijo:

—Lo que pasa es que Darío no entendió el mensaje que; quise dar con la Ley 50.
Y decía el periodista:

— ¿Usted qué dice respecto a las palabras del Doctor Uribe?

—Él tiene que defenderse, pero la Ley 50 es una bofetada para el obrero y para la clase trabajadora:

Hay señores tengan cuenta
dónde iremos a parar
ahora con la Ley 50
nos llevó el juicio final.

Ya los pobres parecemos
con la suerte del camello
pues parece que 'l Gobierno
nos puso la soga al cuello....

Eso fue una protesta muy buena y eso le llegó al pueblo; cómo sería que el Senador Omar Flórez me llamó a la casa y me dijo:

— ¡Qué Verraquera' hombe!, eso era lo que queríamos, que saliera un tema de esos.

Eso sonó por todas las emisoras, y fui a reclamar las rega­lías.... 100.000 pesos; no, no eran ni 100.000, eran 82.000 pe­sos; entonces cuando yo fui a firmar dije:

— ¿82.000 pesos?, ¡el disco que ganó en Antioquia como el mejor parrandero!; ¡hay carajo!, ¿no sería un poquito más?

Yo entonces supongo que esa vieja que me atendió, le dijo a Don Otoniel alguna cosa.

Pasó un año y no me grabaron nada, pasó otro año y tam­poco, y yo quería volver a grabar, entonces fui donde Miguel Nova —que es mi gran amigo— quien me manifestó:

—No Darío, Don Otoniel está cerrao en que no te graba a vos; velo, precisamente allá se está montando al carro, andá decile vos, a ver qué dice.

Yo fui hasta el automóvil, el estaba sentado en la parte de atrás.

—Don Otoniel, buenas tardes.

— ¿Qué más Don Darío?

—Vea, usted dice que yo hablé mal de la empresa, y yo nunca he hablado mal; ya me castigaron 94 y 95 que no me gra­baron, ¿usté por qué no me deja grabar dos temitas este año?

—Hablate con Miguel, que yo con eso no me entiendo nada.

Fui donde Miguel, y el carro todavía parado ahí.

—Miguel, que dizque es cuestión tuya.          
                 
—Don Otoniel, el hombre quiere grabar, dejémosle grabar.

— ¡No!, dejémosla cosa así y hablamos esta semana.

Ahí me di cuenta que no quería; después yo le decía a Miguel Nova:

— ¡Don Otoniel Cardona!, ¡al que 'l hermano mío le ayudó a conseguir plata con la música, y que era la 'ñaña' de él, que lo quería y lo adoraba!, ¿me hace esto a mí que soy el hermano?

Y le agregué a Nova:

— ¡Este señor no tiene corazón, y en lugar de corazón, tiene uu zapato viejo en el pecho!

Y busqué otras empresas, pero todas se habían puesto de acuerdo pa' no grabarme: ¿Codiscos?, ¿Fuentes?...

— Sí... ya hemos oído hablar de usted, pero no nos interesa
¡Así es la vida!

Gildardo y yo nunca nos apoyamos en la música de Buitrago, pues el estilo de nosotros es muy paisa y muy'cachaco'; admiro mucho a Buitrago, pero a mí personalmente, nunca se me ha ocu­rrido imitar a nadie.

Rómulo Caicedo, grabó un tema mío que titula LOS NI­ÑOS POBRES, que después lo grabó también EL COMBO NUTIBARA, cantando Alcides Díaz, y fui a reclamar las rega­lías.... 380 pesos; y eso que lo grabó Alcides Díaz.
LOS BLACK STARS me grabaron LA MARACUCHA y TRISTE RECUERDO, fui a reclamar las regalías.... nada, enton­ces yo me dije:

— ¡No sigo jodiendo con esto!

En la música parrandera ha habido muchos expositores del requinto, muchos punteros, pero para mí, son:

Manuel Suescun, puntero de Gildardo Montoya, fue uno de los mejores; Ricardo González, que es el que me acompaña a mí los discos, es muy bueno; Libardo Ramírez, llamado 'pistola'; Carlos Acevedo; Leonel Ospina, el mejor guitarrista que tuvo Antioquia en su tiempo; y José A. Bedoya, de los mejores punteros de la música parrandera.

Entre los grandes marcantes o acompañantes de punteros, uno que fue tremendo, Neftalí Álvarez; pero también Gildardo Zapata y otros.

En cuanto a bajistas en la música parrandera, el mejor fue Jesús Vanegas, pero también Miguel Ángel Nova y Luis Eduardo Gutiérrez.

Entre los bongoceros en la música de parranda, el que más se destacó fue Jairo Gómez, pero había otro que se llamaba Al­berto Valencia.

Cuando Alvaro Velásquez compuso EL PRESO, se lo llevó a Codiscos a Gildardo, cuando era director artístico:

—Gildardo, a ver si grabamos este numerito.

Gildardo tenía un sexto sentido musical; uno le llevaba tres números y le decía cuál iba a ser éxito.... y así sucedía.

—Hombe, este número debe llamarse EL PRESO; y las orquestas que hay aquí, Juan Pina, EL COMBO DE LAS ESTRE­LLAS, no son como pa' grabar ese número; mejor lleváselo a Fruko, que es especial para Fruko, ¡no se lo vas a dar a nadie, sino a Fruko y verás que te va a pegar el número!

Y preciso, fue un éxito el verraco.

Una cosa que's bueno acotar, es que aquí en Antioquia no se hace con ningún compositor, lo que se hace con Gildardo; y es que cada año, se le hace homenaje a través de 4 o 5 emisoras.
Pedro Jairo Garcés Liévano, guitarrista de LOS GOLDEN BOYS, murió un 12 de diciembre de 1972, asesinado después de una fiesta, por líos de faldasy tenía 30 años cuando lo mata­ron, pero era un músico muy bueno.

En Antioquia, el pionero de la música parrandera puede ser el 'Mono' González, pues la malicia no la sacó Gildardo, la mali­cia está en muchos números más adelante; EL CANTARITO Y PALO SEMBRAO tienen su doble sentido, y también MÁN­DEME AGUINALDO, y LOS TUMAQUEÑOS y Luis Carlos Jaramillo; pero Gildardo sí le puso más el acento y eso fue lo que gustó, porque a la gente que es morbosa, le gusta la picardía; pero entre los iniciadores de la música parrandera están: el 'Mono' González, Alfonso Pérez, Joaquín Acevedo, Antonio Posada, Carlos Enrique Muñoz, LOS TROVADORES DEL RECUER­DO, Manuel Flórez y Dídimo Ospina.

Yo publiqué en un tiempo en el periódico El Espectador, cuestiones de farándula, con la colaboración de Alvaro Monroy Acevedo, en una columna que llamaba ARTE Y ARTISTAS; publiqué para SUCESOS SENSACIONALES de Octavio Vásquez Uribe; publiqué para PANTALLA en 1965; también en EL CORREO de Medellín y en el suplemento literario de EL COLOMBIANO; y colaboro en algunas emisoras en comenta­rios de farándula. RADIO PAISA, NUTIBARA y RADIO Q, es decir, yo estoy todavía metido en la pomada.

Para yo volver a grabar, tiene que ser que me llamen, pues de lo contrario, ¡no!

Darío Gómez, sigue el estilo parrandero de mi Hermano Gildardo, y él me lo confesó llanamente, eso no es ningún misterio y el lo dice directamente.

LA HORA COSTEÑA, fue un programa que se hizo famo­so en la capital antioqueña, tendiente a divulgar la música de la costa norte de Colombia, con sus cultores y sus acordeoneros; este programa tuvo como locutor y perifoneador principal a Eduar­do Enrique Villalba Álvarez, oriundo de San Marcos y nacido el 26 de abril de 1925; él se asesoraba de los locutores: Jaime García Bustamante, Fernando Causado Rivero, y posteriormente Carlos Monery; en el control estaba Abelardo Morales y Sigifredo Vera. Este programa tenía el apoyo principal de discos Fuentes, pero también pasaba cuñitas del Almacén sin Nombre y Almacén de Discos Horacio Llano; pero lo que sí hay que decir, es que la mano derecha para divulgar la música costeña en Medellín, fue Eduardo Villalba; ¡eso hay que decirlo pues!
El primer disco que graba Joaquín Bedoya fue en 1960 y titula EL ESPANTO, en sello Royal de discos Victoria.

Octavio Mesa no es de doble sentido, ese sí se abre del todo, se despliega.

El nombre verdadero de Octavio de Jesús, era Octavio Salazar, oriundo de Sonsón, de una vereda llamada Robledal, y tiene temas como VARILLA CALIENTE, NO ME DEJAN CA­MINAR y CANDELARIA; este muchacho trabajaba en una mueblería, pero se alejó un poquito de la música; y las inclemen­cias de la vida, el factor económico, etc., le dieron margen para que a Octavio de Jesús se le 'corriera un poquito la teja', y se le ve andando por Medellín un poco enfermoso, y ya no tiene la capacidad de grabar, por eso es que hace 12 o 14 años que no graba una obra, por enfermo.

El nombre completo de Posada, era Antonio Posada Co­rrea, oriundo de Pereira y se hizo acompañar muchas veces del conjunto LOS TUMAQUEÑOS, agrupación que formaban Heriberto Quiñones como guitarrista puntero, Luis A. Yacup era el cantante, y la guacharaca la interpretaba un señor de nombre Alonso Álvarez; estos músicos que venían de Tumaco, se hospedaban en el barrio Guayaquil y se mantenían en un café que llamaba Café Cisneros.

Luis Carlos Jaramillo es un cantante nacido en 1921 en una vereda del municipio de Santa Bárbara, llamada El Alto de las Guascas; este hombre tuvo una época dorada en la música, pues la mayoría de discos que sacaba, eran auténticos 'palos' en la década del 50; a él lo acompañaba el grupo LOS FIESTEROS, del cual hacían parte Alejandro Sarrazola, Antonio Colorado y Consuelito Pérez, que es la mejor intérprete femenina que ha teni­do la música de parranda; pero Luis Carlos Jaramillo también cantó con Amalia Rey y Judith Arboleda.

Consuelo Pérez cantó con Luis Carlos, con Leonel Ospina, Antonio Colorado y en una de sus venidas a Medellín —pues ella vive en Venezuela—, grabó con Gildardo Montoya un tema que se llama PELEANDO EL BIZCOCHO.

La mayoría de los conjuntos parranderos que en Antioquia hubo, tuvieron de guacharaquero a Alejandro Sarrazola Quintero, nacido en la vereda La Habana del municipio de Valdivia, y que cuando vino a Medellín, era un montañerito de pelo lacio, ponchito, pantaloncito rayado tan ordinario como el que yo tengo en este momento, unos zapaticos viejos, y al que yo vi por primera vez tocando la guacharaca en un conjunto que se llamaba
MEDELLÍN A.

Carlos E. Muñoz era un cantante que falleció en el municipio de la Dorada, el 17 de octubre de 1976, y que tenía como profe­sión la peluquería.

Cuando Jesús Vanegas fallece era el bajista del conjunto LOS LEGENDARIOS, de un señor que era amigo mío, Darío Gómez y que ya pertenece a otro estrato social; pero Jesús Vanegas acom­pañó a casi todos los parranderos que en Antioquia han habido.

La esposa de Carlos Muñoz se llamaba Lastenia Cruz, que es quien le hace el corito en EL HIJO DE ROSENDA; y le cuento como cosa curiosa, que aquí en Medellín existía un semanario llamado SUCESOS SENSACIONALES, que lo dirigió inicialmente Jairo Zea Rendón, y después Octavio Vásquez Uribe; en esos días vivía aquí Carlos Muñoz, hombre extremadamente po­bre, que había alquilado una casita él y Lastenia Cruz, y como se demoró para pagar el arriendo, lo sacaron de la casa, y en las páginas de SUCESOS SENSACIONALES salió retratado Carlos Muflozy su esposa, sentaditos en la cama, con la guitarra en la mano, fuera de la casa y casi que impetrando la caridad pública, porque no tenían con qué pagar el arriendo.

Luis Carlos Jaramillo ganó toneladas de plata, cantando y grabando para Fuentes y para Codiscos; Leonel Ospina ganó toneladas de plata, grabando para Silver como artista exclusivo y como asesor del Maestro Lucho Bermúdez en la dirección artís­tica —era el mejor requinto de Antioquia en los años del 50 al 70—; y este hombre tuvo dinero, pero Leonel era más bien 'mal esposito' —la esposa se llamaba Celina Naranjo—, ¿y por qué no?, mal hijo también, pues se gastaba un infierno de plata en bacanales; Leonel Ospina se cambiaba de ropa dos veces al día.... y eso que siempre se mantenía de cachaco, era petulante, más bien mal amiguito.... como lo fue Luis Carlos Jaramillo también, que iba al bar Canadá —sitio donde se reunían todos los artis­tas—, vestido con sobretodo, sombrero, zapatos lustrados, fu­mando pipa, los mejores etílicos, y decía —me contaron a mí:

—A mí me da aguardientico y a los señores allá me les da tintico, porque no pueden tomar más, pues para ellos no hay.

Jaramillo tuvo mucha platica, vestía impecablemente y era un poquito amarradito con los amigos; y Leonel Ospina fue lo mismo, también tuvo su platica, pero llevó una vida muy desor­denada y mucho más que la de Luis Carlos, que solamente era borrachito; todo esto se lo digo es para que la gente se explique, el porqué ciertos artistas viven así, pudiendo vivir en la opulencia; a ellos les pagaban bien, pero dilapidaron y malgastaron en baca­nales, orgías y estruendos.

Joaquín Emilio Acevedo Rave, era la voz cantante del con­junto LOS BELLADINOS, y canto temas parranderos como EL BUÑUELO, LA PLANCHA y otros; este hombre murió asesi­nado en la población de Bello cuando iba llegando a su casa; participó también en el grupo FREDONIA, y es quien canta tam­bién un tema llamado LA MUJER Y LOS CALZADOS, que se lo dan a José Muñoz, pero el que lo canta es Joaquín Acevedo; y lo mismo EL TESTAMENTO, ese es Joaquín Acevedo; tenían voz similar y eran compañeros de conjunto.

Manuel Flórez fue un cantante que era propietario del sello discos LA ROSA, y que un 20 de julio de hace 34 años, se fue para una fiesta a La Pintada; era un cantante que apenas empeza­ba, pero que había grabado temas como: JOSÉ CONTENTO y M1STER WHISKY y cositas que no trascendieron mucho; y el hombre 'acalorao', se tiró aun río dizque a bañarse.... y no volvió a aparecer Manuel Flórez.

Maximiliano Ardila, director del conjunto LOS DIABLOS, murió un 28 de diciembre de hace 6 años; los médicos le habían prohibido que tomara trago, y se puso a tomar 26, 27 y 28 de diciembre, tres días seguidos, y ese día falleció.... murió en su ley.

Gildardo Montoya le sacó un tema al periódico EL CO­LOMBIANO que se llama LAS CARICATURAS, donde habla de TARZÁN, BENITÍN Y ENEAS y otros.

Antiguamente, por LOS TROVADORES DEL RECUER­DO, gustó más EL BALAZO, que los propios LIBROS".

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